66: “Lo difícil se me da mejor”. Bradley Smith.

En 2015 sufría cada vez que existía la posibilidad de traducir a Bradley. Era uno de los pilotos que esperaba poder evitar siempre. Muy british, acento bastante cerrado, hablaba de muchas cosas. Tres años más tarde le tengo el punto cogido a él y a su manera de expresarse y ya no hay respuesta que se resista, por aquello de que 21 días se convierte en costumbre.

Bradley respira rigor británico, al principio. Educado, serio, respetuoso, amable, gentil, pero también cercano y sencillo. Es más alto de lo que me parecía y anda como si no pesara lo más mínimo, o como si le pincharan los talones. No he decidido aún qué aspecto define mejor esa percepción. Tiene los ojos azules, varias cicatrices y dos millones de pecas, su cara y su expresión cambian totalmente si se ríe, y habla mucho, a ratos incluso más que yo. Emana bastante seguridad al contestar a mis preguntas y gesticula bastante con las manos, pero siempre repitiendo el mismo movimiento paralelo, como si tuviera algo rectangular entre ellas. Bradley es… un chico de casi 28 años.

SmithSi alguien me ha leído con anterioridad, sabrá que a mí me mueve mucho escuchar a las personas cuando hablan desde el corazón o lo más cercano a él, y sobre todo aprender y valorar otros puntos de vista. Eso es la caña. Eso sí que mueve montañas. Por eso y un poco por norma de la casa, con Smith me alejé de lo deportivo, de su próximo año como probador de Aprilia, de las montañas rusas de KTM esta temporada y de lo que pueda haber significado para él enfocar el momento que está viviendo. No me apetecía nada de eso. A lo largo de los 33 minutos de la entrevista en ningún momento mencionamos el nombre de ningún fabricante.

Una de las cosas que más me llamó la atención antes de conocerlo es que de su vida privada, a diferencia de muchos personajes o deportistas de élite, se sabe poco o casi nada. Pocas entrevistas personales más allá de alguna de hace muchos años y prácticamente ninguna imagen de algo que no sea su profesión en sus redes sociales. Al preguntarle por la privacidad, Bradley me cuenta que él es un tipo reservado, y que, evidentemente no le gusta enseñar mucho su vida privada. “A las redes sociales solo les doy un uso profesional, las personas que me siguen lo hacen porque soy piloto y no por sacar a pasear al perro o por estar desayunando cereales. Me encanta mi trabajo y cuando sientes pasión por algo tienes ganas de enseñárselo al mundo, y eso es lo que hago. Cuando no estoy corriendo, paso tiempo con las personas que quiero y nadie tiene por qué verlo. Es como en los conciertos: una de las imágenes más bonitas es poder ver a alguien mayor disfrutando de lo que tiene delante, en lugar de la gente joven subiendo videos con el móvil y perdiéndose muchas otras cosas. Yo estoy feliz de ser Bradley Smith, el chico aburrido que va en moto. Al final, esto es lo que me hace ser quien soy”. Es contundente, rápido al responderme y capaz de aguantar la mirada fija. Salvo en una pregunta que aparece más adelante, en el resto, contesta sin titubear y sin hacer pausa alguna.

Tomé como base una entrevista que concedió a MCN con 19 años. En ella soltó perlas muy sabias a la vez que graciosas, por la edad que tenía. Bradley la recuerda perfectamente: el cómo, el cuándo, el dónde y las respuestas. Me atrevería a decir que tiene una memoria prodigiosa. Para comprobar hasta qué nivel había cambiado, le voy sacando algunas pinceladas de lo que fueron sus declaraciones. Una de ellas decía que le gustaba pasar tiempo con adultos. “Me siento más cómodo con los adultos, de toda la vida. Quizás ahora menos, porque yo empiezo a serlo. Siempre me ha gustado rodearme de gente mayor con más experiencia y sigo haciéndolo porque me aportan eso; experiencias, conocimiento e historias. Me gusta haber crecido rodeado de adultos porque siempre me trataban con respeto. (Aquí no puedo evitar sentirme identificada). A altos niveles,  antes era más básico, te juzgaban por lo que eras y no por lo que tenías”. En aquel momento, él se definía como una roca camino de ser un diamante que había que ir puliendo. “Sí, aún estoy por pulir (y bromea). Todo depende de qué quieras obtener como producto final. Hay mucho que hacer en esta vida y si con 27 me dijeran que ya no hay nada que pulir, significaría que he fracasado porque espero vivir 50 años más. Año tras año hago lo mismo, no he cambiado nada. Las situaciones son distintas, pero hacemos lo mismo: entrenar, viajar, correr. Aunque hay mucho más por vivir y hacer en este mundo y si ya estuviera pulido del todo, sería una mentira. El año que viene rodaré con el tercer fabricante de mi trayectoria en MotoGP y eso es bastante, además he participado en todas las categorías, salvo en Moto3. Estoy llegando a una edad en la que el futuro no te permite hacer más porque llegan chicos jóvenes y tienen más oportunidades. Pero hay mucho más después de eso: en algún momento quiero hacer algo por los demás y esa es una de las partes importantes del diamante por pulir. También tener mi propia familia, traer a alguien al mundo y enseñarle a que sea mejor de lo que yo he sido. Todavía me queda mucho”. 

No sé si por cultura o por manera de ser, sin más, la mirada de Bradley parece ser inquebrantable. Eso me hace pensar en una de las cosas que dijo en su día, que cuando peor iban las cosas, más se superaba, que él era como su madre, que no olvida y que cuando muerde, lo hace de verdad. “Eso sigue siendo igual, no ha cambiado. A medida que creces te das cuenta de lo importante, pequeñas cosas, ya sean positivas o negativas. El carácter de la gente te importa más al crecer, cuando ya no tienes nada que aguantar ni por qué quedar bien, como cuando eres adolescente. Mi madre solo se rodea de gente que le aporta, y si no, pasa. Es tajante y no piensa más allá, y me parece bien. Yo soy igual y me ha ayudado mucho en este mundo. No en MotoGP, sino en general, existen muchas amistades falsas, gente que se acerca a ti por beneficio propio. Por eso mi círculo es reducido. Antes mi padre venía conmigo a las carreras, mi primo también lo hacía, ahora Matt, mi entrenador, que tras un año y medio viajando, empezó a hacerlo en serio tras pasar el test (y se ríe). Mi mánager lleva 10 años conmigo. Yo no soy mucho más que eso. Mi círculo es reducido y eso es importante”. 

Al escucharlo pienso en todos los sacrificios, esfuerzos o situaciones por las que ha tenido que pasar él y por ende, también su familia. La nombra varias veces sin dar muchos detalles (por privacidad, deduzco) y de manera fundamental, básica. Otra de las cosas que no han cambiado para él es su modus operandi. “Lo difícil se me da mejor, mira mi situación ahora. Estoy fuera. Y a nivel de habilidades como piloto, me siento mejor que nunca, aunque mis resultados no lo reflejen. Si alguien duda de mí o piensa que no puedo hacerlo, se genera una llama en mi interior que me empuja a actuar. Cuando las cosas son fáciles, soy terrible, me cruzo. Mi familia lo sabe y yo también, ahora he procesado eso que me ocurre y transformo lo que antes me enfadaba en energía positiva para tirar y demostrar. Casi siempre voy tarde, pero ya es normal en mí”. 

Sus respuestas me sorprenden, y a la vez no. En muchas publicaciones se le considera un gentleman y le pregunto si él lo considera así. Él dice que siempre intenta ser respetuoso, que se debe tratar al resto como nos gustaría que lo hicieran con nosotros y que eso es lo que él es. Y a continuación, expulsa un discurso que a mí me parece inteligentísimo y que de haber tenido confianza con él, me hubiera levantado y le hubiera aplaudido: “puedes juzgar a alguien según trate a la persona de la limpieza: según lo haga, así sabrás cómo es esa persona. Todo el mundo intenta hacer lo mejor y dar el máximo en su vida. No hay que ver a la gente como seres mejores o peores, ricos o pobres. Hay que valorar a la persona, en general”. Con esto yo ya me hubiera dado por satisfecha si la entrevista hubiera acabado aquí.

Y para que Smith guarde silencio y tenga que pensar qué decir, se le puede preguntar por cómo se ve dentro de cinco años. Se queda pensativo y despúes de 10 o 15 segundos, “intentaré hacer algo que tenga un impacto positivo, venga. No sé qué es lo que puedo hacer, ni lo que quiero hacer. Pero dentro de cinco años deberá empezar un capítulo importante, llegará el momento de sentarse y pensar en tener una familia, ahora no lo sé. Me veo vinculado a este mundo, pero no de manera profesional. Quizás enseñando a niños a competir, aportándoles mi experiencia para ayudarles. Quién sabe lo que me puede traer la vida”. 

Yo no sé qué me traerá la vida a mí, pero me gusta ver que luchar por lo que uno quiere y darlo todo hasta el último momento puede cosechar grandes frutos para el futuro. Nunca se sabe. Su enfoque me ha hecho replantear muchas de las cosas que últimamente habían tambaleado en mi día a día. Al menos, parecía convincente.

De niño, Bradley soñaba con ser piloto de motocross y aún guarda algo de eso. Le encanta el color azul, Sydney como ciudad, helado para comer a cualquier hora, 7 almas como película, y su mayor pesadilla, algo que revolotea en sus noches desde el año 2000, al menos una vez al mes, es soñar con que llega tarde a una carrera, o que no puede ponerse el mono, que no le caben las botas, que no llega a tiempo, oye como dan la salida y él no está listo aún. A Bradley le pone la piel de gallina ver a un ser humano rendir al máximo nivel, ya sea un deportista, o un cirujano haciendo un transplante de corazón. Esas cosas le parecen mágicas. Su hermano es una de las personas que más le inspira, por su trabajo duro y su tesón y él siente verdadera admiración por el tipo de personas que hacen cualquier cosa que vaya más allá del propio beneficio.

Many thanks Mr. Smith. Luck favors the brave.

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