65: Tú

Tú eres lo más importante, lo que prevalece antes que cualquiera de tus homólogos. Tú eres quien traza las líneas de tu camino, tú eres quien decide cómo, cuándo y desde dónde empezar a correr. Tú decides a qué velocidad marcar tu ritmo. Tú decides cuándo parar porque puede ser peligroso seguir adelante. Tú puedes determinar qué asfalto te apetece pisar y qué zonas es mejor evitar. Tú tienes en tus manos la máquina más poderosa de todas… Tú.

Cuando tomes las riendas y te des cuenta de eso que tienes entre manos, quiérete como nadie, pero con seguridad, nada de hacerlo solo “de cara a la galería”. No, no. Quiérete de verdad. Que te dé igual lo que la gente hable de ti, que te dé igual que pongan en duda tu talento, quién eres o por qué eres así o asá. Empieza a tirar y no mires atrás más que lo necesario, no te distraigas, ni te dejes contaminar. Rodéate de aquellos que te merezcan de verdad, no pierdas el tiempo con gente que te aporte poco o nada porque el día que verdaderamente necesites que te arreglen algo, igual no están, no tendrán ninguna pieza de recambio y sentirás que te falta algo. Tú llegaste con tu propia misión, descúbrela y saca ese potencial que en algún lugar debe andar escondido, aún por sacar a relucir. Y si ya lo has hecho, aliméntalo y añádele piezas nuevas, que igual no lo sabías pero es posible que aún estés lejos de tu mejor versión. Nunca es tarde para cambiar de categoría. Y cambiar no significa ni subir, ni bajar, sino encontrar tu lugar.

Tú no aceptes que los demás te impongan algo que no esté en sintonía ni con tu naturaleza, ni con tu estilo a la hora de coger tus trazadas. Tú no tienes por qué tragar con todo. A veces, hay que saber aguantar un poquito, pero solo eso, un poquito. Tú mereces el mismo respeto que cualquier otro individuo, independientemente de sus características, de sus triunfos y de sus fracasos. Tú eres libre de cambiar de equipo cuando compartes tu día a día con uno que no te hace sentir bien o que te hace perder las ganas de seguir corriendo, incluso cuando creías que el contrato que mantenías iba a ser de por vida y que ibas a envejecer ahí. Tú eres libre de reinventarte, de probar y fallar, de volver a probar y dar con la tecla.

Tú puedes volar tan alto como tus sueños y tus capacidades te lo permitan, y si algo falla siempre puedes tirar de estrategia. Tú dispones de la facultad de discernir entre lo que se adapta a ti, y lo que no. Y a quien le pese, que reviente. Tú puedes conseguir lo que te propongas bajo la persiana de la coherencia y la consecuencia. Entérate; que eres tu mejor fichaje, tu mejor compañía, tu mejor y tu peor enemigo, tu propio jefe y tu único título. Ganes o pierdas, tú eres lo único por lo que merece vivir.

Tú tienes el mundo a tus pies. Tú respondes a todo lo anterior.

Y tú eres… La persona que esté leyendo esto en cualquier momento, desde cualquier lugar del mundo.

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