42: “La vida nos hizo un regalo de 25 años muy intensos”. María Horrach y José Luis Salom.

IMG_0528Esta cruz pertenecía a Luis Salom, se la compró él mismo en un aeropuerto. A veces la llevaba con él y cuando era así, antes de cualquier carrera, se la quitaba y se la daba a María para que se la guardara. Si no era esta cruz, era otra que le había regalado ella; las alternaba, pero siempre llevaba alguna. Era algo que solían hacer. Luis se deshacía siempre con su madre y en muchas ocasiones la sorprendía con algo que pudiera gustarle. No hacía falta que fuera una fecha señalada, era muy común que de la nada, él apareciera con algún regalo. Ahora es ella quien la lleva siempre colgada del cuello, tal y como aparece en la imagen.

El martes volví a casa después de haber pasado tres días con la familia Salom Horrach. A finales de noviembre contacté con ellos por correo electrónico preguntando si algún miembro de la familia (me daba igual quién) me daría la opción de hablar  para el blog. Escribirles fue algo instintivo, algo que me pidió el cuerpo en un momento determinado. Aunque lo hubiera pensado muchas veces, nunca encontraba el momento oportuno y siempre había algo que me frenaba a hacerlo. Al cabo de poco, un sábado por la mañana me llamó María, yo me acababa de despertar y pegué un bote de la cama cuando me dijo quién era. Después de un par de llamadas durante ese fin de semana, me dijo que sí, que lo habían hablado en casa y que, entre otros detalles, el hecho de haber leído la entrada de Paolo Simoncelli le había dado la confianza que necesitaba para volver a hablar de esta manera. Ese mismo día miré vuelos y en menos de una semana aterricé en Palma de Mallorca.

Si bien hasta ahora nunca he publicado una entrevista en el sentido estricto de la palabra, en este caso, menos todavía. Los recuerdos, las sensaciones y las emociones de esta entrada son lo extraído de tres días de vivencias. Tres días en los que he comprobado que la unión familiar es primordial cuando los ingredientes y los componentes son los adecuados, que la vida puede ser muy injusta, pero lo más importante: el pasado, a veces, es y seguirá siendo presente. En realidad, da igual el tiempo verbal.

Al llegar a la isla, dejé la maleta en el alojamiento y puse rumbo a su casa. Iba bastante tranquila, dándole mil vueltas a la cabeza, pero algo en mi interior me hacía estar serena, sin nada por lo que preocuparme. María salió a recibirme y nos dimos un gran abrazo. Es una mujer llena de nervio, con paso firme y con una mirada entrañable. Y es que su mirada va más allá; habla por sí sola incluso cuando su voz no emite ningún sonido. Sus rizos se mueven al mismo compás que ella y es capaz de estar pendiente de todo, sin perder detalle. Lo típico de las mamis, no hay nada que se les escape. A mí no me dio tiempo de conocer a Luis en persona, pero ha habido dos momentos muy concretos, en los que María, primero al reír y luego al imitar a su hijo, era la viva imagen de Luis. Se parecen muchísimo. Ella era la cabeza visible de la familia en los circuitos, la que siempre acompañaba a su hijo y lo atendía en todo lo que pudiera necesitar. Además, mantenían una relación muy especial, tenían un feeling que solo se entiende del todo si se vive (yo lo comparto con mi padre). Eran compañeros de viaje y de vida, desde que él era niño. María me cuenta que Luis era el alma, la persona que iluminaba a la familia, les hacía reír a todos y si él era feliz, el resto también. Siempre veía el vaso medio lleno y desde que se levantaba tenía muchísima energía. “Bajaba las escaleras de tres en tres, venía a desayunar a la cocina y tal vez me decía: – ¿qué haces, guapa? ¿mamá, qué hay para desayunar?, tenemos que ir a tal sitio, y luego al otro… ¿has llamado a…?- Nunca paraba quieto e hiciera lo que hiciera, te sacaba una sonrisa. Era imposible enfadarse con él, era muy zalamero y aunque quisieras, no podías. Ninguno de los dos aguantábamos más de dos minutos enfadados. O cedía él, o cedía yo”.

En ningún momento grabé nada. Todo lo que me fueron contando María y José Luis está anotado en un cuaderno, simplemente. Y el resto, en mi mente. En lugar de marcar las preguntas, en determinados momentos preferí que fueran ellos los que me fueran contando a través de sus recuerdos, que saliera de manera natural. Eso permitió que afloraran más sentimientos, que ellos mismos explicaran con todo detalle momentos que vivieron con Luis. “Recuerdo un día que salió a entrenar en bici y antes de irse, me dijo: -Adiós guapa, te quiero”. A diario le decía “te quiero” y  “¿mamá, me quieres?” a lo que ella respondía: “como la trucha al trucho”. Luis era muy, muy protector. Sobre todo con su familia. Para él era lo primero, lo más importante y todas las decisiones que se tomaban, se hacían a una, en familia. Era un chico transparente, sencillo, que jamás se reía de los demás y que amaba a las personas sinceras y educadas. No soportaba las injusticias, se cabreaba e indignaba con ese tipo de cosas. “A veces Luis hacía cosas que era para quitarse el sombrero con los demás. Me hacía sentir muy orgullosa y era yo la que aprendía de él. Podíamos estar horas y horas reflexionando y teniendo conversaciones profundas”. Durante los Grandes Premios, por la noche, al llegar al hotel era cuando madre e hijo compartían opiniones y hablaban relajadamente de esto o aquello.

A diario María cuida del pequeño Luis, su nieto (hijo de Toñi, la hermana mayor), un bebé de 11 meses -que en breves dejará de serlo porque es un niño que está criao- que lo llena todo de ternura, y de Jaime, el tercero de los tres hermanos, un chico de 23 años muy, muy especial que solo necesita mucho amor y atención. María me sigue contando: “Mi hijo siempre fue muy protector con su hermano y por ende, empatizaba mucho cuando algún niño o niña con algún tipo de dificultad se acercaban a él. Era muy solidario. Sin que nadie le dijera nada, de él salía regalarles unas botas, o un mono, se hacía una foto…”. En Holanda hay unos gemelos con los que aún guardan amistad y siguen en contacto. Se conocen desde Sachsenring 2012 y fue el propio Luis el que al enterarse de que había dos chicos en silla de ruedas, los buscó para regalarles sus botas de carrera. Según recuerda María: “mamá, esta es mi manera de hacerles partícipes de lo que yo siento y hago, con esto sienten parte de lo que yo vivo, porque ellos nunca podrán hacerlo”.

Yo puse voz a Luis en el Gran Premio de Catar de 2016. Esa fue la única vez y no la olvidaré porque me quedó marcado lo que dijo: “el otro día estuve hablando con mi madre y me dijo que disfrutara, que hacía tiempo que no lo hacía, que saliera a pista y disfrutara”. Le pregunté a María por esa conversación. “Estábamos en Catar, el sábado, ya habíamos llegado al hotel y le dije: eres Luis Salom, vuelve a sacar el Luis de siempre, sal y disfruta, lo tienes todo para disfrutar este año. Él me dijo: lo haré”. El afán de superación no lo abandonaba jamás, se analizaba y se estudiaba para mejorarse. Desde niño, según me cuentan madre y hermana, lo único que quería era ser piloto. No había otra cosa que quisiera ser de mayor. Perfeccionista, inteligente, espontáneo, risueño, alegre, sincero, educado y respetuoso. Tenía fe y arrastraba a los demás con él, su personalidad no dejaba a nadie inadvertido y tenía muy claro de dónde venía y quienes lo habían acompañado a lo largo de su camino. Era muy común que apareciera por casa con algún  amigo (o con varios), “mi casa estaba siempre llena de gente y a mí me encantaba verlos así”. Le pregunto a María por la costumbre de Luis de tocarle el pelo: “me sentaba a su lado en el box, me cogía un mechón y empezaba: -mira mamá, ¡mira qué arte tengo!” Y María hace un gesto con el dedo índice y corazón, moviéndolos, imitando lo que hacía su hijo. También era frecuente que se lo hiciera en el coche. Algún tirón de pelo le había costado. A Luis le encantaba jugar con la melena de su madre. Él era explosivo y extrovertido como ella. Pero jugar con su pelo no era el único “vicio” de Luis.

Le encantaba que su padre le hiciera masajes en la espalda. Con José Luis también tenía una gran relación. Distinta, pero muy, muy buena. Luis lo tenía todo: con su madre compartía unas cosas y con su padre, otras. La combinación perfecta. Él es la otra pieza de esta historia. José Luis es la calma que da paz al nervio de María. Alto, tranquilo y lleno de bondad. Sus manos hablan de vida y motos, y su mirada comparte el mismo brillo especial que María. Un brillo que ojalá no hubiera visto en ellos porque habla de lo que les ha tocado vivir. Me vuelve a sorprender mucho el hecho de que al verle andar, inmediatamente me viene a la mente la manera en la que Luis lo hacía, con las piernas algo arqueadas, visto desde atrás. Y repito: solo puedo compararlo con Luis por lo que he visto en imágenes. Por eso me llamó la atención reconocerlo enseguida. De él, Luis sacó la bondad, la generosidad, el equilibrio y el autocontrol. “Luis tenía mucho genio, era un chico con carácter, pero sabía controlarse, sabía dónde tenía que parar en cualquier tipo de situación”. Con él, Luis montaba y desmontaba sus motos, salía a entrenar… Y también le hacía rabiar, le buscaba las cosquillas. Una vez acabaron los dos, padre e hijo, por el suelo, sin parar de reír. “Luis era igual dentro y fuera de los circuitos, un chico normal, transparente, con los pies en la tierra”.

Mientras voy tomando nota de todo lo que me cuentan, hay un punto en el que yo no aguanto. Al hablar de lo solidario que era, de los valores y principios que tenía, no puedo evitar echarme a llorar. Bajo la mirada y sigo tomando notas y es la hermana la que me dice: “tranquila, Irene”. Y yo le pido disculpas a ella y a María. En mi interior y sobre todo al tener al pequeño Luis en brazos, pienso: “yo no debería ser la que estuviera aquí compartiendo este momento”. Una mezcla de sensaciones. Por un lado, inmensamente agradecida de que hayan confiado en mí y se hayan abierto de esta manera, y por el otro, sentí y siento un enorme cabreo con la vida, por lo injusta que es al llevarse a alguien tan joven, tan lleno de energía y con tanto amor que dar aún. A Luis le encantaba Muhammad Ali. Esa es la respuesta que me da María cuando le pido por el ídolo de su hijo. Las dos nos pusimos a mirar frases del boxeador y me dice: “ahora entiendo por qué le gustaba tanto. ¿Sabes qué? se fue el mismo día que él, el mismo año”.

Ningún padre está preparado para perder a un hijo, no es algo de lo que te hablen o te enseñen, para eso jamás se está listo. De golpe, un día la vida te cambia y sin más, nada vuelve a ser como antes. “No quieres aceptar que tu hijo se haya ido, intentas aprender a vivir con ello, porque es lo único que puedes hacer”. María me cuenta que al cabo de poco, tanto ella como José Luis, un día, hablando: “la vida nos hizo un regalo de 25 años llenos de intensidad. Lo hemos vivido todo de esa manera y no dejamos nada pendiente, lo hicimos todo por él y así se lo demostramos, igual que él a nosotros. Sabía cuánto le queríamos y sabemos lo mucho que él nos quería a nosotros. Solo quería que su familia estuviera bien siempre, vernos felices y contentos”. José Luis, al respecto: “él nos acompaña cada día en todo lo que hacemos, lo tienes siempre en tu pensamiento, en todo momento. No hay un solo segundo del día en el que no lo tengas en tu cabeza. En lo que haces, allá donde vayas… Piensas en qué diría él o qué haría… Él está en todo momento presente y jamás dejará de ser así. Hay días de todo”. Tanto María como yo, en muchas ocasiones, ya fuera yo al preguntar o ella al responder, intentábamos buscar las palabras concretas o adecuadas. Si bien yo sentía un profundo respeto y una enorme prudencia a la hora de formular mis inquietudes, ella hacía el esfuerzo por hacerme entender bien lo que quería decirme: “el cuerpo te sorprende de la gran cantidad de dolor que es capaz de soportar. Lo que haces es refugiarte en su recuerdo, en tu familia y en todo lo que viviste con él, porque te sigue acompañando. Luis, simplemente, ha cambiado de lugar, porque sigue estando con nosotros”.

Luis ha dejado un gran legado. Un legado que va más allá de los actos que se han hecho en Mallorca en su nombre, un legado que ha traspasado fronteras y como muestra de ello, su familia ha recibido cientos de cartas de personas de diferentes nacionalidades contando historias y anécdotas compartidas con él. Si alguien todavía quiere, puede escribir a la dirección que aparece en su twitter y enviarle a la familia ese recuerdo o aquel momento vivido con él para que así, más adelante, puedan completar el libro que tienen en mente publicar.

Y a mí… A mí me faltan palabras para describir lo que mi piel ha vivido. He tenido a Luis muy, muy presente todas las horas del día y cuando intentaba mirar la situación con perspectiva, alejándome del escenario como si fuera una simple espectadora, lo único que se me ocurría hacer era mostrar mi respeto, cuidar y mimar todo lo que me contaban y ser yo misma con ellos, algo que María le decía a Luis siempre que hiciera. Me siento enormemente afortunada de haber podido revivir y escribir lo que estos padres vivieron con su hijo, “feliz” (por decirlo de alguna manera, es difícil encontrar el término que describa esta montaña rusa de emociones) de haber tenido momentos de risas (no sabéis hasta qué punto me llenaba verles sonreír), de complicidad, de emoción, de lágrimas y de amor con los Salom Horrach. Mil gracias a María, José Luis, Toñi, Jaime Toni, Xisca, Joaquín, Lucas, Manolo, Willy, Manolita y al pequeño Luis por haberme hecho un hueco.

5 comentarios sobre “42: “La vida nos hizo un regalo de 25 años muy intensos”. María Horrach y José Luis Salom.

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  1. He leido tus historias, y lo redactas que parece una estar al lado junto a ti y ellos, como con paolo, rosa.. pero tengo que decir que con esta me has hecho llorar.. por suerte fui muy amiga de la sonrisa infinita de padoock!! ( luis salom). Conocia a su padre, y mas familia suya vinculada al motociclismo. Luis siempre estaba de broma, era un chico encantador.. un dúo entre su madre y él.. que entre mas familias deberian de existir… siempre que hablabamos fuera en persona o por teléfono tenias que reírte. Nunca te olvidaré pequeñajo. Y ehnorabuena irene!! Llegaras lejos!! Un besazo 😘😘😘 #LS39!! #forever!!

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