59: La niña

Había una vez una niña que soñaba despierta desde bien pequeña, que tenía prisa por hablar, por leer, por escribir, por aprender más y más cosas y sobre todo, por crecer rápido. Esa prisa que la caracterizaba, para ella, tenía sus cosas buenas y sus cosas malas. Por un lado, le permitía ver diversas perspectivas, tener curiosidad por descubrir lo desconocido hasta ese momento y le ayudaba a ir teniendo claro qué era lo que le gustaba y lo que no. Por el otro, le hacía tener una profunda sensación de continua incomprensión. No entendía por qué muchos niños se reían de otros, por qué unos pegaban y se burlaban de los demás, por qué había que etiquetar y discriminar. Eso la ponía verdaderamente enferma. Todos esos sentimientos provocaban que llorara mucho al llegar del colegio, que se aburriera en clase y que quisiera ir siempre más allá; que se planteara el por qué de todo. La niña recuerda llorar con su padre y decirle que se sentía “diferente”. Él le contestaba que no, que era especial. Eso ella no lo entendía. El bucle no la dejaba tranquila. Aquello no había hecho más que empezar.

En lugar de menguar, con el paso de los años, esa sensación solo hacía que aumentar. Ser ella misma implicaba, a ratos, una eterna lucha y una frecuente justificación de por qué sí y por qué no. A esos momentos se fue uniendo gente estupenda y gente que no lo era tanto. Especialmente, en la adolescencia. La niña cambió de colegio, se suponía que a uno con buena reputación a nivel académico que la ayudaría a seguir potenciando sus ganas de estudiar y conseguir sus objetivos, porque la niña soñaba con ir a la universidad. En aquel colegio, el clasismo, la hipocresía, la mentira, la falsedad, el quiero y no puedo y la gente tóxica estaban a la orden del día. Buuuuuum. Golpe de realidad. La niña se encontró con personas que solo valoraban el dinero que tenían sus padres, el tipo de coche que conducían, la ropa y las marcas que llevaban puestas encima, la actividad a la que dedicaras tu tiempo libre, y, cómo no, tu físico. La niña se pasó la secundaria y el bachillerato sintiéndose el patito feo, queriendo desaparecer, sintiéndose fuera de lugar y fuera de tiempo a todas horas. Se supone que tenía amigas, unas amigas que cuando faltaba una, aprovechaban para criticarla, la que fuera. Si se ausentaba, recibía. Que le tumbaban todas las ideas cuando ella hablaba, que contaban con ella solo cuando les interesaba. Y la niña empezó a sentirse anulada, empezó a callar su voz cuando quería gritar y empezó a no saber por dónde tirar. El día a día, en muchas ocasiones le resultaba un auténtico suplicio, un verdadero agujero en el que dijera lo que dijera e hiciera lo que hiciera, estaba mal. Los juicios eran lo más habitual, las malas caras y las críticas, también. Esas amigas le decían que jamás llegaría hacia dónde ella quería, que era complicado y que no lo conseguiría. Esas amigas nunca lo fueron de verdad. Esas amigas la destruyeron por completo, la minaron de tal manera que tuvo que recomponerse desde cero. Lo único que intentaba hacer era ser eso; ella. Un día, tras un viaje al que la niña no pudo ir, esas amigas desaparecieron, se apartaron de su camino, sin más. Sin explicación. Y menos mal. Fue lo mejor que podrían haber hecho jamás, por el bien de la niña.

La niña creció. Llegó a la universidad. Conoció a gente que valía la pena, que no juzgaba, que era sencilla y transparente, que la valoraba por lo que había en su interior. La niña empezó a dejar de sentirse el patito feo y la extraña para lograr, por fin, ser ella misma, sin más. Consiguió poner fin a la relación con su primer novio, que también la había anulado por completo. La niña nunca dejó de creer en ella y fue cumpliendo todos sus sueños. Se sintió bien y feliz, completa, sin tener que ir siempre con cuidado al decir esto o aquello. Toda la tortura y los años envuelta de malas vibraciones e hipocresía habían llegado a su fin. Que ella no necesitaba tener la mayor de las fortunas para sentirse rica, porque no había dinero en el mundo que consiguiera callarla. Que todos aquellos ojos que la miraban con no sé qué maldito sentimiento, ya no iban a hacerla sentir diminuta.

La niña ya es una mujer. Camina con paso firme y sin miedo, sin importarle un carajo lo que puedan pensar de ella, al fin y al cabo es imposible gustar a todo el mundo. Qué más da. La niña no quiere cambiar, porque en realidad nunca lo hizo y es que no le da la gana de volver a tener la sensación de que alguien intenta pisarla o callarla. La niña alza la voz cuando es necesario, se ríe y se cabrea, acierta y se equivoca. La niña ya no guarda más sus cojones, porque su madre le enseñó que hay que tener, y muchos. La niña es feliz y se siente orgullosa de sí misma y cuando se encuentra con esas amigas por la calle, aunque hayan pasado 10 años, les gira la cara sin ningún tipo de reparo. Además, lo hace con la cabeza bien alta. Ellas ya le enseñaron lo que era la hipocresía y la niña no quiere tomar referencia de aquello. A día de hoy, la niña tiene pesadillas con ellas muchas noches, y la verdad es que no logra saber por qué. Quizás porque era necesario contar el cuento de la niña para dejar de tenerlas. La niña así lo cree.

A veces, más de uno y más de dos deberían ponerse un puntito en la boca antes de empezar a valorar a diestro y siniestro lo que sea, sobre otro individuo. No sabemos lo que le está pasando, lo que está viviendo, o simplemente, qué es lo que hay en su cabeza. Todos cargamos con lo nuestro, todos merecemos un respeto y un valor por lo que somos. Ni por nuestro físico, ni por nuestros resultados, ni por nuestro dinero, ni por cualquier historia del estilo. Antes de empezar a despreciar, menospreciar, etiquetar, señalar y discriminar, tan solo con pensar un segundo en cómo puede afectar lo que hagamos y digamos, podemos cambiar la manera en la que hacemos sentir a los demás. Está en nuestras manos.

A ratos la niña se sigue sintiendo distinta, pero disfruta, y mucho, de ello.

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5 comentarios sobre “59: La niña

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  1. La Niña, mi niña! No cambies nunca, adelante siempre, son tus buenos Valores y tu gran condición, lo que hace que triunfes y brilles por donde quiera que vayas.

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  2. Lectura de las que hay que recomendar también sin duda, vas leyendo y sube de intensidad hasta que se convierte en tranquilidad. Felicidades.

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  3. Me encanta el relato! no tanto la historia, ya que es algo que ocurre bastante a menudo en la sociedad en la que vivimos! No hay nada más satisfactorio que hacer reír a una persona o simplemente que se sienta agusto cuando te ve… (al menos para mi) mis familiares y amigos me dicen que no puedo agradar a todos pero yo siempre lo intento (aporto mi granito de arena) lo demás dependerá de la otra persona!
    Siempre he sido una persona bastante estrovertida y nunca he tenido problema para relacionarme con la gente, cuando tenia 13 / 14 años me hice colega de una chica a la que todos le hacían la vida imposible en la escuela pero como yo era un chico “popular” empecé a dar la cara por ella (lo pase muy mal) era frustrante ver que los demás la criticaban por las mismas cosas que yo hacía pero a mi no me decían nada. Recuerdo que un año después de haberme hecho amigo de ella nadie le decía nada, habían visto que yo era su amigo y hacíamos cosa “guays”.
    hoy aquella chica tiene un doutorado en ciencia de la información y da clases en la universidad de São paulo!
    Y por supuesto, SEGUIMOS SIENDO GRANDES AMIGOS!

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