Hace una década un espléndido me dijo que personas como yo no deberían existir en el mundo, que era una mierda. Tenía una mente un tanto retorcida. ‘Éramos unos críos’, quiero pensar ahora, porque literalmente me da igual ya. Otro me dijo que en Movistar me habían contratado porque era tía y fijo que le salía más barata. ‘Seguro que todos te la quieren meter’. Otro me decía que debía ser más alocada, no pensar tanto en el trabajo y emborracharme más. El primero de esta serie de personajes, con el que empiezo la entrada de hoy, también me echó una vez de su casa.

Que si enseñas mucha pierna, que si te van a mirar mucho las tetas si te pones eso, que si así llamas más la atención. O estás hablando con alguien y no aparta la mirada del escote. Olé que guay, cuánto me estás escuchando. También se ríen de ti cuando no has entendido algo a la primera, porque claro, eres mujer y joven. Ay sí, qué penita verdad, cuánta compasión, soy tan inocente y tonta que mi cerebro no da para más. Luego vas por la noche andando y te da miedo todo, maldices llevar tacones porque haces ruido y solo deseas llegar lo antes posible a casa. O que te agarren de la cintura sin permiso, que te abracen sin que haya una mínima confianza, ¿por qué lo hacéis? ¿quién os da derecho a tanta cercanía? Si ves que me estoy apartando, ¿por qué no me sueltas, no te queda claro? Si te digo ‘suéltame’, ¿por qué tengo que ser una estúpida o una rancia? Quererte también está mal visto. Tener personalidad es de insolente y descarada. Decir lo que una piensa es de atrevida. Venga ya, me tenéis hasta el toto. Del cual también soy dueña, por cierto.

Hace unos meses vi la serie ‘La Catedral del Mar’ en Netflix y después de acabarla, me di cuenta de que hay muchas cosas con respecto a la mujer que siguen activas hoy en día. Y han pasado unos 800 años. Qué ilusión, qué rápido avanzamos. Ayer estuve siguiendo todo lo que ocurría por redes, televisión, las concentraciones en mi ciudad… Siempre he dicho que las cosas te las debes tomar según de quién vengan por aquello de no ser siempre una tirana, y también debo decir que he vivido casos de cerca en los que las mujeres son auténticas víboras capaces de hacer daño. Porque evidentemente generalizar sería un error y también hay hombres que nada tienen que ver con todo lo escrito anteriormente. Pero lo único que me pregunto es ‘por qué’. Ayer leí un post que decía ‘los niños no nacen machistas’. Y así es. Padres de nuevas generaciones, ya sabéis qué tenéis que hacer. La situación actual está jodida y aún estamos muy lejos. Aquí una que escribe cabreada como una mona porque ha vivido en más de una ocasión que, por mucho que te lo curres y por mucho que luches, gilipollas hay en todas partes dispuestos a hacerte sentir inútil. Aunque hay que saber parar los pies para que no sea así. Que siempre podemos hacer algo.

Si tuviera que definir cómo me siento en este momento observando el panorama, sabiendo cosas que han ocurrido a amigas mías, recordando vivencias propias… Estoy hasta el coño la verdad. No necesito que nadie me rescate, ni que nadie me mantenga, ni que nadie acuda a mí porque soy una mujer joven e indefensa. Anda ya, hombre.

Y súper importante, para todas aquellas con novios tóxicos o con situaciones incómodas alrededor. Un día creeréis que jamás podréis confiar en alguien, que vuestro destino estará marcado por el cúmulo de infortunios del pasado, que todos los hombres son iguales y que al final es mejor estar sola porque visto el panorama, mejor dimitir. ¡Pues no! Es muy probable, como me ha pasado a mí, que un día conozcáis a alguien que no solo os quiera mucho, sino que os quiera bien. Que amará y valorará no solo vuestras virtudes, sino vuestros defectos. Que os hará sentir como en casa, que le dará igual cómo vistas en cada ocasión porque lo único que quiere es que te sientas feliz, guapa por dentro y por fuera y que te animará todos los días, estés bien o tengas un momento de flaqueza. Ni te pedirá que le enseñes el móvil, ni hará que le des explicaciones de todo tu historial sentimental. Te querrá por lo que has sido y lo que eres, y solo te pedirá confianza y sinceridad. Existe, de verdad. Yo lo estoy viviendo. Y todos los fantasmas del pasado, aunque a veces intenten aparecer, se esfuman. Porque lo que vives hoy es más fuerte e infinitamente mejor que todos los malos recuerdos del pasado. El amor verdadero existe. Yo creía que no y no puedo sentirme más afortunada.

Queridas mías, todo pasa y todo llega. Y sobre todo, pedid ayuda.