104: Gran Premio de Doha

Despegada y aterrizada, cansada físicamente y agotada mentalmente. Este es el resultado de 22 días bajo el sol, las normas y las condiciones de Qatar. A eso también le sumo que a nivel de resultados han sido dos carreras muy difíciles, con momentos con los que no contábamos tras unos tests muy positivos y en general todo se ha hecho un poco cuesta arriba. Me estrené con el Le0pard en 2019 con podio de Dalla Porta, en 2020 casi se sube a él Masiá (acabó 4to por tocar el verde, si no, hubiera subido al tercer cajón) y este año nada ha tenido que ver con lo anterior. Además, el inicio siempre supone un chute de energía y cuando no es así hay que saber encontrar el rayito de luz.

En lo que a mí respecta, empecé la semana con muchas ganas pensando en que las cosas podrían ir mejor. Gran parte de la magia de las carreras es esa, que hasta la bandera a cuadros del domingo, cada sesión, cada salida a pista, cada hora que pasa es pura incógnita. La sensación de ‘a ver qué pasa’ yo la vivo en el estómago cual rizo que no se desenreda y cual mamá de sus polluelos (y aquí incluyo a todo el equipo). Ese también es uno de los aspectos que más me gusta de mi trabajo: vivir una temporada (o el mundial, en general) desde el interior de un equipo hace que sientas muy adentro todo lo que ocurre a diario, las alegrías aumentan exponencialmente desde esa parte de la barrera y las jornadas difíciles se sufren al mismo nivel. Cuando ejercía de traductora y redactora era distinto, todo era divertimento y espectáculo, y si las cosas salían mal a alguien o a algún equipo, mi labor se reducía a informar y traducir, sin que suene frívolo, ‘a mi no me cambiaba mucho el trabajo’. Ahora no, ahora cada gesto, cada movimiento y cada ápice cuentan para el resultado final. Y a veces no es suficiente, tal y como ha ocurrido en estos dos Grandes Premios. Hay cosas que no se pueden controlar y si ocurre un infortunio no queda más que aceptar y seguir tirando hacia adelante porque la temporada es muy larga.

En este tipo de situaciones, comunicar se vuelve más complicado. ¿Qué dices, cómo lo cuentas? Cada uno tiene sus recursos, pero está claro que más allá de limitarte a los números de la clasificación y al balance general, la situación es la que es. Los momentos duros también repercuten en el efecto mediático: del todo al nada (estoy siendo muy generalista, pero por dar una idea). O al revés: el todo porque hay sanciones de por medio. Pues nada, suerte y al toro. Yo siempre digo que en esta vida hay que estar en lo bueno y lo malo, pero sobre todo en lo malo. Ahí es donde verdaderamente la unión hace la fuerza. En mi caso, tengo la inmensa fortuna de formar parte de un grupo muy sólido que siempre va a una. El ánimo, la positividad y las ganas de hacerlo sumamente bien son elementos que se respiran cada día en el box.

Al terminar el domingo, sabiendo que volvíamos a casa sin ningún punto tras tres semanas de duro trabajo, sentía que la vida es esto: unos días estás arriba y otros te das contra el suelo, y no te queda más remedio que seguir. En las carreras, ídem. Incluso cuando parece que hay alguna opción, que todavía quedan vueltas y que puede llegar algo bonito, pam. ¿Pero sabéis qué? Me maravilló observar a mis compañeros de equipo mientras se recogía el box: siempre una sonrisa, una broma, un gesto de complicidad pensando en que lo mejor quizás está por llegar. La jartá de días en Qatar ha sido mucho más llevadera gracias a ellos y a todas las personas que son ‘familia’ en el paddock. No hemos podido salir de la jaula del hotel y en todo momento hemos tenido la sensación de encierro, de sumisión y de censura, pero al menos podíamos compartir algún que otro rato matando las horas. Puede parecer una tontería pero tras tantos días fuera de casa es súper importante sentirse así en un núcleo tan estrecho con el que lo debes compartir todo. Y eh, ¡se han podido llevar a cabo las carreras! Que no es poco.

Para acabar, he vuelto vacunada del todo. Seguramente esta semana haga un directo en IG sobre este tema para compartir mi experiencia. La segunda dosis ha sido un poco más molesta que la primera, pero ha ido relativamente bien. Lo que peor me ha dejado de este viaje, en lo personal, ha sido volver a sentir allí la gran diferencia de clases sociales, la segregación femenina, la sumisión y las restricciones. Estamos en época de muchísima censura a todos los niveles, pero hostia, ‘qué bien estamos’ en Spain en comparación a otros lugares.

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