Mentiría si dijera que nunca he pensado en escribir sobre el amor. Por aquello de que una es muy fiel a sí misma y considera que es una de las cosas más bonitas que hay (bien entendido y tratado, claro). Para qué nos vamos a engañar a estas alturas de la película, la terquedad y la sensibilidad me definen a partes iguales. Y sin embargo, nunca tenía cabida en el blog. Hoy, en uno de los minutos de descuento de mi último directo he encontrado la analogía perfecta para ello, ni más ni menos para contar por qué ‘dejo’ mi relación con la traducción, por qué dejo el trabajo que me ha dado literalmente la vida en los últimos cuatro años. Quién me lo…