77: Autoestima

Hace 12 años este término me acompañaba a diario. Era mi enemigo y mi objetivo, una especie de destino final que nunca llegaba. Supongo que no tenía o no sabía dónde encontrar las armas y los recursos necesarios para poder avanzar hacia él, lo mencionaba (o me lo mencionaban) cada día, pero dentro de mí equivalía a una quimera. Y daban igual las veces que me hablaran de la autoestima, daba igual que me repitieran que la seguridad empieza por uno mismo. Pasar desapercibida del todo, ser invisible es lo que buscaba. INVISIBLE: desde que me levantaba, hasta que me acostaba.

Menos mal que todo eso quedó atrás. El hecho de ir creciendo, de llevarme palos pero también alegrías y el hecho de ir madurando han conseguido que no necesite pensar en autoestima como sinónimo de sueño por cumplir. Hoy escribo sobre ello porque lleva días rondándome por la cabeza. Llevo semanas observando las conductas de personas que tengo a mi alrededor: gente que conozco de toda la vida, familia, amigos, conocidos o simplemente personas con las que he coincidido en algún lugar. El resultado ha sido frustrante y enriquecedor a la vez.

Yo viví lo que es sentirse juzgado por tu cara, tu cuerpo, tu manera de vestir, tu corte de pelo, tu origen, tus gustos, tu manera de pensar, tu manera de reír y hasta la frecuencia en la que lloras. Es muy sencillo decir ‘tienes que quererte’ y, mira tú por dónde, cuesta la vida aprender a hacerlo. Todavía no sabría decir por qué ocurre. No sé por qué al género humano le crea rechazo lo que es distinto, no sé por que en ciertos ámbitos se nos educa así. Si por aquellas cosas de la vida en algún momento te sales de ‘determinadas normas’ (establecidas por quien sea que a mí no me interesa) y parte de tu entorno no te favorece es muy complicado salir a flote y que en la superficie esté tu autoestima. Lo peor de todo es que a veces estas carencias empiezan siendo muy pequeño y la sensación de naufragio se convierte en costumbre. Me cuesta asimilar cómo es posible que haya padres, educadores (hablo muy en general, que nadie se dé por aludido) que fomenten valores que van en contra de la libertad de sus hijos, me cuesta muchísimo entender por qué en muchas ocasiones parece que se deba competir por estar encima del resto. Aceptamos y tratamos como ‘normal’ avisar y castigar los errores, en lugar de potenciar lo bueno de cada uno. Y contra todo pronóstico, también nos asombramos cuando alguien se dice algo positivo a sí mismo, haciendo evidente que sí tiene autoestima. “Qué creído se lo tiene”, “no tienes abuela”, “tranquilita”, a veces es la respuesta a: “qué bien me queda esto hoy”. ¿Un poco incoherente, no? Es mejor estar lamentándose y flagelándose por no entrar en los esquemas de otros, ¿verdad?

Me da la vida la gente que se quiere mucho y no necesita que se lo diga nadie más. La gente que viste como le da la gana, que se expresa tal y como es, que se atreve a ponerse encima todo lo que le sale del alma y lo lleva con orgullo, sin ningún tipo de reparo. Que no se avergüenza de uno mismo (como hice yo en su día) y que sabe defender lo que le define. Lo natural, lo auténtico, lo único y lo común, lo sencillo y lo estrafalario. Y me da mucha penita y me frustra no poder hacerle ver a alguien que no debe estar triste, ni llorar, ni sentirse inferior a nadie más, me duele cuando hablo con alguna persona que no se siente bien consigo misma y es incapaz de ver su propia luz. Me crispa cuando escucho a alguien que se siente sometido o reprimido por vete tú a saber qué. Ojalá tuviera una varita mágica para trasladar todo lo que yo he aprendido en estos 10 años, a quienes ahora lo sufren.

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En este momento de mi vida me siento feliz, fuerte y bastante completa como mujer. Con mis días de sol radiante y mis días de luna menguante, porque es imposible estar siempre arriba y tampoco pasa nada por soltar en forma de rabia o llanto lo que a una le preocupa. Qué pereza esconder los sentimientos o el sufrimiento. Pues si estás mal, lo estás, y punto. El aparentar estar siempre bien me parece un poco obsoleto ya. Para mí la gracia está en intentar aceptar lo bueno y lo malo, lo que me gusta de mí y lo que me gusta menos, los defectos y las virtudes. En blanco y negro porque tardé en conseguir autoestima, porque no supe darme color hasta hace relativamente poco. Pero esta soy yo y en el fondo, aunque durante mucho tiempo quise ser invisible, ahora no cambiaría nada de nada, con más color, o con menos. Da igual. Esto es lo que hay.

 

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3 comentarios sobre “77: Autoestima

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  1. Es de admirar la capacidad que tienes para definir tu presente analizando tu pasado, juntar lo bueno y lo malo y después de filtrarlo y expresarlo con firmeza y sinceridad en tu preciado rincón de escribir, consigues transmitir siempre un mensaje positivo y ir creciendo en la gran escritora que te estás convirtiendo. Gracias.

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  2. Bravo tulli ❤
    Amb els teus escrits ajudes a moltissimes persones la meva nena que gran que ets !

    T’estimo

    I com sempre et dic; si no ens estimem nosaltres qui ens estimarà?

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