No suelo hablar mucho de este tema de manera abierta y hoy sí que me apetece hacerlo. Me encanta ser mujer y no lo cambiaría por nada del mundo. A grandes rasgos nunca he tenido la sensación de que eso fuera un problema en mi día a día y en general he ido capeando el temporal según viniera, pero llega un momento en el que se me llevan los demonios. Me caigan palos o no por lo que viene a continuación, tengo los ovarios cargaditos ya de pasar miedo andando sola por la calle de noche, de pensar en si el escote es poco o muy pronunciado, de demostrar determinadas cosas y de levantarme casi todos los días viendo alguna noticia de que han matado a una mujer, o que han pegado una paliza a otra, etc, etc, etc, etc, etc.

Hablo por mí y solo por mí. Intentando alejarme de los estereotipos, desde niña me ha encantado llevar vestido, tacones, maquillarme, ponerme complementos, peinados diferentes… Y del mismo modo siento una profunda pasión por todo lo relacionado con el mundo del motor: los circuitos, la velocidad, la tensión, la adrenalina de las carreras y todo lo que esté relacionado. Me educaron para ser libre y fuerte, para alzar mi voz siempre que lo considerara oportuno y para no agachar la cabeza jamás. Lamentablemente, a día de hoy me he visto involucrada en situaciones en las que he tenido que hacer lo último con tal de no tener problemas. Y eso es algo que me quema por dentro; verme obligada o sentirme cohibida y saltarme mis principios para ahorrarme algún marrón.

Da igual cómo nos vistamos, qué nos guste o nos deje de gustar, qué aspecto tengamos y cuántas fotos colguemos. Se supone que no debería haber problema alguno en que una mujer se exprese tal y como es, haga lo que le dé la gana, se enamore y/o se acueste con todos los que ella decida, opine y se enfade cuando sea necesario, llore y patalee cuando lo estime oportuno. Personas. Somos personas. Nos hemos formado y hemos creído en nosotras. Tengo amigas abogadas, profesoras, ingenieras, farmacéuticas, psicólogas, educadoras sociales, administrativas, ejecutivas. Nuestra opinión y nuestro criterio son válidos. Somos algo más que una cara bonita o fea. Y nada de lo que nosotras hagamos (mientras no haga daño a nadie) debería ser motivo de crítica. Ojalá se viera solo con ojos de ‘hace lo que le apetece, es su vida y ya’.

Yo realmente estoy en un punto de mi vida en la que cada vez más me importa menos lo que diga la gente. Un día esto se acabará y hasta que eso ocurra, me gustaría que el mundo cambiara un poquito y sobre todo que entre mujeres nos apoyáramos más. En según qué entornos reinan los codos, las envidias y las críticas machistas. Sí, sí, también hay mujeres machistas. Eso me duele aún más. Todas somos libres, todas valemos igual, todas decidimos lo que nos da la fucking gana. Ah, y me encanta ser mujer.