Conocí a Bogdran en el vuelo de vuelta de Madrid a Barcelona tras entrevistar a Antonio Lobato. Eran más de las nueve de la noche, estaba cansada y me tocó pasillo. A mi lado, un hombre muy moreno y alto, y en la ventanilla otro con pinta de “feliz de la vida”: algo despeinado, una coleta un poco rara, unas gafas enormes que hacían que sus ojos lo fueran todavía más, y una sonrisa de oreja a oreja todo el rato. Parecía simpático. Antes de despegar me empezó a preguntar cosas de Barcelona, de precios de alquileres, de sitios para vivir, etc. Reconozco que al principio me “dio pereza”, no lo conocía de nada y estaba agotadísima, pero fue muy educado, tuvo algún puntazo…