Hay etapas que simbolizan el ecuador o simplemente una parte del camino entre el punto de partida y el destino final, fases en las que es necesario pisar terreno firme, en las que hay que aprender, sentir y descubrir. Ese tipo de etapas son como un Gran Premio: primero hay que hacer los entrenamientos libres, luego apretamos en los clasificatorios y el domingo, salimos a darlo todo en carrera para poner el broche final. El orden es inalterable (salvo fuerza mayor y casos extremos, obviamente) y se trata de un proceso habitual y natural. Primero una cosa y luego la otra, de toda la vida. 2018 ha empezado de una manera un tanto peculiar para mí. Ni bien, ni mal, pero sí con mucho,…