60: La teoría de las 10 veces

Conocí a Bogdran en el vuelo de vuelta de Madrid a Barcelona tras entrevistar a Antonio Lobato. Eran más de las nueve de la noche, estaba cansada y me tocó pasillo. A mi lado, un hombre muy moreno y alto, y en la ventanilla otro con pinta de “feliz de la vida”: algo despeinado, una coleta un poco rara, unas gafas enormes que hacían que sus ojos lo fueran todavía más, y una sonrisa de oreja a oreja todo el rato. Parecía simpático. Antes de despegar me empezó a preguntar cosas de Barcelona, de precios de alquileres, de sitios para vivir, etc. Reconozco que al principio me “dio pereza”, no lo conocía de nada y estaba agotadísima, pero fue muy educado, tuvo algún puntazo en su inglés chapurreado que me hizo gracia y por eso le contesté a todo con la misma amabilidad con la que él se había dirigido a mí. El hombre del asiento de en medio, que a simple vista parecía más “serio”, mientras Bogdran hablaba, me dijo: “no te está mintiendo, ni te está tomando el pelo, tranquila, es mi cuñado, el hermano de mi mujer”. No sé por qué, eso me tranquilizó un poco.

Bogdran volvía de Madrid a Barcelona en su vuelo número 20 y pico de ese mes. Es protésico dental y se había mudado a la ciudad condal hacía poco. Sus idas y venidas entre las dos ciudades estaban relacionadas con temas de papeleo para poder ejercer aquí. Le gustaba Barcelona, la playa, la gente, y era una de las ciudades que había podido elegir: su destino debía ser Barcelona, Berlín o Nueva York. Esta última se le salía del presupuesto, Berlín no le gustaba y Barcelona cumplía con sus requisitos. A mí me gusta hablar y aprender de la gente, observar otros puntos de vista y recapacitar al respecto. Me preguntó a qué me dedicaba, cómo había llegado hasta aquí, etc (todo esto sigue transcurriendo durante el vuelo). Hubo un momento en el que su cuñado se fue al baño y él se sienta a mi lado. Vuelvo a reconocer que por un instante pensé: “ay, verás tú…”. Pero no. Los prejuicios igual que vinieron, rápidamente se fueron.

Me contaba que tenía una clínica dental y que aquello le había provocado muchos quebraderos de cabeza. Que hubo un periodo en el que las facturas mensuales ascendían a más de 8.000€ y que aunque conseguían cubrirlas y aún así obtenían beneficios, era una auténtica tortura. Me cuesta poner en pie lo que viene a continuación, porque no recuerdo bien los tempos, pero antes o durante ese periodo de preocupaciones económicas, tuvo que aprender a gestionar todos esos demonios que cada día lo atormentaban. Alguien cercano a él le dijo: “la vida siempre te pone por delante lo que puedes tolerar, y un poquito más”. A mí el tema me estaba encantando, si habéis leído algunas de las entradas anteriores, lo entenderéis. Y siguió: “me hicieron ver que en el momento en el que aceptara que el dinero que tenía, era el que era, las cosas empezarían a ponerse en su sitio, pero que si cada día quería más y más y más y siempre más, la insatisfacción iba a ser continua. Tenía que entender que hay veces que las cosas, por el motivo que sea, deben ser así y que esperar demasiado no es bueno”. A partir de entonces, puso su clínica en manos de un asesor en cuanto a lo financiero y le dijo que solo le avisara si, literalmente, se arruinaban.

A Bogdran le diagnosticaron cáncer hace cinco años, tres meses después del nacimiento de su hijo. Un melanoma en el brazo derecho. Se sube hacia arriba la manga y me enseña una enorme cicatriz. Por lo visto, cuando le dieron la noticia y el pronóstico, se puso en lo peor y le costó muchísimo encajarlo. No quería hacer nada, tenía poca fuerza de voluntad y veía la muerte cada vez más cerca. Entonces fue cuando conoció a ese alguien que le hizo cambiar la manera de pensar y revirtió toda su situación. Superó la quimio, siguió haciéndose los controles rutinarios de la enfermedad para asegurarse de que estaba limpio, se separó y empezó una nueva vida junto a su hijo. Ese alguien que le había hecho cambiar el enfoque también le encomendó una misión: debía aportar esta enseñanza a los demás. Tenía que encargarse de intentar ayudar a las personas de su entorno y, si lo estimaba oportuno, también a desconocidos.

El motivo por el que Bogdran se ha instalado en Barcelona es porque en el límite de los cinco años en los que se considera que alguien está “limpio por completo” del cáncer, se le ha vuelto a reproducir. Y uno de los mejores tratamientos está aquí. Si esta vez lo supera, pero al cabo de unos años le vuelve a aparecer, el pronóstico ya se complica mucho más. La cuestión es que ahora lo lleva mejor, lo afronta con naturalidad y normalidad y sigue con su vida diaria. Cree y está convencido de que se curará, que esto es solo un bache más y que tiene mil razones por las que sentirse bien y feliz. Y lo digo así porque, además, lo transmitía. Ahora viene la parte en la que a mí me implica.

Antes de aterrizar, me soltó: “mira, llevo 3 semanas viajando a diario prácticamente y tenía ganas de contarle esto a alguien desconocido sin que me tomara por loco, pero no he conseguido encontrar a la persona que me transmitiera “eso” para hacerlo (y hace un gesto muy bonito con la mano). Esta vez te ha tocado a ti porque sabía que podría contártelo y que tú me entenderías, ha sido una sensación. Por cómo me has contestado y por lo que tus ojos comunican, he creído que debía explicártelo. Ahora formas parte del juego: tienes que encargarte de intentar dar apoyo, calmar, y hacer ver a quienes tienes a tu alrededor que estamos más preparados de lo que nos pensamos para soportar y superar ciertas situaciones. También es importante que sepan que en el momento en el que hacemos algo simplemente porque nos apetece, sin esperar nada a cambio, la vida te lo acaba devolviendo 10 veces más. Cuando dejas de pedir y pedir, las cosas acaban llegando de manera sencilla”.

La semana pasada cené con una de mis súper tías y me dijo: “tú has cambiado mucho desde tu conversación con el dentista del avión”. No me lo había planteado y no lo sé. Lo que sí sé es que ahora a la hora de proceder, me siento más tranquila y no espero nada. Ni de nadie, ni de ninguna situación. Hago lo que me sale de dentro y nada más. Escucho, pienso, reflexiono, hablo y actúo con quien sea solo bajo la premisa de aportar y ayudar. Ya no me importa mucho si ese alguien no “me devuelve” ese trato. Sigo adelante y no me paro. Ya no espero y ya no me decepciono. Y no sé si la vida me lo está devolviendo 10 veces más, pero afirmo que me han pasado cosas muy bonitas que han ido tomando forma de manera muy sencilla desde entonces, en todos los planos de mi vida. Es cierto que hay situaciones que hay que provocarlas un poquito, pero otras, sin embargo, hay que dejar que fluyan por sí solas.

Y si has llegado hasta aquí y no estás pensando que igual me he fumado algo al escribir esto… Ahora formas parte del juego. Da, sin esperar recibir. La vida te lo devolverá 10 veces más.

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4 comentarios sobre “60: La teoría de las 10 veces

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  1. Pues…. No no te has fumado nada, tan solo haces lo que demuestras con tus razonamientos y actitud: bondad.
    Haz el bien y no mires a quién….
    Enhorabuena, por tu mentalidad hacia y por los demás con la habilidad de plasmarlo en este blog para disfrute y energía para los lectores… Al menos ese efecto causa hacia mí…. Gracias “apaña”
    👌😉👏

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  2. Esta lectura reafirma más lo que pensaba, cuando las ganas se manifiestan porque sí…., lo bordas!! miedo me da la entrevista con María, sensibilidad al límite, que para mí es la única forma de grabar en tu interior cosas que quedan para siempre, nunca se van, nunca cambian.

    Bravo Irene.

    P.D. Ya que pedías inspiración…. aprovecho el hilo… La sensibilidad by Irene.

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    1. Gracias por leerme siempre, Chema!!!! Espero que también quede reflejado en el repor de Maria, al menos era la intención. Y que sepas que es la sugerencia que más me ha gustado! Tomo nota para cuando el cuerpo me lo pida, porque nunca me había planteado escribir sobre ello. GRACIAS!

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