Anoche fui a un concierto con una amiga. Hubo un momento, hacia el final, en el que me preguntó si me pasaba algo, que estaba muy seria. Mi respuesta fue: “nada, que se me acaba de ocurrir sobre lo que escribiré en la próxima entrada del blog”. Eran las 23.51h y mi mente estaba “boxeando”; nada que ver con luchar con mis puños contra alguien, nada que ver con subirme a un ring, ni con enfundarme unos guantes enormes, ni con ponerme un protector bucal, nada de este estilo. Hace tiempo definí mi cabina de interpretación simultánea como mi box. Un lugar sin ventana al exterior, pero que me comunica con el resto del mundo del motociclismo. Un espacio en el que a pesar…