72: “Todavía tengo mucho que dar”. Randy Mamola.

Será difícil que olvide todos los detalles del día que entrevisté a Randy Mamola, hace cosa de un mes y poco. Él y sus palabras me sirven para poner el broche final a un 2018 lleno de altibajos; una montaña rusa que a días me ha dejado sin respiración de tanta emoción y que en otras ocasiones literalmente me ha asfixiado. No sabría qué balance hacer. No lo definiría ni como un año increíblemente bueno, ni como un año para olvidar. Supongo que crucial y determinante son los adjetivos que lo han marcado. Y a nivel personal, crucial y determinante también fue la entrevista con Randy, el hombre al que he ido poniendo voz durante 2018 y que me hizo emocionar en mi última intervención como intérprete simultánea para Movistar+ MotoGP, el que ha sido mi hogar los últimos cuatro años.

A Randy lo definiría como un hombre entrañable y divertido que no esconde sus emociones, ni sus sentimientos. Pone pasión al hablar y a través de sus gestos y sus miradas es capaz de comunicar mucho, algo no muy habitual en todo el mundo. Cuando tengo delante a alguien que me brinda la oportunidad de hablar con él para el blog, una de las preguntas indispensables es saber qué le pone la piel de gallina a esa persona. En este caso fui yo la que tuve prácticamente en todo momento la piel erizada viendo cómo me respondía. La bondad y el cariño con el que habla me hicieron seguir creyendo en la especie humana. Él me respondió que todo lo que tiene que ver con ayudar a los demás es lo que le pone la piel de gallina. La familia ha sido y es lo más importante. Randy se siente muy afortunado porque a día de hoy sigue teniendo a sus padres vivos. Su padre tiene 92 años y su madre 89, y a lo largo del año intenta pasar unos tres meses junto a ellos. Al hilo de esas cosas que te hacen vibrar y sentir especial, me cuenta que él no conoció a su abuelo, que murió cuando su padre tenía 6 meses. Cuando Randy era niño, su padre se disfrazaba de Santa Claus y tocaba a la puerta en Navidad. Él no sabía que se trataba de su padre y con el paso de los años, haber comprobado y tener grabado que esa tradición, con ese mismo traje de Papá Noel se ha ido manteniendo generación tras generación, es algo que indudablemente no tiene precio. Sonríe recordando las veces que su padre ha hecho de Santa Claus con Dakota y Taylor, sus hijos. Eso le parece único y realmente le hace feliz.

RANDY.JPGMamola es un hombre que tiene muy presente de dónde viene y precisamente por eso siente que tiene la misión de hacer algo por los demás. “Cuando eres joven tienes vacaciones, disfrutas de tu cumpleaños, de fiestas señaladas y demás y en esas ocasiones siempre recibes y recibes. Al ir creciendo, yo he visto que el hecho de poder dar es mucho mejor. Es una sensación muy bonita poder dar algo a alguien que no tiene nada. Eso me lo enseñaron mis padres. Cuando tenía 16 años, ya llevaba 4 compitiendo y doné toda una habitación de trofeos para una carrera de chicos de mi ciudad. Tenía unos 600 y los convertimos en trofeos para una carrera en mi ciudad en la que todo se destinataba para que ciertos niños pudieran recibir el tratamiento que necesitaban. A lo largo de mi vida no he dejado de preguntarme ‘¿y por qué yo, por qué he tenido tanta suerte?’. A veces damos por hecho que el resto de las personas lo tienen todo, empezando por lo básico, por la salud, y no es así. Por eso, en mi posición y a mi edad, siento que poder dar algo a los demás es indescriptible”. Actualmente sigue activo ayudando a Riders for Health, en África.

Ese fue el principio de su historia. De ahí llegaron los éxitos deportivos y vio cómo sus sueños se cumplían. “Para mí los aficionados son muy importantes porque yo, de niño, también era un auténtico fanático. Al haber estado en los dos lados entiendo lo que es para alguien estar frente a la persona que tanto admiras. Eso es muy emocionante y por eso siempre intento ayudar a todos los fans, porque sé lo que significa. Kenny Roberts era mi ídolo y pude competir con él. Y con Barry Sheene, Spencer, Lawson, Rainey… Con todos ellos. Todas esas experiencias me hacen sentir realmente afortunado. Cuando viajo a Estados Unidos a visitar a mi familia, muy cerca del aeropuerto está la zona de dirt-track en la que aprendí y crecí a montar en moto. Aún sigue ahí. Todo el camino que he recorrido desde entonces, hasta ahora, me deja sin palabras”.

A pequeña escala, hay un momento en el que Randy me hace pensar en mí. Quise saber qué tal es eso de lidiar la vida de las carreras con la familiar y su respuesta no fue otra cosa que lo siguiente. “Intentar separar es difícil porque para mí, la competición es mi vida, así que las carreras y mi vida personal acaban siendo un poco lo mismo, porque esto es mi vida, a todos los niveles. He adoptado diversas facetas desde la época en la que competía y hasta ahora, pero yo sigo considerándome piloto. Cuando conocí a mi mujer en el año 90, ella trabajaba para Suzuki, Dakota, mi hijo, lleva tiempo en el paddock y ahora mi hija Taylor también está haciendo cosas con Monster. Cuando conocí a mi mujer ya sabíamos lo que implicaba nuestra vida. Y para mí, ellos son lo más importante”. Y digo a pequeña escala porque yo, a pesar de no estar casada, ni tener hijos, también concibo mi trabajo como algo mío, personal. Ni quiero, ni puedo tener que hacer distinción porque ‘lo que me da de comer’ es mi vida, mi pasión.

Gracias a este blog conocí a Dakota hace más un de año, y para acabar la entrevista hice preguntas cruzadas a padre e hijo para ver qué sacaba de ahí. El propio Randy se definió como un showman en algunas de las facetas de su carrera y esta parte fue divertida. Cuando le pregunté cuál era el momento más avergonzante que Dakota le había hecho pasar a él, me dijo: “Dakota no ha hecho nada peor a lo que yo haya podido hacer”. Ahí ambos se echaron a reír y su hijo que ahora ya está acostumbrado, pero que cuando tenía 12 años había cosas que le hacían pasar mucha vergüenza de su padre. “Recuerdo una vez, en un aeropuerto. Había un músico tocando y cantando y mi padre se puso a bailar delante de todo el mundo y cantando ‘Rooooooxanne…’. Mi madre, mi hermana y yo nos metimos en una tienda para disimular y se nos aceracaron preguntado si ese señor era mi padre”. 

Así es Randy. Te hace reír y llorar de alegría, te emociona y te sorprende. En 2019 se cumplirán 40 años desde la primera vez que entró en el paddock y 25 años desde que se casó con Barbara. Toda una vida dedicada a este deporte sin haber perdido jamás de vista de dónde viene y qué es lo verdaderamente importante en la vida. En 2013 una profesora contó en clase que no debíamos poner emoción cuando interpretáramos a alguien en directo, que aquello era subjetividad. Randy es el único que tras cuatro años traduciendo a más de 90 hombres diferentes, ha conseguido que perdiera un poco la profesionalidad y me dejara llevar por los sentimientos. Los suyos, fueron los míos el día que yo decía adiós a la que hasta ahora ha sido la etapa más acojonante de mi vida. Hace un par de días cumplí 26 y hoy dejo atrás no solo esa etapa, sino un año lleno de momentos que han marcado un antes y un después en mi corta vida.

Randy me hizo recordar que sí, que los sueños se cumplen cuando uno no deja de intentarlo y de trabajar. Que lo mejor está siempre por venir y que siempre hay algo más que hacer. Acabó diciéndome: “Nunca dejo de aprender, siempre hay algo nuevo. Esto es mi vida y espero que no acabe nunca, porque todavía tengo mucho que dar”. Así me siento yo ahora mismo. Llena de ganas y de energía. Deseando cerrar la puerta a todo lo que me ha atormentado durante los últimos meses e impaciente por todo lo que me pueda deparar 2019. Feliz año a todos. Gracias, una vez más, por haberme acompañado y leído durante los últimos 365 días. ¡Esto no ha hecho más que empezar!

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Un comentario sobre “72: “Todavía tengo mucho que dar”. Randy Mamola.

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  1. Felicidades Irene, enorme acierto cerrar el año entrevistando a Randy, con quien acabaste tan emotivamente tu brillante etapa en Mov.Motogp. Que grandes entradas nos esperan en 2019!!!

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