52: Automatismos

De las cuatro que llevo, esta es y será la tercera temporada consecutiva al frente de la interpretación simultánea en solitario (la primera de ellas fue “compartida”, por así decirlo). Desde entonces, en el blog he ido desvelando algunos de mis trucos, secretos o dificultades cuando traduzco. Uno de los elementos más bonitos y a la vez complejos de la interpretación es que nunca se sabe lo que ocurrirá; pero eso forma parte de la adrenalina y de la magia del directo. Para que esa magia no me deje sin palabras (nunca mejor dicho), hace unos meses me di cuenta de que una de las cosas que ha hecho mi cerebro ha sido desarrollar estructuras totalmente automáticas.

Hace 46 Grandes Premios que debuté. Eso equivale a una cifra de unas 140 ruedas de prensa y más de 1000 entrevistas traducidas durante los fines de semana de GP. Es decir, habré intervenido en directo unas 1200 veces, redondeando a la baja. Si bien las dificultades implican cierta resolución y supervivencia (como ya conté en Hándicaps e Interpretación al desnudo), el haber querido saltarme la norma ha provocado que, sin querer, en mi cabeza existan unas conexiones lingüísticas que facilitan que a la hora de poner en mi voz las palabras de otro, la velocidad sea mayor.

No sé explicar por qué, ni cómo. Supongo que se trata de algo que ha ido saliendo, sin más, fruto de la experiencia y el paso de las carreras. Al final, tengo muy archivadas y clasificadas en mi interior la manera en la que hablan los pilotos, los técnicos y los periodistas. Al activar el botón “On Air”, que es el que permite que inmediatamente mi trabajo llegue a vuestras televisiones, ya tengo cierto historial de la persona que viene a continuación, y no me refiero al deportivo. Sé distinguir las entonaciones, los recursos retóricos como la ironía o los juegos de palabras, las frases dubitativas o las respuestas que no quieren dar, la manera en la que cada uno de ellos da rodeos e incluso el tenor de las respiraciones. Dicho y escrito así, parece que esté totalmente loca, cual psicópata siguiendo a sus víctimas. Pero no, que nadie se asuste. No es el caso.

Voy a intentar ejemplificar los automatismos/conexiones mentales. Lo considero como un punto que va “más allá” de la mera traducción porque, traduciendo, intento buscar sinónimos cuando un término se usa con reiteración, para así poder embellecer el discurso final. Con un automatismo, no. En este caso es ir a tiro hecho y mantener siempre la misma estructura, difícilmente uso alguna variación. De este modo ahorro tiempo y mi atención se centra en las frases que siguen a algo acabado de enunciar. Yo me lo imagino así, a modo de cuadrícula, distinguiendo tres tipos de automatismos:

  • Automatismo conceptual.I wanted to save the tyre: quería ahorrar en el desgaste del neumático.
      • Lo alargo de esa manera porque me permite rellenar segundos de silencio y así favorecer a que el discurso sea súper del tirón. Lo digo así el 99% de las veces. Este automatismo es extensible a otras construcciones parecidas.
  • Automatismo extranjero.
    • Chatteringel chattering, esas vibraciones.
      • Como todavía no existe traducción aceptada-equivalente que agrupe todo su significado, mantengo el término original y añado “esas vibraciones”. Aporta explicación y no omito lo ocurrido. Con spinning, por ejemplo, no añado nada. “El neumático hacía spinning…” y sigo con lo mío. Me atrevería a decir que casi todo el mundo sabe a qué se refiere ese fenómeno. De todos modos, no puedo perder nunca de vista que en el fondo, y aunque yo esto me lo lleve a mi terreno según considero oportuno para la retransmisión, tampoco puedo alejarme demasiado de lo que están diciendo. Mi función no es ampliar, sino transmitir el concepto. Las decisiones las voy tomando según llegan en milisegundos.
  • Automatismo técnico.Chasis, neumático, motor… Ni bastidor, ni goma (rara vez), ni propulsor.
      • ¿Podría intercalar las posibles opciones? Sí. ¿Por qué no lo hago? Por la sencilla razón de que si me pongo en la piel del espectador, yo soy una voz “por encima”. La interpretación simultánea a veces puede ser muy juzgada y odiada y analizando la situación con perspectiva, tengo la sensación de que es más agradecido que lo más técnico o peliagudo, sea fácil de entender. Eso se consigue (repito, bajo mi punto de vista) manteniendo las palabras más usadas siempre de la misma manera. Así, nadie se despista, nadie pone en duda nada (o casi nada)

Por este último motivo, para intentar atraer a la audiencia hacia mi cabina, hago el proceso a la inversa con los términos más “comunes”. Ahí sí que soy más flexible para que quede “más bonito” sin que se pueda confundir absolutamente nada. Cuando uno dice happy, yo intento ir metiendo feliz, contento. Si están tired, pues yo digo cansado o exhausto. Cuando algo supone un amazing feeling, a través de mi voz puede ir saliendo sensación increíble, indescriptible, espectacular. Pero esto ya no son automatismos. Esto son licencias poéticas.

Espero haberme explicado bien o casi bien. Realmente y si lo pienso con frialdad, no sé cómo todo esto sale de mi cabeza. Todo lo que acabo de escribir no son más que “conclusiones” cuando intento encontrar una explicación a todo el proceso mental. Creo que debo tener algún cruce o algún cable mal desconectado que me facilita hacer esto y disfrutarlo a la vez. Lo de siempre, que para no habérmelo planteado jamás, la interpretación se ha convertido en parte de mí.

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