En septiembre de 2016 empecé este blog sin otra pretensión que la de escribir por puro placer, por tener otra motivación más, por mantener activado algo que me diera vidilla. No sabía ni de qué escribiría, ni cuándo, ni cuánto me duraría la broma. Quise dejar que las cosas fueran viniéndome solas a raíz de esto o aquello, sin saber en aquel preciso momento a qué equivalía el “esto o aquello”. Los meses fueron pasando y fluyó hasta esta entrada, la número 50. No sé si llegaré a la 60, a la 100 o a la 200, pero lo único que puedo afirmar es que en él he encontrado mi rinconcito. Mi vida ha cambiado bastante desde entonces, pero me satisface mucho ver que he conseguido mantener…