Desde muy niña mis padres me enseñaron que debía respetar a los demás, que aunque a mí alguien me hiciera algo que me disgustara, yo no tenía que entrar en su juego y empezar a litigar; que todas las personas, independientemente de las características que las definieran, me gustaran más o menos, fueran más afines a mí o no lo fueran en absoluto, merecían mi respeto. También me advirtieron de que no siempre llueve a gusto de todos y de que me encontraría con situaciones que no serían fáciles, pero que viviría mucho más tranquila si solucionaba mis conflictos hablando las cosas y que si ni por esas obtenía el resultado esperado (aclarar el asunto), era mejor dejarlo correr, sin más.

Ayer traduje la victoria de Marc Márquez con abucheos de fondo. En este caso, nombro a Márquez por lo ocurrido últimamente, pero mencionaría al piloto que fuera, porque todos y cada uno de los que forman la parrilla, bajo mi punto de vista, son merecedores del mismo respeto. Hombres que se juegan la vida cada vez que se suben a su moto. Pilotos que tienen padres y madres, familiares y gente cercana que, seguramente, viven las carreras con más intensidad y más miedos que los que somos aficionados (y los que trabajamos aquí también) de este deporte. A-bu-che-os. Estamos en 2018, esto no es el foro romano. Nos pasamos el día pidiendo que se nos trate de una manera u otra, abogamos por el diálogo y exigimos que se aplique la norma. Y luego, algunos se dedican a abuchear. Y otros, a apoyar esos abucheos. Qué bien. Qué ideal. Qué coherente todo. Estos días me he puesto en la tesitura: intentar saber cuándo abuchearía yo a alguien. Creo que solo lo haría si X persona matara, violara o cometiera algún delito del estilo a mi padre, a mi madre, a mi hermano o alguien de mi familia o amigos. Pero es que en ese caso tal vez llegaría a partirle la cabeza al desgraciado o desgraciada de turno. Salvo en un caso así, ¿¿¿abuchear a un piloto??? Esto es deporte. Un deporte que no depende de una sola persona, ni de una sola acción. Un deporte que debería ser el nexo de unión entre las personas y no el motivo de disputa e insultos entre muchas otras, como estoy viendo y leyendo estos días.

Alimentar a la bestia solo sirve para que aflore lo peor de cada uno, para que la ira y la rabia sustituyan a los sentimientos de alegría y apoyo. Seamos aficionados de este o aquel, existe o debería existir un límite que impidiera cruzar ciertas líneas. Un día tu piloto hará algo que a ti no te guste, otro día lo hará otro o quizás tu piloto favorito jamás haga nada que disguste al resto. Sea como sea, nos guste o no, ellos dan vida a nuestros domingos de carreras, con sus más y con sus menos. ¿Alguien abuchea a sus compañeros de trabajo cuando aquel o aquella hace algo con lo que no estamos de acuerdo? Yendo por la calle, ¿silbamos o gritamos “hijo de puta” a coro cuando algo no nos parece bien? Si la respuesta es que sí, tenemos un grandísimo problema. Vamos hacia atrás, como los cangrejos. Pedimos mucho a nuestros superiores, y nos cargamos la base.

 

 

 

PD: recuerdo que el blog es mío, personal, y que solo yo respondo por él. Ni defiendo a unos, ni critico a otros. Lo que no soporto es la falta de res-pe-to. Que quede muuuuuy claro.