45: El mono

Hace días que quería escribir sobre esto. En mi vocabulario y uso de la retórica está bastante presente el “tener mono de…” para expresar que echo de menos X momento, X cosa o X persona. En distinto orden dependiendo del día, esos son mis tres vicios. Según los expertos, esa sensación solo existe cuando ya se ha probado o se ha tenido contacto con aquello que te engancha tanto. Hasta aquí, nada nuevo.

Con cierto sentimiento de culpabilidad confieso que durante las vacaciones “no he echado demasiado de menos” a mi querido box, es decir, a mi cabina de interpretación simultánea. Y eso me preocupaba a ratos, la verdad. Pero por suerte, hace unos días el mono de la traducción vino a verme y ahí respiré tranquila. En el fondo, supongo que eso me ocurre porque aunque me encante esa parte de mi trabajo, no es la que realmente me apasiona.

Ese mono es genial, es un mono bonito que te recuerda que eso que te mueve y que te empuja a levantarte cada día está a la vuelta de la esquina. Ese mono hace que te mantengas ilusionado hasta que te reencuentres con lo que te identifica. De algún modo, pasar ese mono significa hacer la cuenta atrás para volver a empezar o para volver a reunirte con tu sustancia. Digamos que da vidilla, que te sitúa en territorio neutro hasta llegar a tu paraíso, sea de la índole que sea. En mi caso y a día de hoy, tengo la sensación de que hace siglos que no traduzco y que “ya toca”. Peeeeeeero precisamente esta semana vuelvo a los ruedos; mi mono es sabio y escucha mis peticiones.

Y si hay un tipo de mono que aunque desespere acaba con final feliz, también está el mono que se caracteriza por todo lo contrario. El mono también puede ser horrible, angustioso y doloroso. A veces, sin más, la vida y las circunstancias te obligan a tener que pasar el mono sabiendo que tras un tiempo determinado, esa sustancia en forma de X, esa que tanto te llena, esa que antes era como tu combustible, simplemente se ha agotado. Este es el mono de los valientes porque ahí no hay cuenta atrás que valga; en ese punto la única ayuda es tu propia actitud. Por mucho que no dependa de ti, tú decides cómo afrontarlo. Quizás no haya más existencias de tu sustancia y sea imposible reemplazarla. Tal vez te la hayan arrebatado. Puede ser que haya desaparecido. Mil cosas. Nunca se sabe. Pero tú decides.

Al final, el mono se acaba pasando, para bien o para mal. Y tal día hizo un año.

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