Un domingo de 1997, de excursión por algún lugar de montaña entre Barcelona y los Pirineos, mientras paseaba con mis padres, vimos a Àlex Crivillé a caballo. Solo recuerdo verle pasar y fijarme en su nariz. En aquella época, su nombre resonaba muy fuerte y yo, teniendo 5 años, solo me quedé con que había visto a un famoso. En 2014, la primera vez que hablé con Ernest Riveras (en el Gran Premio de Jerez), Crivi estaba detrás de él, sentado en el bus de Movistar, escuchando y observando lo que una loca de 21 años le contaba a su víctima de aquel día para empezar su andadura en el mundo de las motos. Al año siguiente, en 2015, 18 años más tarde de…