EL BOX DE LAS TRADUCCIONES

Una mente inquieta por el paddock de MotoGP

87: Nunca más

Publicado el 27 noviembre, 2019

Hace una década un espléndido me dijo que personas como yo no deberían existir en el mundo, que era una mierda. Tenía una mente un tanto retorcida. ‘Éramos unos críos’, quiero pensar ahora, porque literalmente me da igual ya. Otro me dijo que en Movistar me habían contratado porque era tía y fijo que le salía más barata. ‘Seguro que todos te la quieren meter’. Otro me decía que debía ser más alocada, no pensar tanto en el trabajo y emborracharme más. El primero de esta serie de personajes, con el que empiezo la entrada de hoy, también me echó una vez de su casa.

Que si enseñas mucha pierna, que si te van a mirar mucho las tetas si te pones eso, que si así llamas más la atención. O estás hablando con alguien y no aparta la mirada del escote. Olé que guay, cuánto me estás escuchando. También se ríen de ti cuando no has entendido algo a la primera, porque claro, eres mujer y joven. Ay sí, qué penita verdad, cuánta compasión, soy tan inocente y tonta que mi cerebro no da para más. Luego vas por la noche andando y te da miedo todo, maldices llevar tacones porque haces ruido y solo deseas llegar lo antes posible a casa. O que te agarren de la cintura sin permiso, que te abracen sin que haya una mínima confianza, ¿por qué lo hacéis? ¿quién os da derecho a tanta cercanía? Si ves que me estoy apartando, ¿por qué no me sueltas, no te queda claro? Si te digo ‘suéltame’, ¿por qué tengo que ser una estúpida o una rancia? Quererte también está mal visto. Tener personalidad es de insolente y descarada. Decir lo que una piensa es de atrevida. Venga ya, me tenéis hasta el toto. Del cual también soy dueña, por cierto.

Hace unos meses vi la serie ‘La Catedral del Mar’ en Netflix y después de acabarla, me di cuenta de que hay muchas cosas con respecto a la mujer que siguen activas hoy en día. Y han pasado unos 800 años. Qué ilusión, qué rápido avanzamos. Ayer estuve siguiendo todo lo que ocurría por redes, televisión, las concentraciones en mi ciudad… Siempre he dicho que las cosas te las debes tomar según de quién vengan por aquello de no ser siempre una tirana, y también debo decir que he vivido casos de cerca en los que las mujeres son auténticas víboras capaces de hacer daño. Porque evidentemente generalizar sería un error y también hay hombres que nada tienen que ver con todo lo escrito anteriormente. Pero lo único que me pregunto es ‘por qué’. Ayer leí un post que decía ‘los niños no nacen machistas’. Y así es. Padres de nuevas generaciones, ya sabéis qué tenéis que hacer. La situación actual está jodida y aún estamos muy lejos. Aquí una que escribe cabreada como una mona porque ha vivido en más de una ocasión que, por mucho que te lo curres y por mucho que luches, gilipollas hay en todas partes dispuestos a hacerte sentir inútil. Aunque hay que saber parar los pies para que no sea así. Que siempre podemos hacer algo.

Si tuviera que definir cómo me siento en este momento observando el panorama, sabiendo cosas que han ocurrido a amigas mías, recordando vivencias propias… Estoy hasta el coño la verdad. No necesito que nadie me rescate, ni que nadie me mantenga, ni que nadie acuda a mí porque soy una mujer joven e indefensa. Anda ya, hombre.

Y súper importante, para todas aquellas con novios tóxicos o con situaciones incómodas alrededor. Un día creeréis que jamás podréis confiar en alguien, que vuestro destino estará marcado por el cúmulo de infortunios del pasado, que todos los hombres son iguales y que al final es mejor estar sola porque visto el panorama, mejor dimitir. ¡Pues no! Es muy probable, como me ha pasado a mí, que un día conozcáis a alguien que no solo os quiera mucho, sino que os quiera bien. Que amará y valorará no solo vuestras virtudes, sino vuestros defectos. Que os hará sentir como en casa, que le dará igual cómo vistas en cada ocasión porque lo único que quiere es que te sientas feliz, guapa por dentro y por fuera y que te animará todos los días, estés bien o tengas un momento de flaqueza. Ni te pedirá que le enseñes el móvil, ni hará que le des explicaciones de todo tu historial sentimental. Te querrá por lo que has sido y lo que eres, y solo te pedirá confianza y sinceridad. Existe, de verdad. Yo lo estoy viviendo. Y todos los fantasmas del pasado, aunque a veces intenten aparecer, se esfuman. Porque lo que vives hoy es más fuerte e infinitamente mejor que todos los malos recuerdos del pasado. El amor verdadero existe. Yo creía que no y no puedo sentirme más afortunada.

Queridas mías, todo pasa y todo llega. Y sobre todo, pedid ayuda.

86: Pasión

Publicado el 10 noviembre, 2019

Noviembre. La temporada acaba en unos días y recuerdo el primer día que pisé Qatar como si hubiera sido hace un par de meses. Qué de emociones, qué de momentos, qué de regalos me ha dado la vida durante este año. Mucho más de lo que hubiera podido imaginar. Me encanta echar la vista atrás y ver no solo que hay expectativas que se han superado con creces, sino que también me han ocurrido cosas que no entraban en mis planes ni por asomo.

Después de la vorágine del triplete, de ver el esfuerzo de todo un equipo desde dentro, de la cantidad de horas de avión, de las temperaturas de un país y del otro, de los km andados en cada circuito, de observar las distintas culturas y la diversidad del mundo, de analizar todo lo que mi retina ha absorbido, y sobre todo, tras haber experimentado la emoción de ganar un título mundial con Dalla Porta (¡y en mi primer año como press officer!), si hay algo que saco de todo este viaje es que la pasión es el mayor de los ingredientes de la vida. O al menos eso creemos mi naturaleza guerrera y yo.

Pasión es creer en una misma. Es levantarse todas las mañanas sacando lo positivo de cada momento y dejando atrás y en el instante, todo lo negativo. Es no rendirse jamás, es seguir hacia adelante a pesar de los baches y las dificultades. Pasión es seguir tus principios, es hacerte fuerte cuando los demás quieren hacerte dudar de ti. La pasión te anima, te obliga a vivirlo todo con más intensidad, con más ganas y con menos titubeos. Pasión es perseguir tus sueños, tus objetivos, y levantarte todas las veces que te caes en el intento de ir a por ellos. Pasión es ir en contra de las normas (para algunos) porque sabes que estás siguiendo tu instinto, tu corazón. Pasión es luchar por ser uno mismo, y nadie más. Pasión es agotar todas las opciones, intentarlo absolutamente todo con la mayor fuerza del mundo, incluso cuando crees que no puedes más.

Pasión también es llorar de felicidad tras oír algo que te llega al alma. Es sentir que se te eriza la piel cuando quien te provoca ese efecto se acerca a ti. Pasión se esconde detrás de muchas miradas cómplices. Las sonrisas sinceras, la alegría de volver a verse. Pasión es la gratitud recorriendo tu cuerpo cuando la vida te regala lo que llevabas años buscando. Pasión es sinceridad, transparencia y bondad. Qué bonita la pasión cuando sobran las palabras.

Nada, que soy muy apasionada. Y así hasta que me muera. Y punto.

85: (Mi) salud mental

Publicado el 10 octubre, 2019

Hoy me he enterado de que hay un día dedicado a la salud mental. ¡Olé! A lo largo de estos 3 años de blog, he mencionado en varias ocasiones la importancia del control de la mente, de la ansiedad, de las malas pasadas que te juega tu propia cabeza. Y también he contado que 2015 fue el peor año de mi vida. El año en el que toqué fondo. El año en el que tuve que empezar de cero para volver a encontrarme. Estaba tan perdida y lo pasé tan mal, que necesité 12 meses de terapia para volver a ver algo de luz en mi vida. Un año de emociones contradictorias: empecé las prácticas en Dorna hecha polvo y mientras intentaba reconstruirme, me sentía culpable de que todo aquello me estuviera pasando en los inicios de lo que pintaba ser la realización del sueño de mi vida.

La buena noticia es que… ¡Todo se supera! Yo sufrí por culpa de la ansiedad. Tardé tres meses en detectar que algo “fuera de lo habitual” me estaba pasando. Un día, tras tener muchas pesadillas (me ocurría a menudo) me levanté y dije: hasta aquí. Busqué en internet psicólogos en Terrassa y tuve la suerte de dar con una que me ayudó muchísimo. Literalmente, me ayudó a renacer. Mi mente estaba agotada de no encontrar respuestas a todo lo que me pasaba por ella y yo me consumía por momentos con un dolor en el pecho brutal, una sensación súper incómoda que no me abandonaba nunca. Cualquier cosa me suponía un esfuerzo enorme y sentía que mi vida era solo sufrimiento. Recuerdo el primer día de terapia cuando Marta me preguntó: ¿en qué momentos del día notas esa ansiedad? Yo respondí: las 24h, no se me quita. Ahí me di cuenta de que tenía muuuuucho trabajo por hacer. Ella me dijo que no iba a ser fácil, pero que todo iría bien y que lo conseguiría. Sin medicación, con muchísima fuerza de voluntad y con las herramientas que ella me proporcionó, aprendí a escalar por los muros que mi mente había ido creando con el paso del tiempo. Y lo superé. En aquel momento creía que mi vida se vería siempre condicionada por ese malestar, que ya no había forma de escapar de ello y que nunca volvería a ‘sentirme bien’. Ese pensamiento no podía ser menos cierto; a día de hoy, después de cuatro años, no solo estoy mejor que nunca, sino que ni me acuerdo de muchas de las cosas que me hacían estar mal.

No es malo pedir ayuda, no es malo sentirse fuera de lugar, como tampoco es malo equivocarse, fracasar, fallar, tener que volver a empezar… Todo eso forma parte de vivir y aunque cueste, hay que aceptarlo para poder avanzar. Aceptar que hay un problema o aceptar que se está viviendo una época chunga de cojones es el primer paso. Y no pasa nada. El problema es que, generalmente, no se nos enseña que la mente te sabotea, te paraliza, te juega malas pasadas, te atormenta, te controla. Se habla muy poco de todo esto. O al menos esa sensación tuve yo cuando me planteé que por qué no tenía ni idea de estas cosas. Yo no sabía de qué iba el tema hasta que me tropecé con mi realidad. Y os aseguro que cada día doy gracias por ese terremoto emocional que viví, porque ahora soy otra versión de mí misma, una mucho más segura, más valiente y más realista. Si no hubiera vivido todo aquello, ahora no dispondría de las herramientas que me hacen lidiar con cualquier situación que se me ponga por delante. Ahora yo controlo mi mente, y no ella a mí.

De vez en cuando es necesario abrir la mente y saber si todo lo que pensamos va acorde con lo que sentimos. Cuando hay mucha distancia entre una cosa y la otra es que algo falla. Y repito, pedir ayuda es bueno. Es buenísimo. Pero hay que dejarse ayudar y poner mucho de nuestra parte. Para mí, la salud mental es básica para poder hacer frente a todo lo que me va ocurriendo. La ansiedad es jodida y de vez en cuando quiere volver a putearme, hay días en los que no me soporto, en los que quizás necesito llorar o respirar muy profundamente para canalizar lo que me preocupa, pero ya no es como antes. Ahora las preocupaciones duran el rato que yo quiera que duren y no se convierten en una pesadilla. Al final es eso, autocontrol (después de haber aprendido a tenerlo). Feliz día de la salud mental. Ah, he empezado a escribir mi primer libro.

 

84: Equilibrio

Publicado el 29 septiembre, 2019

Mañana me voy a Tailandia. Esta es la primera vez que me traslado hasta esa parte del mundo con el mundial. Se acabó lo de trabajar de noche y dormir de día, adiós a los horarios intempestivos y a la sensación de tener jet lag en casa. Si bien es cierto que siempre he necesitado mucha disciplina y rutina para gozar de una salud mental ‘aceptable’, este año en general todavía más.

En lo que va de 2019 he cogido más de 50 vuelos y ha habido meses en los que no he pasado una sola semana entera en casa. El cuerpo se acostumbra rápido y la verdad es que a mí eso de ir un lado hacia otro me encanta, soy inquieta y adoro este ajetreo. Pero también es necesario respirar. El cuerpo lo pide y a medida que pasa el tiempo esa especie de ‘momento para mí’ se convierte en algo súper básico y necesario.  Todo esto lo escribo porque esta vez toca hablar de cómo encuentro yo el equilibrio entre mi vida en los circuitos y mi vida en Terrassa, lugar donde nací y crecí, y en el que sigo viviendo.

Processed with RNI Films. Preset 'Kodak Gold 200 v.4'

No voy a engañar a nadie: nunca me ha gustado practicar deporte y nunca he tenido interés ni curiosidad por él. Pero a finales de 2012, cuando pesaba 13kg más que ahora, dije ‘basta’. Mi mente estaba lista para realizar el cambio que siempre había querido y me puse manos a la obra. En 4 meses, con mucho gimnasio y más disciplina alimenticia conseguí quitarme de encima (nunca mejor dicho) todo lo que no me hacía sentir bien, todo lo que provocaba que mi autoestima no ocupara el lugar que le pertocaba. Desde entonces lo he mantenido regularmente. Ha habido épocas en las que me ha dado más fuerte y otras en las que he entrenado ‘menos’, pero la costumbre la he mantenido.

Así mantengo yo el equilibrio entre hacer lo que me de la gana y luego sentirme bien igualmente. Cuando trabajaba en Dorna salía de allí y me iba directa. Ahora aterrizo y al día siguiente necesito ‘respirar’ ya sea haciendo spinning, levantando peso o simplemente saliendo a correr (esto último, lo odio). Y siempre digo lo mismo: a mí el deporte me ayuda a nivel mental, los beneficios en lo físico ya se dan por hecho, pero cuando se tiene una mente hiperactiva ayuda bastante canalizar todo tipo de estrés, ansiedad o pensamiento limitante a través del ejercicio físico. Si alguien me está leyendo y su naturaleza es similar a la mía, que sepa que no hace falta matarse, ni ser el más fuerte, ni hacer muchísimo. Hay mil opciones y por poco que sea, los beneficios son innegables.

Aún me queda mucho por recorrer para llegar ‘a mi objetivo’, pero la base es estar bien de arriba, del tejado; de mente y eso es lo que reparé hace tiempo. Ahora a por lo demás. A modo de consejo, de todos los gimnasios que he probado (al menos 5), el lugar en el que lo he encontrado todo ha sido en Anytime Fitness. Abierto 24 horas, ni muy grande ni muy pequeño, con clases dirigidas por especialistas y con un ambiente muy familiar. Ayer entrené con Vanessa, en mi cuenta de Instagram podéis ver el vídeo porque aquí ¡no sé que ocurre que no consigo subirlo! Jamás había hecho un entrenamiento personalizado y acabé sorprendida de lo mucho que me gustó. Digo sorprendida porque como os decía, a mí esto nunca me ha gustado hasta que entendí que era necesario.

Hasta aquí por hoy. Sigo con la maleta para Tailandia que la que se nos viene encima este mes y medio que queda por delante (sí, sí, mes y medio y solo 5 carreras) pinta que va a ser muy, pero que muy emocionante.

 

 

83: Identidad

Publicado el 16 septiembre, 2019

Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

Septiembre de 2019. Este año las cosas están yendo mucho más rápido que yo, tanto que ni sé en qué día vivo o en qué estación del año estoy. Viajando de un lado al otro del mundo, el hecho de estar en contacto con personas muy distintas a mí está haciendo que me cambie bastante la perspectiva. El respeto va siempre por delante, pero hostia, qué jodido puede llegar a ser el género humano muchas veces.

En los momentos en los que me sorprendo para bien o para mal ante las actuaciones de las personas, suelo preguntarme cómo habrán sido educados, cómo habrá sido su infancia y cuánto habrán vivido y sufrido para dar lugar a su manera de ser en la actualidad. El bien y el mal, la verdad y la mentira, la transparencia, la dignidad, el engaño, la falsedad, la nobleza, la bondad, la humildad. Cada cual elige dónde quiere moverse y dónde establecer sus límites, qué es lo que le identifica y qué le hace distinto a los demás. Aunque en alguna ocasión los acontecimientos te ‘obliguen’ a desplazarte a una parcelita poco afín a tus valores.

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En mi caso, estoy aprendiendo que ser fiel a mí misma es crucial para dormir tranquila por las noches cueste lo que cueste. No me apetece en absoluto renunciar a nada de lo que me define por esto o lo otro. No hay motivos suficientes en el mundo que puedan justificar un cambio en mi identidad. Temperamental, tozuda, decidida, a ratos acojonada o asustada, sincera y transparente. Romántica y cercana, trabajadora y constante. Nerviosa e impaciente, abierta y espontánea. De vez en cuando también se me va la olla. Pero siempre yo. En lo que se supone que es el mejor momento de mi vida, nada ni nadie me va a cambiar.

82: Femme ♀

Publicado el 21 agosto, 2019

No suelo hablar mucho de este tema de manera abierta y hoy sí que me apetece hacerlo. Me encanta ser mujer y no lo cambiaría por nada del mundo. A grandes rasgos nunca he tenido la sensación de que eso fuera un problema en mi día a día y en general he ido capeando el temporal según viniera, pero llega un momento en el que se me llevan los demonios. Me caigan palos o no por lo que viene a continuación, tengo los ovarios cargaditos ya de pasar miedo andando sola por la calle de noche, de pensar en si el escote es poco o muy pronunciado, de demostrar determinadas cosas y de levantarme casi todos los días viendo alguna noticia de que han matado a una mujer, o que han pegado una paliza a otra, etc, etc, etc, etc, etc.

Hablo por mí y solo por mí. Intentando alejarme de los estereotipos, desde niña me ha encantado llevar vestido, tacones, maquillarme, ponerme complementos, peinados diferentes… Y del mismo modo siento una profunda pasión por todo lo relacionado con el mundo del motor: los circuitos, la velocidad, la tensión, la adrenalina de las carreras y todo lo que esté relacionado. Me educaron para ser libre y fuerte, para alzar mi voz siempre que lo considerara oportuno y para no agachar la cabeza jamás. Lamentablemente, a día de hoy me he visto involucrada en situaciones en las que he tenido que hacer lo último con tal de no tener problemas. Y eso es algo que me quema por dentro; verme obligada o sentirme cohibida y saltarme mis principios para ahorrarme algún marrón.

Da igual cómo nos vistamos, qué nos guste o nos deje de gustar, qué aspecto tengamos y cuántas fotos colguemos. Se supone que no debería haber problema alguno en que una mujer se exprese tal y como es, haga lo que le dé la gana, se enamore y/o se acueste con todos los que ella decida, opine y se enfade cuando sea necesario, llore y patalee cuando lo estime oportuno. Personas. Somos personas. Nos hemos formado y hemos creído en nosotras. Tengo amigas abogadas, profesoras, ingenieras, farmacéuticas, psicólogas, educadoras sociales, administrativas, ejecutivas. Nuestra opinión y nuestro criterio son válidos. Somos algo más que una cara bonita o fea. Y nada de lo que nosotras hagamos (mientras no haga daño a nadie) debería ser motivo de crítica. Ojalá se viera solo con ojos de ‘hace lo que le apetece, es su vida y ya’.

Yo realmente estoy en un punto de mi vida en la que cada vez más me importa menos lo que diga la gente. Un día esto se acabará y hasta que eso ocurra, me gustaría que el mundo cambiara un poquito y sobre todo que entre mujeres nos apoyáramos más. En según qué entornos reinan los codos, las envidias y las críticas machistas. Sí, sí, también hay mujeres machistas. Eso me duele aún más. Todas somos libres, todas valemos igual, todas decidimos lo que nos da la fucking gana. Ah, y me encanta ser mujer.

81: Si volviera a nacer

Publicado el 24 julio, 2019

El otro día colgué una foto en Instagram con el título ‘Si volviera a nacer’. Siempre me viene a la mente la canción ‘Cómo hablar’ de Amaral y de hecho lo puse por eso, por todo lo que significa. Dos de mis lectores habituales, Chema y Elisabeth opinaron que era buena idea para una nueva entrada del blog (¡gracias!) y aquí estoy, de noche y tranquila ante la pantalla. Es curioso, nunca hasta ahora había pensado fríamente en qué haría o qué cambiaría si volviera a nacer. A priori, no cambiaría absolutamente nada de lo vivido hasta ahora porque todo eso me ha convertido en la mujer que soy hoy, pero sí que hay cosas que no estarían nada mal. Ahí van mis deseos.

Si volviera a nacer desearía llegar al mundo en el mismo hogar en el que lo hice. ¿Algo muy lógico? No. No todos los niños de este mundo tienen la suerte de aterrizar en la vida en un sitio en el que se les quiere y se les cuida (tengo un hermano biológico y dos de acogida, los casos de hogares poco favorables están más cerca de lo que creemos).

Si volviera a nacer pediría tener una varita mágica solo para curar el dolor del alma o del cuerpo de las personas que en algún momento de mis 26 años me han pedido ayuda de algún tipo.

Si volviera a nacer evitaría conocer a las personas dañinas que me jodieron un poquito la adolescencia. O quizás me conformaría con conocerlas bien durante un tiempo por todo lo que me enseñaron, pero las enviaría mucho antes a tomar viento.

Si volviera a nacer intentaría no cometer los errores del pasado que en algún momento hicieron daño a otra persona. O intentaría tener las estrategias suficientes como para no llegar al punto de perder el control de alguna situación y no hacerlo como me hubiera gustado.

Si volviera a nacer me gustaría ser igual de cabezona, terca, constante y pasional con todo aquello que a mí ‘me da la vida’. No querría que eso fuera de otra manera, porque al fin y al cabo esa es mi esencia. Aunque es probable que sacara los cojones mucho antes de lo que lo hago ahora cuando es necesario. A veces he perdido un poco el tiempo.

Si volviera a nacer pasaría por mil ‘dramas’ hasta lograr encontrar a quien me cambia el clima solo con mirarme, sin necesidad de hablar. Que sí, que existe, esa conexión de la que se habla en las películas y en los libres. Esa sensación. Sí, sí. Que cada uno le llame como quiera, pero yo aprendería de todos mis errores hasta dar con mi acierto. Qué suerte la mía.

Pero si volviera a nacer… Querría llegar al verano de los 26 de la misma manera. La misma Irene de hoy. Con las mismas personas a mi alrededor, con el mismo trabajo, con los mismos sentimientos que me dejan sin respiración en este momento y con la misma perspectiva de vida. Sin miedo a lo que esté por llegar y afrontando cada día sin condición alguna. Que sí, que hay días en los que la mente te juega malas pasadas, pero también desaparecen rápido. Viviría con la incertidumbre como aliada, con la ilusión como cómplice y con la valentía como definición.

Si volviera a nacer... Lo repetiría todo sin dudarlo dos veces.

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