63: Contrastes

Hasta hace cinco minutos creía que esta semana el blog estaría en silencio hasta nuevo aviso. Resulta que no. Supongo que porque estos días estoy viviendo eso, hoy toca escribir sobre los contrastes. Si lo analizo con rapidez y poca profundidad puedo afirmar que 2018 está siendo un año de muchos, muchos contrastes. Momentos en los que he pasado de la felicidad absoluta a la más villana de las decepciones (tristeza no: la tristeza no ha hecho mucho acto de presencia, por suerte), de la preocupación a la calma aunque tuviera el tsunami en el horizonte abordándome, de haber notado el muteado de los que antes estaban a diario, o, simplemente, como ahora, momentos en los que he pasado de tener las 24 horas del día hipotecadas, a disponer de todas ellas al 100%. Quizás también intervenga el factor de que el cuerpo y la mente hace meses que me piden un ritmo de vida distinto al que estaba acostumbrada. Quizás yo sea mi mayor contraste.

Me gusta mi trabajo y disfruto de ello, pero va muy rápido. Sin ir más lejos: parón de vernao. Quedan 10 carreras. Y para mí, hace nada arrancaba la temporada. Si a eso le sumo mi naturaleza hiperactiva a nivel mental, la mayoría de las veces los días pasan y ni me entero. En este paréntesis veraniego estoy experimentando todo lo contrario a ese frenesí. Eso me permite desconectar la mente y aislarme de las cosas que se han convertido en mi día a día; obligaciones, trabajo, redes sociales, tareas planificadas… para dar cabida a lo que en los últimos años se ha convertido en algo puntual: despertarme sin despertador y sin tener 493249203 cosas que hacer tras levantarme, salir a dar una vuelta sin más, dejar la mente en blanco, comer o cenar fuera sin preocuparme por nada más que disfrutar de la compañía y la comida, no pensar más allá de los siguientes 60 minutos (me cuesta eh, esta parte no la cumplo mucho), leer, tumbarme en el sofá durante horas, salir a cualquier sitio sin calcular cuántas horas de sueño me quedarán y lo mejor de todo: no saber qué día del mes y de la semana es. Qué maravilla, según se mire. No estoy muy habituada a tanta paz y a tan poco ruido. Tras esta enumeración de la actualidad, vale la pena que reconozca que, todo lo que me define de algún modo u otro, es puro contraste.

Me encanta que haya contrastes en mi vida. Entre la gente que me rodea, en mi día a día, en la música que escucho, entre lo que me gusta mucho y lo que me gusta poco. Contraste para mí es quererlo todo un determinado día y perderle el interés al cabo de dos meses cuando no se ha regado la semilla que debía dar vida a algo bonito. Contraste implica abalanzarme sobre una idea dejando atrás otra, sin garantías de éxito en lo que está por llegar, contraste es querer llorar de tristeza o melancolía, con todas mis fuerzas, pese a estar feliz, tal vez. Y que no me entienda ni yo, pero no pasa nada oye. Contraste es conocerme muy bien y ser mi peor enemiga. Que me encanta contrastar opiniones aunque lo que tenga delante ni me motive, ni me convenga, pero aún así lo acepte y sonría de manera sincera porque en realidad me gusta vivir lo diferentes que podemos ser las personas y lo variopintas que pueden ser nuestras mentes ante una misma situación. El gran contraste entre los individuos que han ocupado mi corazón cuando el destino ha querido que así sea, y que no me lo explique ni yo, again. El contraste entre lo que era mi vida hace cuatro años, y lo que es ahora. Lo contrastantes que pueden llegar a ser las relaciones entre las mismas personas, en la misma época del año, con tan solo 12 meses de diferencia. Lo mucho que contrastan las verdades, según por dónde se miren y según quién las mire. Al final esta es una de las cosas más apasionantes en lo que llevo vivido; el hecho de ver que los polos opuestos sí se atraen y sí pueden gustarte o gustarse en determinados momentos, bajo determinadas circunstancias. Ahora que cada uno se ponga a contrastar lo que le apetezca; es verano y aquí se permite todo.

Y a pesar de que soy partidaria de aceptar la gama de grises de vez en cuando… Me quedo con mi mayor contraste en la manera de proceder, cuando se trata de mí: o todo, o nada.

 

 

 

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