Son las 3 de la mañana. Ni a estas horas mi cabeza para quieta. 2018 me ha servido para muchas cosas, pero sobre todo para cerrar capítulos o asuntos pendientes, para quitarme de encima todo aquello que no me aporta, para dejar a un lado todas las insatisfacciones que llevaban tiempo haciéndose un hueco en mi interior. Para expulsar lo que siempre me había callado, para ser sincera y coherente, y también un pelín tirana e insolente, para qué engañarnos. Porque hay veces en las que uno tiene que soltar todo lo que tiene dentro sin tener que estar midiendo las palabras o sin tener como mantra la buena educación, los buenos modales y la empatía. A veces uno necesita liberar todo lo que le revolotea por la mente 24/7. A veces es muy, muy necesario.

Hace un rato he decidido hacer uso de la redención para acabar 2018 y empezar 2019. No debería existir cuerda alguna que limitara la voluntad de nadie, así como tampoco prejuicios o maneras que indicaran que siempre una cosa debe hacerse de una manera u otra. En este tema suelo sentirme bastante ajena o sola, porque verdaderamente y siendo fiel a mí misma considero que la vida de cada uno es eso, de cada uno. Podrán hablar, opinar, estipular, y aún así nadie estará dentro de ti conociendo y sintiendo lo que a ti te mueve. Es muy fácil sentenciar e instaurar cátedra. Y eso quién lo dice. Y en qué se basan todos los que tanto saben. Cada uno vive su historia, cada persona es distinta, cada circunstancia es diferente a la anterior.

Processed with VSCO with m5 presetNo me sirve malgastar el tiempo en algo que no me hace feliz, igual que tampoco me sirve tener en consideración ciertos momentos cuando en realidad, esos momentos poco me consideran a mí. Yo sigo mi camino, el que yo creo que debo trazar y en el que si algún día aparecen millones de baches, dependerá de mi sortearlos, saltarlos o simplemente pasar por encima de ellos derrapando. Lo que una vez se rompió, costará mucho recomponer. Adiós a aquellas amistades que me defraudaron cuando menos me lo esperaba (quizás yo les di motivos para ello), adiós a las experiencias que tenían fecha de caducidad. Adiós a lo que ya no aporta nada, de nada.

En muchas ocasiones cuesta lo mismo hacer feliz, que infeliz a alguien. Yo solo puedo controlar mis acciones, las que dependen 100% de mí. Y bajo la redención me amparo, creyendo que todavía existe un poco de esperanza en el género humano, que cuando creo que ya lo he visto todo siempre hay algo que me sorprende, pero que aún así hay salvación incluso en esos casos. Que todos fallamos, que las segundas oportunidades en algún momento o en alguna otra vida podrán ser la solución. Y si no, yo dormiré tranquila por haber hecho las cosas bien, según mi criterio, independientemente del resultado final.

Realmente creo que, en este momento, redimo todo lamento o sufrimiento que hasta ahora me perseguía y redimo cualquier momento que me impedía avanzar. Que al final se trata de eso, de ir cerrando heridas para dar paso a la cura definitiva, o a la medicina temporal hasta que se decida si hay punto final o no. No voy a engañar a nadie, ahora mismo me encantaría redimir lo que una vez fue y acabó jodiéndose. Sea como sea, yo he apostado por mi redención y poco más que mi esencia es lo que puedo ofrecer para todo lo que esté por llegar.