69: Amor, Traducción y Desamor.

Mentiría si dijera que nunca he pensado en escribir sobre el amor. Por aquello de que una es muy fiel a sí misma y considera que es una de las cosas más bonitas que hay (bien entendido y tratado, claro). Para qué nos vamos a engañar a estas alturas de la película, la terquedad y la sensibilidad me definen a partes iguales. Y sin embargo, nunca tenía cabida en el blog. Hoy, en uno de los minutos de descuento de mi último directo he encontrado la analogía perfecta para ello, ni más ni menos para contar por qué ‘dejo’ mi relación con la traducción, por qué dejo el trabajo que me ha dado literalmente la vida en los últimos cuatro años. Quién me lo iba a decir.

Cuando empecé en Movistar MotoGP, mi única manera de acceder a este mundo era hacerlo a través de los idiomas y por ende, de la traducción. No conocía la simultánea, no sabía cómo reaccionaría y desconocía si me iba a gustar o no. La primera vez que hablé en directo, fue una primera cita con algo que me encantaba, me impactaba y me infundaba un respeto descomunal. Yo quería hacerlo bien, no fallar, impresionar, gustar y que se quedaran conmigo sí o sí. Confesaré que no fue amor a primera vista, pero me provocaba ciertas reacciones que me hacían pensar que sí, que aquello podía ir bien. Durante mi primer año, y por qué no, a lo largo de casi todo el segundo (aunque no con tanta intensidad), cada vez que llegaba el momento de entrar en cabina, al inicio de un Gran Premio, los nervios me invadían y el estómago se me encogía. Sentía vértigo, nervios, inseguridad, tenía la sensación de que no siempre controlaba la situación, y que era la traducción la que me controlaba a mí. Al fin y al cabo, yo tenía claro que aquello no era lo que iba conmigo, que no era mi tipo. Pero a la vez no podía pasar ni un solo día sin pensar en lo mucho que me satisfacía dedicarme a poner voz a los hombres del Mundial. Y a pesar de todo ese cóctel de emociones que no sabía cómo ni dónde ubicar, estar en cabina equivalía a sentirme en ese lugar al que ‘yo pertenecía’, a estar a salvo, a estar feliz y contenta. El enamoramiento. Ese momentazo lleno de luz y de color en el que te encanta cómo anda, cómo habla, cómo respira, cómo huele, cómo se expresa, cómo piensa y hasta cómo duerme y cómo se levanta por las mañanas la persona que te llena el alma. Tal cual.

En 2017 empecé a disfrutar de la traducción de lo lindo. Los directos y yo estábamos al mismo nivel. Ninguno daba más que el otro, todo era recíproco y ya no había miedo, ni temor a perder nada. Aquello ya me complementaba de verdad y me hacía sentir estupendamente. Esta etapa me permitía ir un poco más allá, mostrarme con mis defectos y mis virtudes sin la intención de impresionar a nadie, tenía la certeza de que si me equivocaba al hablar, o si no me salía alguna palabra, no pasaba absolutamente nada por corregir y recapitular. Seguridad y equilibrio eran los términos que prevalecían. El sentimiento era mutuo a todos los niveles. Y yo lo notaba. La rutina de vez en cuando hacía acto de presencia, pero también le iba bien a un torbellino como yo que se cansa muy rápido de todo. Podría decir que traducir seguía siendo mi rinconcito en el Mundial, el circuito en el que yo era la única que conocía todos los entresijos, cómo y cuándo ir rápida, y cuándo y por qué mejor mantener la calma. Ni la traducción, ni los directos me iban a abandonar en ese momento, porque teníamos tal confianza que por muy mal día que tuviera, siempre estaban ahí para apoyarme.

2018 ha sido distinto. He seguido queriendo mucho a mi querida cabina, pero ya no era lo mismo. Rutina y monotonía, espacio cerrado y sin tanta emoción o mariposas como al principio. Evidentemente esa etapa inicial siempre llega a su fin, pero las sensaciones no eran como las de 2017. Ir a verla ya no implicaba tanto aquello de ‘eres aire que respiro’, la cosa ya era un poco más ‘me quedan varias horas para acabar, venga…’. Y es paradójico porque una vez estaba dentro, me sentía como pez en el agua y estaba a gusto, seguir traduciendo a pilotos y a técnicos, o formar parte de la historia de este deporte no tiene precio, pero estos meses el sentimiento ha ido menguando. Costumbre. Cariño. Apego. Mismo respeto y honestidad. Pero también menos ganas de ponerme el micro. Pocas sorpresas, aunque sí muchas satisfacciones. Lo típico de ‘te quiero, pero no estoy enamorado de ti’. Que puedo vivir con ello, pero también sin ello. Un día la montaña se me hizo enorme. Bloqueada, no sabía para dónde tirar porque dentro de mí tenía muy claro dónde quería estar (circuitos) y el run-run empezaba a decirme que había llegado el momento de cambiar, de que aquello estaba acabándose, por mucho que no quisiera aceptarlo. Y no solo dependía de mí.

Un mediodía, el universo, la vida o lo que fuera, tras una rotura de corazón de verano que ahí quedará, quien fuera decidió que había una segunda oportunidad esperándome. Que igual un nuevo amor llamaba a mi puerta, oye. Recuerdo estar tumbada en la cama llorando de cansancio, sin saber qué hacer. Y recibí una llamada. En 2019 seré jefa de prensa de un equipo de Moto3. Lo estoy deseando. Han vuelto el vértigo, la ilusión y las ganas por lo desconocido.

La traducción es y será siempre mi primer gran amor del Mundial. Quién sabe si en el futuro retomamos contacto. Pues no lo sé, porque en esta vida nunca se sabe. Han sido 4 años llenos de magia, de grandes momentos, de personas con las que he trabajado y por quienes me quito el sombrero, de satisfacciones, de mucho aprendizaje y de muchísimo crecimiento personal.

GRACIAS, en mayúsculas y en cualquier idioma. A TODOS, también en mayúsculas, y en cualquier idioma.

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8 comentarios sobre “69: Amor, Traducción y Desamor.

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  1. Qué bonitas palabras. Yo estoy en el primer año de traducción e interpretación de inglés, y aunque tenía algo de miedo por el cambio desde el instituto, sí siento ese “enamoramiento” del que hablas. Me encanta moto gp y las lenguas, sería fantástico estar un día trabajando como tú has hecho hasta ahora. ¡Mucha suerte en tu nueva etapa!

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  2. He disfrutado mucho con todas las entradas a tu blog, la voz de las motos no será la misma sin escucharte y te felicito sinceramente por tu trabajo. Después de leer ésta ultima entrada de tu blogspot, me viene a la cabeza un poema que te quiero dedicar:
    Tal vez la corriente nos arrastre
    tal vez acariciemos las islas de la felicidad
    y si bien, ya no tenemos la fuerza que teníamos para mover cielo y tierra
    lo que somos lo somos
    debilitados por el tiempo y el destino,
    pero fuertes de voluntad
    luchar, buscar, encontrar y disfrutar.
    Creo que lo que viene a decir que cuanto más arriesguemos más vivos estaremos y ése poema explica un poco el proyecto en el que te vas a enbarcar.
    Muchas felicidades y seguiré tu trabajo como siempre, enhorabuena!!!

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  3. No puedo decir que me guste dejar de escuchar tu voz sobre el rugido de los motores, al fin y al cabo, eres la voz del mundial de motociclismo, pero, cuando la pasión se extingue y una nueva emoción te llama… es el momento. Te deseo mucha suerte en tu nueva andadura y espero seguir leyéndote aquí.

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  4. Con certeza te diría que no es la entrada que mas me apetecía leer, por el contenido, porque sabia de antemano de que se trataba. Como seguidor tuyo, tengo… o mejor dicho tenía, sin derecho, ese egoísmo sobre el cual ciertas cosas nos gustaría que no cambiaran nunca, como es tu voz en cada gran premio, pero no es así, ni debemos pensar que lo es, me doy cuenta de ello, y mas después de oír la traducción simultanea de las palabras de Randy, esa traducción no la hizo tu cabeza, si no tu corazón, que emoción. Por ello no me veo con el derecho de pensar si me gusta o no que el próximo año no estés en tu cabina, pero si el de alegrarnos de tu nuevo reto, con ganas, de que vuelvas a tener esas mariposas y lo disfrutes, y nosotros seguiremos leyendo este magnífico Blog, tu Blog.

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  5. Hola Irene,Me alegro mx por ti !! El hecho de seguir en el mundial, de trabajar en este mundillo y hacerlo sin abandonar la esencia de tu profesion es genial. Pinta muy bien. Es normal que estés ilusionada y tengas ganas de algo nuevo, y además el contexto, el entorno es el mismo. Eso si, ya no vas a estar encerrada en tu set, e interactuarás de lo lindo con un montón de personas. Pero seguro también que recordarás y valorarás lo bueno de esta anterior etapa, la cual te habrá hecho madurar y crecer profesionalmente.Será un honor (si para cuando llegue me entero a qué equipo vas jaja😀) saludarte la proxima vez que vaya por el paddock (a todo esto, soy un simple aficionado que se paga como puede un pase paddock en el mercado negro por amor a este deporte y a sus integrantes). Me gustará sacarme una foto contigo para el recuerdo y preguntarte qué tal con tu “nuevo amor”. Y espero q seas sincera jaja, aunque seguro q las mariposas en el estomago responderán por ti. Pero ante todo en los primeros meses ya te habrá dado tiempo a hacer lectura de la adaptación y los entresijos del puesto, y te estarás moviendo ya como pez en el agua. Eso si, deseamos -al menos yo por mi parte- que puedas sacar tiempo para seguir desahogandote en tus entradas, aunque cambies de “box” jaja, con tus sinceras, frescas y reflexivas redacciones, y asi poder continuar disfrutando con tus lecturas.Hasta entonces, ya nos irás contando. Gracias como aficionado por tanto y tan buen trabajo estos 4 años, enhorabuena por tu “nuevo amor” y no cambies nunca.Cuidate. Un saludo,Jorge            @motocoten

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