57: Querida vida

Querida vida, hoy te escribo por primera vez. Hace mucho tiempo dejé de creer en nada que fuera etéreo y desde entonces solo me resguardo en lo que me vas trayendo. Algún que otro día me han entrado ganas de pedirte muchísimas explicaciones, pero con el paso de los meses he ido descubriendo que no buscar respuestas es lo que te da sentido. Un jueves como hoy, pero de 2014, mis ganas y tus oportunidades hicieron que me la jugara “toda a una” en el Gran Premio de Jerez. Cuánto has cambiado en tan solo cuatro años. Cuánto me has dado.

Querida vida, no me gustaría que esto acabara nunca. O igual sí, si así es como debiera ser, pero que el punto final llegue tras haber disfrutado mucho de todo lo aprendido y vivido. De tus momentos cumbre y de tus agujeros negros. Con las experiencias que me encantaría borrar de mi mente y con las que reviviría todos los días. Incluiría también los nervios y las mariposas de cuando algo te importa mucho, el llanto de los sueños rasgados, los sinsabores de las expectativas rotas, así como los enormes triunfos personales y las lágrimas de emoción. Me has enseñado que el trabajo duro puede quitarme las ganas de seguir dándote sentido, pero que a la vez es la fórmula para querer saborearte más.

Querida vida, tengo que decirte que estoy muy orgullosa y feliz de saber, gracias a ti quizás, lo que es respetar, amar, admirar, enamorarse y, finalmente, querer con locura. A pesar de que después de todo eso llegue el dolor, el desamor, la rabia, la incomprensión, la impotencia y la rendición. Esto de tener que estar siempre en un 50% del binomio sentimental entre la euforia o el hastío me lleva un poco de cabeza y a ratos me inquieta, pero lo dejo en tus manos. Tú decides. Preparada estoy para vivir y repetir cualquier parte, cuando llegue el momento. Cuando menos me lo espero, ahí estás.

Querida vida, no sé si siempre lo habré hecho bien con las personas que tengo a mi alrededor. Lo intento, de verdad. La empatía a veces duele y huir en alguna ocasión para evitar mi propio sufrimiento es algo que suele ocurrirme. Ya irás dándome señales para saber cómo continuar. Pero lo que sí te puedo decir, querida vida, es que también han huido de mí. Si ya no debemos acompañarnos, será que el ciclo se ha cumplido.

Y querida vida, gracias por sorprenderme casi todos los días. Por darle vueltas y vueltas a lo que pensaba que quizás no cambiaría en mucho tiempo. Por lanzarme individuos llenos de tranquilidad y autenticidad, por ponerme la piel de la gallina y por demostrarme que aunque un día decidas que esto se acabó, merece la pena aceptarte y vivirte según vayas viniendo. Que tu gracia es esa, no saber por dónde saldrás. Me aventuro bajo tu varita mágica.

Querida vida, estoy en tus manos.

PD: También me temo que has sido, eres y serás injusta. Solo te pido que, de momento, tardes muchísimo en volver a serlo. Tregua. Estaré preparada cuando toque, para lo que sea.

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