3: Aguantarle la mirada era un reto

Jersey marrón. Camisa blanca debajo. Vaquero claro. Gorra roja. Andaba con paso firme, con tranquilidad y cojeando de vez en cuando. Su pasión le había arrebatado parte de su condición y desde entonces debía acarrear con ello toda la vida. Esa misma pasión le empujó a no abandonar.

Poca gente se acercaba a él por el paddock, quizás por el respeto que infundía, quizás por aquella mirada tan seria y penetrante que invitaba a mantener las distancias. Esa falta de muestras de “adoración” me llamó mucho la atención. Una leyenda que parecía pasar desapercibida, ¿desde cuándo?. Alguien me dijo que “era un perro que nunca para de ladrar”. Pero yo eso no lo sabía. Ese día, el 19 de febrero de 2015, durante los entrenamientos de pretemporada de Fórmula 1 en Montmeló, hice de las mías y entrevisté a Niki Lauda.

Yo llevaba dos horas pululando por el paddock. Cuaderno en mano y cámara en el cuello, no paraba de buscar pilotos a los que entrevistar con todo el morro. Porque si hay algo que me caracteriza es el morro que tengo o la poca vergüenza (en el buen sentido) cuando tengo un objetivo. La “excusa” de estar allí era hacer un reportaje para una asignatura de mi Máster en Periodismo Deportivo, pero lo que yo quería era entrevistar a tantos pilotos como pudiera. Mi primera víctima fue él. Justamente, el fin de semana anterior había visto la película sobre su historia, Rush. En cuanto lo vi, me vinieron mil imágenes a la cabeza: fuego, humo en sus pulmones, que en Nürburgring él no quería correr por razones de seguridad, que le llamaban Rata por la forma de sus dientes, sus peleas con James Hunt…

Entró en el box de Mercedes por la parte trasera mientras hablaba con un técnico de la escudería. Viendo que había varias personas de Mercedes por allí, escribí una nota rápidamente diciéndole que estaba estudiando Periodismo y que quería hacerle una entrevista. Se la entregué a un chico que no paraba de entrar y salir del motorhome. Me dijo que se la haría llegar, pero no fue así (o eso no fue lo que resultó efecto). Lauda entró al motorhome, salió al cabo de un rato y se volvió a meter en el box. Seguí esperando y cuando volvió a salir le pregunté: “Did you receive my note?”. Se detuvo, se giró y me dijo que no, que de qué iba. Le expliqué y me dijo que lo acompañara.

Entramos en el hospitality, las azafatas nos prepararon una mesa y yo tuve mi momento de gloria. No podía creer a quién tenía delante, me inventé sobre la marcha cuatro preguntas y aluciné con cada segundo que pasaba. Me impactó muchísimo su mirada, es algo que a día de hoy sigo recordando nítidamente. Parecía que en cualquier momento empezaría a derramar lágrimas, aquella mirada era una mezcla entre inexpresividad y transparencia, entre seriedad y ternura. Tal combinación ponía los pelos de punta. Y su tez… ¡Ay su tez! Era y es el mapa de su vida. La mítica gorra roja intentaba disimular las cicatrices de la cabeza, pero imposible hacerlo con las de la cara y las manos. Prácticamente no tenía nada de cartílago en la oreja derecha y de ahí, el resto de la piel se fundía a través de mil tonalidades fruto del fuego hasta llegar a la zona ocular. Qué serenidad, qué paz, qué tensión, qué momentazo. Estuvimos hablando de seguridad, de las opciones para el Título de aquel año y de sus pilotos favoritos.

Lauda no tiene ningún piloto favorito (u obviamente no me lo quiso decir). Afirmó que siempre gana el que demuestra ser el mejor en todo. Supongo que tiene razón. ¡Ah! Y le hice reír al final de la entrevista. Aquello sí que fue satisfacción. Ese día confirmé que ahí es dónde quiero estar.

Y satisfacción es disfrutar, es llorar y reír de alegría con momentos así. Satisfacción es recordar ese día, escribirlo y que se me erice la piel. Como pez en el agua.

Seguimos rodando que mañana arranca el GP de Aragón de MotoGP.

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1: About Writing On Wheels

Hace tiempo quise empezar un blog para expresarme tanto a nivel profesional, como personal. Por unos motivos u otros, hasta ahora no había encontrado el momento idóneo para arrancar. Y digo arrancar porque según una de las acepciones de la RAE, arrancar significa “Iniciar el funcionamiento”. Aquí arranco mi nuevo proyecto personal, pero es que cada día y siempre que puedo, arranco con algo nuevo. Aunque lo podrás leer en el apartado About, mi nombre es Irene y soy Traductora, Intérprete y Periodista Deportivo. Llevo desde marzo de 2015 metida en el apasionante mundo de MotoGP trabajando para Movistar+ y podría decir que mi vida ha dado un giro brutal desde entonces. Me ha costado algunos años perseguir mi sueño, pero ahora sé que esto no ha hecho más que empezar. De pequeñita siempre tenía prisa por ser mayor y trabajar, y ahora que soy mayor y trabajo… ¡Pues lo disfruto mucho!

Writing on Wheels significa “Escribir sobre Ruedas”. ¿Por qué? Porque hace más de 10 años que todo lo que hago tiene que ver con coches o motos, y porque además siempre lucho para que todo lo que tengo a mi alrededor vaya sobre ruedas. En según qué situaciones es difícil salir adelante, hay días en los que levantarse y afrontar cualquier tipo de tarea puede convertirse en lo más costoso del mundo. Sin embargo, por experiencia propia, puedo decir que siempre hay luz al final del túnel y que no hay pena que 100 años dure (ni cuerpo que lo aguante). En este blog pretendo escribir básicamente de lo que me apetezca y me inspire. Sobre periodismo deportivo de motor, sobre actualidad, sobre terminología (mi pasión), mindfulness, traducción e interpretación, moda y curiosidades… ¿Por qué no? Creo que no tengo ninguna limitación establecida. ¡Ah! Adoro la gente que me hace feliz. Importante.

Ser Intérprete con 23 años no es algo fácil. En realidad jamás me había planteado dedicarme a ello como tal, pero resulta que estoy encantada de la vida. Comunicar y facilitar la comunicación entre dos o más partes es la mayor satisfacción del mundo (para mí). Los idiomas me han abierto millones de puertas y me han permitido conocer a gente maravillosa y vivir momentos incomparables. Me siento afortunada.

Te invito a que me sigas sobre ruedas…