49: S de Sinceridad

En un arranque propio de la incontinencia verbal que me caracteriza, sentada frente a la pantalla estoy de nuevo. Esta es la muestra fehaciente de que solo escribo cuando me apetece y cuando literalmente algo en mí lo necesita y me lo pide, a pesar de haber publicado hace 4 días. Por si no lo había dicho o no se había notado, creo que escribir es una de las cosas más bellas del mundo porque permite expresar de manera ordenada lo que (en ocasiones) nos dejamos por el camino. Y lo mejor de todo: a mí me da la libertad de dar rienda suelta a mis pensamientos e ideas sin límite, ni limitación alguna.

Hace unos años conocí de verdad lo que significa la sinceridad y ser sincero/a. Saliendo de una época dañina y estando a las puertas de una de las mejores experiencias de mi vida (la universidad), descubrí que no tener miedo a decir lo que uno piensa, no solo era el elemento más placentero de la comunicación, sino que también me ayudaba a construir mi camino sin nada que lo pudiese contaminar. Sin remordimientos, ni ataduras, ni tempestades de las que te provocan insomnio. A día de hoy, adoro y valoro muchísimo esa cualidad en las personas: la desinteresada bendición de alguien que se atreve a ponerse frente a ti y emitir cualquier enunciado sin temor a tu reacción, desnudando su parecer y sus opiniones. O simplemente dejando ver nada más y nada menos que la realidad. ¿Estamos preparados para escuchar cualquier respuesta? Obvio que sí, no nos vamos a quedar en el sitio por oír la verdad, que nos agrade… Eso ya es otra historia. A algunos asusta y a otros, alivia. Quizás por una cuestión de educación, de valores, de ideas, estrategias o distintas maneras de ser (no lo sé y no me apetece entrar en materia para discutir por qué los humanos actuamos así), lo que en este caso, para mí puede equipararse a un estado de gracia, para otros puede ser el enemigo.

Pero no lo es. En todo caso, debería considerarse una aliada para avanzar en nuestro trayecto. Actuar con sinceridad (y recibirla también a cambio) es una muestra de respeto impagable. Nos guste o no, cada persona ha vivido X momentos que le han hecho como es. La inseguridad, las diferencias, el qué dirán de lo que uno piense, las manías y las dificultades no deberían ser motivo de vergüenza o de privación a la sinceridad. Yo prefiero llamar “diversidad” a esa enumeración de sustantivos. No pasa absolutamente nada porque algo no sea como nosotros pensábamos o deseábamos, no hay ningún problema grave en alzar la voz para decir lo que nos hace felices y lo que no, para resolver las dudas o los conflictos internos que nos rondan desde hace tiempo por la mente. Todo es mucho más fácil. Ahora bien, también es necesario saber encajar los golpes de vez en cuando. Pero tampoco ocurre nada, en ningún lugar dice que nuestro día a día deba ser un camino de rosas. Tiene que haber de todo, digo yo. En ocasiones nos complicamos la existencia al coartar nuestras verdades y realidades. Todos tenemos una, o unas cuantas, y no deberíamos sentirnos mal por ello, bajo ningún concepto. No sé si llegados a este punto he sido capaz de poner en pie lo que para mí es la sinceridad, pero yo agradezco enormemente todas aquellas personas que son sinceras conmigo, que me dicen lo que hay y que acceden rápidamente a su verdad en el caso de que yo la requiera. O sin preguntar, da igual. Valoro muchísimo tener delante alguien que no se esconde, ni manipula su auténtico “yo”. Lo que es, es lo que es. Lo típico de “en lo bueno y en lo malo”. Tal vez la sinceridad sea el barómetro del nivel de respeto y cariño. Y revirtamos la situación: atrevernos a ser sinceros igual nos lleva a la luna (dale tú el significado que quieras). Aunque, ¿todo el mundo merece el mismo grado de sinceridad? Porque es cierto que hay grados. Pues no lo sé. Supongo que eso va en función del nivel de relación con los que intervienen en tu sinceridad. O no.

Sentirse libre, tranquilo, sin nada pendiente, sin nada en el tintero, poder vaciar un poco esa maldita mochila que nos acompaña y que aumenta con el paso de los años, almacenar y eliminar lo que nos corroe para dar paso a la satisfacción y a la paz interior, compartir y discernir entre lo que me llena y lo que no, y rodearme de personas que valen la pena. Eso es lo que intento hacer yo y eso es lo que me ha aportado a mí la gente sincera. Cuesta y no siempre es sencillo dispararla, pero incluye cierta calidad de vida. Hace muchos años a mí me suponía escalar una montaña el hecho de tener los santos cojo*** de decir de la A a la Z. Perdí el tiempo de lo lindo, la verdad. Qué más da. Ahora creo que, a veces, me paso de sincera. Pero no lo puedo controlar, y diría que tampoco quiero. Marca de la casa. A la piscina, en plancha, haya agua o no.

 

 

(Después de todo lo anterior, creo que me he dejado lo más importante: lo primero es ser sinceros con uno mismo)

 

3 comentarios sobre “49: S de Sinceridad

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  1. Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.
    André Maurois (1885-1967) Novelista y ensayista francés. Cada vez aprecio más…. Tus pensamientos plasmados con tu originalidad…. 👍 👌

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