Estos días me ha dado por recuperar ciertas cosas que estaban enterradas y no precisamente en un lugar físico. Por mucho que suela abogar por el sentir en su máxima expresión, a veces se me olvida que tengo almacenados algunos sentimientos. Aquellas cosas que  una prefiere regalar al olvido cuando considera que es mejor arrinconarlas y no echarles mano durante mucho tiempo. Si no las tienes activas, acostumbrarte a su ausencia se convierte en rutina fácilmente. Volví hace una semana de Marruecos más sensible y con mucha más paz de la que llevaba en la ida. Uno de los días del viaje amanecí en el desierto, sin nada más que las dunas y el cielo abrigándome y dándome calor. Me resultaba increíble ver cómo…