Encuesta 1 Writing On Wheels

Con los Títulos de MotoGP y Moto2 decididos… ¿Quién tiene más opciones para el Título de Moto2?

5: El origen de la pasión. Del odio al amor.

Dicen que toda pasión tiene un punto de inicio, un momento en el que aparece un interés por algo y a partir de ahí, todo se desencadena. En mi caso, «mi pasión» hizo click en 2001. Recuerdo ser pequeña y no soportar tener que ver las carreras los fines de semana que tocaba Fórmula 1. Siempre le decía a mi padre que cambiara el canal de la tele, que aquello era muy aburrido, que yo no quería ver eso. No me gustaba nada, nada. Pero como con muchas otras cosas a lo largo de mi vida, mi padre ha tenido la capacidad de hacerme amar aquello que empecé odiando. Un día, me dijo: «Mira, ese de ahí se llama Fernando Alonso, es español y va en un Minardi». Desde entonces, ya no me ponía tan pesada y, de vez en cuando, hasta me interesaba por lo que ocurría y le hacía preguntas.

Poco a poco, era yo la que no fallaba ningún domingo a las 2 de la tarde, era yo la que se sabía todos los datos habidos y por haber, la que cada día miraba y remiraba por Internet todo lo relacionado con Fernando Alonso y con la Fórmula 1. La que hacía intercambios con papá de «Excelentes» en las notas del colegio por entradas de Fórmula 1 cuando vinieran a Montmeló, o trabajaba todo el verano con él para pagarme la entrada en tribuna principal. Gritaba de alegría con los adelantamientos y victorias del Nano, me levantaba de madrugada cuando corrían en otro continente, (y ahora me levanto para trabajar de noche durante el triplete…), me enfadaba con sus rivales… Y cómo lloré  cuando se proclamó Campeón del Mundo en 2005… Él tenía 24 años; los mismos que cumplo yo en diciembre. Si me detengo un minuto y echo la vista atrás, literalmente alucino. Alucino porque gracias a todas esas emociones me di cuenta de que quería dedicarme a ese mundillo. Que eso era lo que me ponía y me pone la piel de gallina: el sonido de un motor al arrancar, un paso por meta, un adelantamiento, la tensión en parrilla. Supongo que a Fernando Alonso le debo haber descubierto mi verdadera vocación.

A las entradas de F1 le siguieron el trabajo final de bachillerato, el trabajo final de carrera y el máster. En mis últimos 10 años siempre ha habido algo que me ha ido conduciendo hasta donde estoy hoy, algo así como «señales». Ahora, Fernando tiene 35. Ganó su primera victoria con 22 años y yo empecé a trabajar para Movistar+ con esa edad. Creo que a ratos no me lo creo. Pero prefiero seguir así, esto me mantiene muy viva. Esta historia tiene mil detalles; han sido muchos años diciendo «yo quiero estar ahí». No estoy en la F1 pero sí en MotoGP y de momento, no lo cambio por nada del mundo.

Moraleja (aunque no me gusta el término «moraleja»): si una pasión es lo suficientemente fuerte y se dispone de las herramientas necesarias para poder recorrer el camino hacia esa pasión, a veces… ¡Todo fluye! Cada día de mi vida me acuerdo de mi padre diciéndome «no hay nada que te propongas que no puedas conseguir». Quizás llegue el día en que eso no sea cierto, pero hasta hoy, tiene razón y me alegro de que así sea. Este fin de semana, cuando Marc Márquez hablaba para Movistar+ y recordaba a su abuela, dijo que ella le decía que siempre siguiera hacia adelante, pero que fuera con cuidado. Pues eso es lo que hay que hacer. Hacia adelante siempre y con cuidado. Con paciencia, ¿quién sabe?

Por cierto, otra interpretación histórica para mi lista: las primeras palabras de Marc Márquez como Campeón del Mundo de MotoGP de 2016 y su posterior rueda de prensa. Decir que me siento afortunada… Es poco.

Rodamos hasta Australia…

ire-blog
Irene.

4: Brad Binder y las interpretaciones «históricas»

Creo que ya lo comenté en una de las entradas anteriores, pero yo jamás me había planteado dedicarme a la interpretación simultánea. Cosas de la vida… Ahora no concibo mi día a día sin ser intérprete. Después de que Brad Binder se proclamara Campeón del Mundo de Moto3 en Aragón, volví a recordar algo que esta temporada me ha ocurrido en algunas ocasiones.

Brad Binder es un piloto peculiar desde el punto de vista del lenguaje. Su inglés es impoluto como el de todo nativo, no cabe duda, pero tiene una forma particular de expresarse. Eso, en ocasiones, dificulta mi trabajo puesto que tengo que poner el 200% de atención para ser súper precisa. Más allá de las características del inglés sudafricano (en otra entrada hablaré de las diferencias entre voces nativas/no nativas y sus respectivas implicaciones), Binder tiene algo que la mayoría no comparte: no expresa tantos sus emociones. Suele responder a las preguntas de los periodistas con una sonrisa, pero acostumbra a usar esa sonrisa tanto los días en los que gana, como en los que «no le va tan bien» (pocas veces; este año casi todo le ha ido como la seda).

¿Y qué significa todo esto para mí? Pues que a la hora de ponerme en la piel del personaje, el domingo me resultó extraña la «tranquilidad» de Brad tras coronarse Campeón. Los momentos previos a sus declaraciones, yo tenía la piel de gallina siguiendo en pantalla su vuelta hasta llegar al Parc Fermé, estaba contentísima y se me erizaba la piel imaginando qué debían sentir sus padres, su equipo, qué le pasaría al propio Brad por la cabeza… Esos instantes, para mí, son geniales. De alguna manera, enseguida se me contagia la alegría de los pilotos tras un carrerón y siempre intento, con mis entonaciones y mis palabras, transmitir esa plenitud. Pero con Binder no fue del todo así, casi que tuve que contener mi propia emoción porque en sus primeras palabras como Campeón estaba en shock, todavía. O estaba en shock o sus emociones eran esas, «menos efusivas». No pasa nada, fui más comedida (tuve que contener mi propia alegría).

Y tras explicar esa situación, ahí va mi reflexión posterior. Si algo me permite la interpretación simultánea es reflexionar y ver hasta dónde puedo llegar.

Pongo voz a los hombres más rápidos del mundo sobre dos ruedas, en sus mejores, y en sus peores momentos. Eso me encanta (también me encanta ser mujer y darle voz a hombres). Por un motivo u otro, esta temporada se está repitiendo un tipo de interpretaciones curiosas. Lo que yo llamo mis «interpretaciones históricas«. Pueden no tener importancia a priori, pero si lo pienso detenidamente, me doy cuenta de que en muchos fines de semana han ocurrido cosas que han hecho historia en el motociclismo o en la vida de un piloto. Y  yo, desde mi jaula, con mis ganas y mi entusiasmo, he puesto voz a las primeras declaraciones de esos momentazos. Hablo de transmitir lo que sentía Maverick Viñales cuando consiguió el primer podio y la primera victoria en MotoGP, del buen rollo de Jack Miller en su primera victoria en la categoría reina, de Andrea Iannone cuando le devolvió esa tan ansiada victoria a Ducati, de la plenitud de Cal Crutchlow tras ver recompensado todo su trabajo cuando ganó, al fin, su primera victoria… Y más primeras veces: el primer podio y la primera victoria de Joan Mir, la de Jorge Navarro… Y de Brad Binder, todas las hazañas de mi querido Brad Binder en este 2016 al que por su inglés le tengo un cariño especial y al que yo puse voz cuando cruzó la línea en segunda posición en Aragón y eso le bastó para ser Campeón del Mundo. ¡Un Campeón! Contar al momento lo que alguien siente cuando hace realidad su sueño. Eso es indescriptible.

La interpretación simultánea a veces es motivo de crítica. A mucha gente «le molesta». ¿Y lo bonito que es que todo el mundo pueda entender lo que otros dicen en otro idioma? Eso quería yo de pequeñita, entenderlo todo, en todos los idiomas. Me enfadaba cuando alguien hablaba otro idioma y yo no podía entender qué decía. Pues nada, ahora adoro ser «un vínculo» de comunicación. Como dirían los pilotos, the best feeling. 

Y sobre ruedas llegará la próxima entrada antes del GP de Japón.

3: Aguantarle la mirada era un reto

Jersey marrón. Camisa blanca debajo. Vaquero claro. Gorra roja. Andaba con paso firme, con tranquilidad y cojeando de vez en cuando. Su pasión le había arrebatado parte de su condición y desde entonces debía acarrear con ello toda la vida. Esa misma pasión le empujó a no abandonar.

Poca gente se acercaba a él por el paddock, quizás por el respeto que infundía, quizás por aquella mirada tan seria y penetrante que invitaba a mantener las distancias. Esa falta de muestras de «adoración» me llamó mucho la atención. Una leyenda que parecía pasar desapercibida, ¿desde cuándo?. Alguien me dijo que «era un perro que nunca para de ladrar». Pero yo eso no lo sabía. Ese día, el 19 de febrero de 2015, durante los entrenamientos de pretemporada de Fórmula 1 en Montmeló, hice de las mías y entrevisté a Niki Lauda.

Yo llevaba dos horas pululando por el paddock. Cuaderno en mano y cámara en el cuello, no paraba de buscar pilotos a los que entrevistar con todo el morro. Porque si hay algo que me caracteriza es el morro que tengo o la poca vergüenza (en el buen sentido) cuando tengo un objetivo. La «excusa» de estar allí era hacer un reportaje para una asignatura de mi Máster en Periodismo Deportivo, pero lo que yo quería era entrevistar a tantos pilotos como pudiera. Mi primera víctima fue él. Justamente, el fin de semana anterior había visto la película sobre su historia, Rush. En cuanto lo vi, me vinieron mil imágenes a la cabeza: fuego, humo en sus pulmones, que en Nürburgring él no quería correr por razones de seguridad, que le llamaban Rata por la forma de sus dientes, sus peleas con James Hunt…

Entró en el box de Mercedes por la parte trasera mientras hablaba con un técnico de la escudería. Viendo que había varias personas de Mercedes por allí, escribí una nota rápidamente diciéndole que estaba estudiando Periodismo y que quería hacerle una entrevista. Se la entregué a un chico que no paraba de entrar y salir del motorhome. Me dijo que se la haría llegar, pero no fue así (o eso no fue lo que resultó efecto). Lauda entró al motorhome, salió al cabo de un rato y se volvió a meter en el box. Seguí esperando y cuando volvió a salir le pregunté: «Did you receive my note?». Se detuvo, se giró y me dijo que no, que de qué iba. Le expliqué y me dijo que lo acompañara.

Entramos en el hospitality, las azafatas nos prepararon una mesa y yo tuve mi momento de gloria. No podía creer a quién tenía delante, me inventé sobre la marcha cuatro preguntas y aluciné con cada segundo que pasaba. Me impactó muchísimo su mirada, es algo que a día de hoy sigo recordando nítidamente. Parecía que en cualquier momento empezaría a derramar lágrimas, aquella mirada era una mezcla entre inexpresividad y transparencia, entre seriedad y ternura. Tal combinación ponía los pelos de punta. Y su tez… ¡Ay su tez! Era y es el mapa de su vida. La mítica gorra roja intentaba disimular las cicatrices de la cabeza, pero imposible hacerlo con las de la cara y las manos. Prácticamente no tenía nada de cartílago en la oreja derecha y de ahí, el resto de la piel se fundía a través de mil tonalidades fruto del fuego hasta llegar a la zona ocular. Qué serenidad, qué paz, qué tensión, qué momentazo. Estuvimos hablando de seguridad, de las opciones para el Título de aquel año y de sus pilotos favoritos.

Lauda no tiene ningún piloto favorito (u obviamente no me lo quiso decir). Afirmó que siempre gana el que demuestra ser el mejor en todo. Supongo que tiene razón. ¡Ah! Y le hice reír al final de la entrevista. Aquello sí que fue satisfacción. Ese día confirmé que ahí es dónde quiero estar.

Y satisfacción es disfrutar, es llorar y reír de alegría con momentos así. Satisfacción es recordar ese día, escribirlo y que se me erice la piel. Como pez en el agua.

Seguimos rodando que mañana arranca el GP de Aragón de MotoGP.

fullsizerender

2: De San Marino he aprendido…

Hace dos días, la decimotercera cita del Mundial de MotoGP llegaba a su fin en el Misano World Circuit Marco Simoncelli. Brad Binder volvió a ganar en Moto3 y amplió todavía más su ventaja, en Moto2, Lorenzo Baldassarri consiguió su primera victoria en el Mundial en casa y Dani Pedrosa, tras todo lo comentado sobre su situación esta temporada, «calló bocas» y se subió a lo más alto del podio. Pero siendo ya martes y pudiendo disponer de tanta información inmediata a través de miles de medios, no voy a centrarme en lo que ocurrió.

Estuve en Misano en 2013 trabajando. Pero no trabajaba como traductora, ni como periodista. Vendía merchandising  de MotoGP y hacía de intérprete cuando era necesario. En esa época me recorrí los circuitos europeos y Misano era una de las paradas, claro está. No sé por qué, es de los circuitos de los que recuerdo menos cosas. Sé que no era de los que más me gustaba, como Mugello o Assen. No sé por qué motivo, es como si mi mente hubiera decidido que de Misano debo recordar poco. Pero de eso hace ya 3 años y las cosas han cambiado mucho. ¡Qué rápido pasa el tiempo!

A día de hoy, no viajo (al contrario de lo que muchos creen). Yo trabajo desde Barcelona y hago la interpretación simultánea para Movistar+ en una cabina insonorizada. A veces me refiero a ella (siempre cariñosamente) como «mi mansión», «mi suite«, «mi guarida» o «mi jaula«. Remarco el término «jaula» porque normalmente los domingos suelo vivir tanto las carreras que el espacio se me hace pequeño. A lo largo de esta temporada estoy viendo que como intérprete, y pese a que vaya en contra de lo que normativamente te enseñan en la facultad, hay ciertos elementos que son la clave para lograr que la interpretación sea mucho más exitosa. Un día dedicaré una entrada a ello, pero después del GP de San Marino he aprendido (o confirmado del todo) que ponerse en la piel del piloto, en este caso, es casi tan importante como reproducir de manera exacta su discurso. Para poder hacer la simultánea y creérmela, debo pensar e intentar estar en la mente de la persona que habla y además, conocer bastante bien el perfil del personaje.

¿Qué significa eso? Pues que intentar «imitar» la personalidad del que está hablando en ese momento, a veces marca la diferencia. Esta reflexión la acabé de hacer mientras nombraban MotoGP Legend a Franco Uncini y mientras Valentino Rossi y Jorge Lorenzo se enfrascaban en la rueda de prensa del domingo. Si me centro solo en pilotos, «imitar» quiere decir que no puedo ponerle el mismo tono a Jorge Lorenzo que a Dani Pedrosa, por ejemplo. Y que a Johann Zarco no lo puedo interpretar de la misma manera que a Enea Bastianini. Cada uno es distinto y tiene una manera peculiar de expresarse. Sin embargo, mi trabajo es, o debería ser, el de limitarme a transmitir sus mensajes. Sin tanta implicación. Pues no. No estoy de acuerdo con la norma. Hay que saber dónde está el límite y nunca puedes «mojarte» más de lo debido, pero creo que en este mundillo, en el que se sigue y se comparte lo que pasa cada fin de semana con tantísima gente aficionada, ser lo más parecida a mis queridos pilotos, es mucho mejor que basarme en la norma.

En definitiva, y sin extenderme más, creo que las reglas de interpretación simultánea son demasiado estrictas (otro día hablaré de la norma del 70%, la que menos comparto). Después de este input, toca cargar pilas que en una semana llega el GP de Aragón. Ah, ¡en breves traigo una entrevista!

Seguimos rodando…

1: About Writing On Wheels

Hace tiempo quise empezar un blog para expresarme tanto a nivel profesional, como personal. Por unos motivos u otros, hasta ahora no había encontrado el momento idóneo para arrancar. Y digo arrancar porque según una de las acepciones de la RAE, arrancar significa «Iniciar el funcionamiento». Aquí arranco mi nuevo proyecto personal, pero es que cada día y siempre que puedo, arranco con algo nuevo. Aunque lo podrás leer en el apartado About, mi nombre es Irene y soy Traductora, Intérprete y Periodista Deportivo. Llevo desde marzo de 2015 metida en el apasionante mundo de MotoGP trabajando para Movistar+ y podría decir que mi vida ha dado un giro brutal desde entonces. Me ha costado algunos años perseguir mi sueño, pero ahora sé que esto no ha hecho más que empezar. De pequeñita siempre tenía prisa por ser mayor y trabajar, y ahora que soy mayor y trabajo… ¡Pues lo disfruto mucho!

Writing on Wheels significa «Escribir sobre Ruedas». ¿Por qué? Porque hace más de 10 años que todo lo que hago tiene que ver con coches o motos, y porque además siempre lucho para que todo lo que tengo a mi alrededor vaya sobre ruedas. En según qué situaciones es difícil salir adelante, hay días en los que levantarse y afrontar cualquier tipo de tarea puede convertirse en lo más costoso del mundo. Sin embargo, por experiencia propia, puedo decir que siempre hay luz al final del túnel y que no hay pena que 100 años dure (ni cuerpo que lo aguante). En este blog pretendo escribir básicamente de lo que me apetezca y me inspire. Sobre periodismo deportivo de motor, sobre actualidad, sobre terminología (mi pasión), mindfulness, traducción e interpretación, moda y curiosidades… ¿Por qué no? Creo que no tengo ninguna limitación establecida. ¡Ah! Adoro la gente que me hace feliz. Importante.

Ser Intérprete con 23 años no es algo fácil. En realidad jamás me había planteado dedicarme a ello como tal, pero resulta que estoy encantada de la vida. Comunicar y facilitar la comunicación entre dos o más partes es la mayor satisfacción del mundo (para mí). Los idiomas me han abierto millones de puertas y me han permitido conocer a gente maravillosa y vivir momentos incomparables. Me siento afortunada.

Te invito a que me sigas sobre ruedas…

A %d blogueros les gusta esto: