Volví de Qatar el lunes de la semana pasada y tengo la sensación de que fue hace una eternidad. Allí estuve 10 días entre el test y la carrera y dejando a un lado lo laboral, este año observé cosas que el anterior pasé por alto. Qatar 2019 significó la realización del sueño de mi vida y creo mi mente y mis ojos no veían nada que no fuera eso.

Si vas a Qatar como turista, desde mi punto de vista es un lugar en el que no hay mucho que hacer más allá de dar una vuelta por los centros comerciales, salir a comer o a cenar a algún restaurante o visitar el ‘falso zoko’. No es un sitio que rezume muchísimo arraigo cultural o muchísima historia. Aunque siendo sincera, también es probable que me pierda muchas cosas ya que las dos veces que he estado allí ha sido por trabajo. En este sentido no puedo aportar mucha más información.

Qatar 2020: mismo hotel que el año pasado. Prácticamente la misma habitación, pero en otra planta. Todo igual en el recinto: restaurantes, piscinas, zonas de ocio. Todo igual, salvo un detalle: la cantidad de damas de negro con las que me crucé cada día por los pasillos del complejo. Se trataba de mujeres que, de arriba a abajo, iban cubiertas de negroo. No hablo del burka, ni del pañuelo en la cabeza. Iban cubiertas al 100%. Llevaban ‘por encima’ una especie de tela de seda (o no sé de qué material) completamente negra. Deduzco que era un pelín transparente porque se movían con normalidad, pero no mostraban ni los ojos, ni un centímetro de piel. Nada. Si por necesidad tenían que alzar los brazos entonces sí que se veía algo de las manos, pero lo mínimo.

Es curioso darse cuenta de la cantidad de cosas que existen en el mundo y que jamás te planteas porque se escapan de tu normalidad. Creo que por ese motivo, cada vez que me cruzaba con ellas sentía cierta incomodidad que aún no sé cómo ubicar. Alguna de estas mujeres, debajo de tanto trapo negro dejaba asomar la cola de un vestido muy estampado y, por lo que yo imaginé, para grandes ocasiones. Es decir, iban arregladas,  aunque cubiertas cual embalaje para enviar. Siento la comparación, pero es que era así. Si te fijabas bien, también se podía intuir algo de brillo de algún bolso potente que  escondían bajo el ropaje. Era muy incómodo para mí  bajar a la piscina con ropa de playa y coincidir con ellas por los pasillos. Hago hincapié en lo de pasillos porque evidentemente, ninguna de ellas tomaba el sol o se daba un chapuzón.  “Pensarán que soy una desvergonzada” y cosas del estilo era lo que me pasaba por la cabeza siempre que las veía. También me di cuenta de que en la planta en la que yo dormía solo había mujeres. En 10 días jamás me crucé con ningún hombre por los pasillos (estamos hablando de un hotel gigante con centenares de habitaciones). Y tampoco sé si las mujeres de las habitaciones vecinas fueron al gimnasio en algún momento del día, porque había uno mixto y otro solo para mujeres, y yo hice ejercicio siempre en el mixto. Tela. Respeto mucho la diversidad cultural, pero tela.

Un día, hablando del tema con Nando, uno de los mecánicos del equipo, me dijo “y la envidia que deben sentir de tu libertad”. No sé cómo lo vivirán ellas, pero me sentí incluso extraña de no haberme puesto en su piel en ese sentido. Yo me limitaba a pensar que mi manera de vestir debería ser una ofensa para ellas, cuando es muy probable que fuera todo lo contrario. Para el resto de la humanidad no existen. No sé qué debe ser eso  de traer una niña al mundo y saber que en unos años su rostro, su cuerpo y su identidad se fundirán a negro. Entiendo que en la intimidad (supuestamente) muestran algo más, no tengo ni idea de hasta qué punto, pero qué impotencia me creó a mí como mujer ver que chicas de mi edad, más jóvenes o más mayores, son invisibles. Y si lo son físicamente, no quiero ni pensar lo anuladas que quizás estén a nivel psicológico. Cuando iban al lado de sus maridos, siempre caminaban detrás de ellos y con cierta distancia. Mamma mia.

De todo esto, solo saco eso de ‘qué suerte tengo’, pero luego caigo en ‘cuánto nos queda por hacer, qué injusticia lo que se hace con las mujeres’ y entro en bucle. Queridas mías, disfrutad de vuestra libertad y haced con vuestro cuerpo lo que os dé la gana. Queridos míos, respetad siempre a las mujeres que tenéis al lado y nunca las tratéis como seres inferiores. Y sobre todo, que las nuevas y futuras generaciones crezcan siendo conscientes de que el sexo con el que naces o con el que te identificas no te pone en ningún peldaño por encima de nadie.