Hasta hace cinco minutos creía que esta semana el blog estaría en silencio hasta nuevo aviso. Resulta que no. Supongo que porque estos días estoy viviendo eso, hoy toca escribir sobre los contrastes. Si lo analizo con rapidez y poca profundidad puedo afirmar que 2018 está siendo un año de muchos, muchos contrastes. Momentos en los que he pasado de la felicidad absoluta a la más villana de las decepciones (tristeza no: la tristeza no ha hecho mucho acto de presencia, por suerte), de la preocupación a la calma aunque tuviera el tsunami en el horizonte abordándome, de haber notado el muteado de los que antes estaban a diario, o, simplemente, como ahora, momentos en los que he pasado de tener las 24 horas…