44: El ruido

No hagas ruido, hay mucho ruido aquí, no te oigo con tanto ruido, qué sitio tan ruidoso, con tanto ruido es imposible concentrarse, con este ruido no puedo traducir, X persona no para de hacer ruido y así no hay manera… Ese ruido es lo de menos. Ese ruido dura poco o mucho, pero acaba pereciendo. Hasta hace dos años, yo no sabía o no me había planteado lo que era el ruido en la vida de alguien. Se trata de un tipo de ruido que puede acabar convirtiéndose en algo habitual, rutinario, asiduo e incluso eterno. Ese ruido puede acompañarte las 24 horas del día durante los siete días de la semana y es capaz de inmiscuirse entre tus pensamientos con total naturalidad. Me refiero a ese ruido que a veces te revuelve las entrañas, que lo único que hace es crearte inseguridad y dudas para acabar llevándote al hastío.

No sé por qué no desconectamos ni apagamos el ruido a tiempo, antes de que se convierta en auténtico estruendo (acaba pasando). Quizás no nos damos cuenta de que está ahí, quizás no lo identificamos como tal, pero todos, en algún momento de nuestras vidas hemos llevado ruido a cuestas. No necesariamente deban ser malas personas, ni nocivas, pero a uno en concreto pueden no aportarle nada bueno, o sencillamente no aportarle nada. Tropezamos con ellas y sin saber cómo, se estancan cual parásito perturbando el bienestar. No es que su presencia lleve a la desesperación, pero vives con más tranquilidad cuando ese ruido se pone en versión ‘mute’. Qué alivio, qué paz sin saber nada del ruido (si habéis llegado hasta este punto de la entrada, seguramente hayáis pensado en vuestro ruido). Ni nos permiten avanzar, ni nos ayudan a evolucionar. ¿Por qué siguen ahí? ¿Pena, miedo, lástima, preocupación…? Pues no lo sé, cada persona se identificará más con un sentimiento u otro. La cuestión es que muchas veces, en lugar de caminar hacia adelante con una banda sonora fina y delicada de fondo (o heavy y cañera, me da igual) nos limitamos a dar tímidos pasos con ruido. Así, solo perdemos tiempo. Seguramente tampoco nos demos cuenta de que eso ocurre, pero yo puedo asegurar al 95% que si algo perdemos, es tiempo.

Empecé a quitarme ruido de encima el año pasado. No sirve de nada alimentar algo que no nos va a ayudar a crecer, no favorece en absoluto dar cuerda a aquello que no va a crear ningún lazo ni enlace y tampoco es justo alargar eso que antes de que empezara, ya tenía fecha de caducidad. Porque el cuerpo es sabio y lo sabe. Y porque las good vibrations son muy listas y si no aparecen en un tiempo determinado, lo que tienes delante probablemente sea ruido. ¿Pa’ qué lo quieres? 

Hacer ruido dar ruido está mejor. Es distinto: consiste en hacerse notar, en darse cierta visibilidad con un propósito sano y alegre, se trata de una acción que causa admiración (lo dice la RAE y no hay que llevarle la contraria). Eso es divertido y atrevido. ‘Dar jaleo’ en el buen sentido y con inteligencia puede acabar transformándose en éxito y alegría. En silencio y en pausa el nivel de progresión equivale a 0.

Pero eh, cuidadito, que para hacer ruido, primero hay que quitarse el ruido de encima.

 

 

 

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