74: La mínima esperanza

Estoy en Madrid aprendiendo mucho de distintas experiencias. Sigo creyendo y afirmando que es una auténtica maravilla cuando la vida te brinda la oportunidad de que tu día cambie (hacia positivo, en este caso, claro está). Un día te levantas tan tranquila sin saber que, quizás, algo bueno te espera. Esa noche te vas a dormir con otro humor porque resulta que a lo largo de ese día ha surgido algo que te ha hecho especial ilusión. También soy de las que piensa que ‘todo pasa por algo’ y que al final de cada experiencia hay un aprendizaje útil. Echando la vista atrás, sin un batacazo que me pegó la vida en verano, ahora no estaría aquí. En este momento no me sabe tan mal haberme llevado esa hostia porque realmente esto me está sirviendo de mucho. Lo que tuvo que ser, fue. Y lo que tenga que ser, será. Hoy estoy que parto la pana con estas frasecitas.

A lo largo de los últimos meses he descubierto que el género humano en muchas ocasiones es súper decepcionante. No concibo ni logro entender cómo hay quién es capaz de hacer daño a propósito, de actuar con falsedad y frialdad sin remordimiento alguno. También me cuesta mucho comprender todos aquellos que no saben decir ‘no’, en general. No digo ni pido que digan ‘no’ a tiempo, no, no pido tanto. Pero al menos, hazlo. Los silencios suelen hablar mucho, pero no ayudan tanto como las cosas claras y directas. Por no hablar de los asuntos preconcebidos. De las cosas que se dan por hecho. De asumir sin preguntar y de decidir sin consultar. Toda esta retahíla de maneras de actuar tan innecesarias como mezquinas parece ser lo más habitual del mundo. No sé yo cuál es el destino. No sé yo qué les espera a las futuras generaciones.

Sin embargo, estando aquí he podido conocer de cerca a quien cree que el respeto hacia las personas es lo primero, que ni juzga, ni etiqueta. Que quiere transmitir que hay que luchar por lo que uno desea conseguir, que estamos en esta vida de paso y que debemos cuidar de nosotros, y de lo que nos rodea. Que no sirve de nada callarse lo que revolotea por la mente cuando en realidad el cuerpo te pide a gritos estallar. He visto que hay quien también escucha y valora para después preguntar y opinar, sin dar las cosas por hecho. Ni fronteras, ni límites, ni juicios, ni prejuicios. Por el motivo que sea, yo estos días tenía que estar por aquí para verificar que aún hay una mínima esperanza para el género humano. Así que gracias, querida vida, por hacerme ver que aunque la desilusión y el fastidio suelan ser las reacciones más habituales, todavía hay seres humanos capaz de hacerlas desmoronar para dar paso a lo que yo considero valores imprescindibles.

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