“Mi niña Lola, mi niña Lola, mientras que su yaya viva no estará en el mundo sola”. Eso me cantaba mi abuela cuando era pequeña mientras me cogía en brazos y me mecía, siempre, siempre, aunque tuviera 10 años y pesara casi 40 kg. Ella misma cambió la versión de la canción por “mi niño Lolo”, cuando nació mi hermano.

Hoy me estoy acordando mucho de ella (sigue viva, en la actualidad tiene 74 años). Esta mañana he ido a Mercadona a por cosas que necesitaba y cómo no, he observado todo lo que me rodeaba. Desde las cajeras, que te atendían con toda la amabilidad del mundo, hasta la persona que se encargaba de ir desinfectando las cajas, carros y demás. Al llegar a casa, la persona de la limpieza del edificio en el que vivo había llevado a cabo su jornada, puesto que todos los felpudos del rellano estaban hechos un ovillo. Hace muchos años, un idiota me dijo que cómo permitíamos mi familia y yo que mi abuela fuera señora de la limpieza. Lo ha sido toda la vida hasta que se ha jubilado, y a mucha honra. Todos los días de su vida laboral se levantó a las 4 o las 5 de la mañana para ir a trabajar, y hasta donde llegan mis recuerdos, ella ha luchado como una leona siempre con una sonrisa y con mucha amabilidad hacia todo el mundo. Es muy graciosa mi yaya, la gente la quiere y la ha querido mucho. La reina de las paneras de Navidad, que aparecía con 13 o 15 de tantos sitios en los que limpiaba. Empezó a trabajar sirviendo en casas a los 8 años, se le murieron la madre y el padre antes de cumplir cada uno los 60, perdió un hermano con 38 años y ha visto quedarse viuda a su hija pequeña, y sin embargo nada ni nadie han impedido que ella dejara de luchar. Es la que reúne a todos en cualquier festividad. La que le dice a mi abuelo “corre ponte al teléfono que tu nieta está deseando hablar contigo” cuando yo ni siquiera he preguntado por él, pero ella sabe cómo llevar a cada miembro de la familia para que todos estemos siempre bien. Mi yaya, cuánto la quiero. Ha tenido 3 hijos pero es madre de muchos, abuela de otros tantos y tía de muchos más.

Los sanitarios, el personal de limpieza, las personas que se encargan de retirar la basura día a día en nuestras calles, el personal del transporte público, los agentes de seguridad, etc. Los que están ejerciendo con un título universitario como los médicos y personal de enfermería, y los que quizás sean prácticamente analfabetos como mi abuela. Todas esas personas que durante este encierro masivo están jugando un papel fundamental en el bienestar de todos nosotros. Mi abuela Rosario, mi tía Rosi en el súper, mi amiga Carla en el hospital de Terrassa, mi amiga Georgina en el centro de personas discapacitadas de Cerdanyola. En este caso solo tengo como referencia a mujeres y no puedo sentir mayor orgullo por cómo están saliendo adelante con la situación actual. Porque además, todos esos profesionales que estos días tienen más trabajo que nunca tienen que lidiar también con sus vidas, las cuarentenas de su familia, sus dramas personales. Así que gracias, gracias infinitas a todas vosotras que nos cuidáis tanto y sin cesar.