41: “Con la última salvada de Marc sentí que se me paraba el corazón”. Takeo Yokoyama.

Reconozco que con esta entrevista me reí muchísimo. Atraqué a Takeo Yokoyama, el Director Técnico de HRC el sábado que entrevisté a Paolo Simoncelli en el circuito de Valencia. Me lo crucé por el paddock, esperé a que acabara de hablar y antes de que él pudiera pronunciar un simple “hello”, ya le estaba soltando el discurso de quién era yo y diciéndole que me gustaría hablar un rato con él para mi blog personal. Rapidita, clara y directa; al grano, para que no hubiera margen de negativa. Le hizo gracia lo del blog y me citó por la tarde.

Rigor y puntualidad japonesas. A las 15.00h me encuentro con Takeo y el señor que le acompañaba en todo momento, Tomonori Araki, que también forma parte de HRC y que curiosamente trabajó durante varios años con Marco Simoncelli. Casualidades. El señor Tomonori y su rostro serio, pero amable, me analizaron un par de veces. Seguramente pensó que la chica que tenía delante hablaba y gesticulaba demasiado. La situación era cuando menos, graciosa. Lo bueno de este café en el paddock fue que al ser tan espontáneo e improvisado, en un ambiente relajado como el del CEV, Takeo me dio la oportunidad de explayarme casi una hora.

Transmite buen rollo, confianza y sencillez. Antes de empezar me pregunta dónde aprendí idiomas y la edad que tengo. Me dice que le parece algo muy difícil, que soy muy joven y me hace alguna pregunta más al respecto. Y yo por dentro, pensando: “tú, que eres ingeniero de HRC, me comentas que la traducción te parece muy difícil…”. Este tipo de reacciones o pensamientos fugaces son los que hacen que disfrute todavía más de estos ratos. También me advierte de que cuando llegue a su edad, me costará más mantener la energía con la que se me veía ese día.

Nació en Tokio hace 43 años (su edad me sorprende) y desde los 5 quiso ser jugador de béisbol. Era lo que más deseaba en el mundo y ese sueño le duró hasta los 22 (contándome este pasaje se ríe mucho, le parece gracioso que quiera saber eso de su vida). A lo largo de ese tiempo, en ningún momento se le pasó por la cabeza dedicarse algo relacionado con las motos, nadie de su entorno o de su familia se dedicaba a ello y él tampoco se lo planteaba. El sueño de ser jugador profesional empezó a desvanecerse poco a poco porque según dice: “era imposible que llegara a dedicarme solo al béisbol, en Japón es un deporte muy famoso y había miles de chicos mejores que yo”. Se graduó en Ingeniería Mecánica en la Universidad de Tokio (la más prestigiosa de Japón y una de las que goza con mayor reputación del mundo en la actualidad). Al acabar los cuatro años de carrera entró en Honda, en el departamento de producción de motos de calle. Hablando de los estudios universitarios, una de las primeras cosas que le digo es que yo creía que había ido a la universidad en Estados Unidos. Él no se sorprende y me cuenta que muchísima gente cree que estudió allí toda la carrera, pero que sin embargo fueron tan solo 14 meses los que pasó en América. Tenía 27 años y Honda le eligió para adquirir más experiencia y más conocimientos durante ese tiempo allí.

Tras haber situado un poco su trayectoria previa, le digo que intente describirse a sí mismo, a día de hoy. De nuevo, se ríe y esta vez me dice que es una pregunta muy difícil. Esta parte es bastante peculiar porque lo que para mí era una pregunta “sin más”, sencilla, para él es todo lo contrario. Bromeo con él y le digo que si lo prefiere, hablamos de cosas técnicas. Ahí mueve las manos y dice: “no, no, no, nada de técnica ahora”. Titubea un poco, pensando en qué decir y me acaba respondiendo que se define como una persona easy-going, fácil de tratar, pero que a la vez, puede llegar a ser muy complejo. “A veces no es sencillo trabajar conmigo porque cuando creo firmemente en una teoría, me mantengo en ella y en alguna ocasión, al final me acabo equivocando. Es difícil que intenten sugerirme algo o hacerme cambiar de idea cuando estoy seguro al 100%. Además, creo que como ingeniero, tienes que creer en algo siempre y tener confianza en eso que defiendes”. Y en contraposición, Takeo también apunta: “pero he aprendido que se trata de un equilibrio y debes abrir la mente a otras opciones. En el pasado yo era simplemente un pequeño ingeniero y ahora, en mi situación, debo ser capaz de saber sacar lo mejor de cada persona porque solo así conseguiremos cosas grandes; hay que estar abierto“. A mí eso me parece súper inteligente. Un buen líder.

Lo que peor lleva Takeo de su trabajo son los viajes. Dice que a medida que se hace mayor empieza a notar cada vez más los efectos de tantas idas y venidas. Ellos viven en Japón y lo que para un europeo es un trayecto de pocas horas cada dos semanas cuando el Mundial está por aquí, para ellos es siempre un largo viaje desde Asia, al resto de paradas del calendario. Otro de los elementos que a veces le supone un inconveniente es la diferencia cultural y de carácter entre los españoles o europeos, y los japoneses. Eso no me sorprendió por lo que contó Marc en el documental del año pasado. Según Takeo, si se consigue aprovechar al 100% lo mejor de cada una de las culturas se consigue un resultado que supera a ambas. Y como este tema me parece muy interesante (y más teniendo en cuenta la situación; jamás había charlado de cosas así con ningún japonés), le pido la mayor diferencia entre culturas. Mientras, Tomonori San sigue analizando la conversación y de vez en cuando asiente lo que comenta Takeo. A mí me da respeto, pero a la vez también transmite un punto de cercanía. Yokoyama lo tiene muy claro: “los japoneses son más prudentes, van siempre con cuidado, piensan mucho las cosas. Los españoles actúan de manera más impulsiva, cuando les pasa una idea por la mente, enseguida la llevan a cabo. Los japoneses también tienen buenas ideas, pero no se vuelven locos, ven la idea, pero piensan que primero hay que hacer una cosa, y otra, y otra, y prueban otras cosas, hasta poner en pie esa idea”. Ahí le confieso que yo soy una de esas personas que siempre actúa por impulso o intuición, que también le doy vueltas a las cosas, pero que no suelo pensarme nada dos veces. Si lo siento de verdad, lo hago. Él logra entenderme. Me llama mucho la atención el hecho de que no se incluya al hablar de los japoneses, lo hace en tercera persona del plural. Tal vez casualidad del momento. O quizás varios años andando entre diversas culturas.

Antes de acabar y relacionado con el ímpetu español, le pido qué es lo más especial de trabajar con alguien como Marc Márquez. Takeo lleva tiempo con el de Cervera y lo primero que sale de su boca es: “hace cinco años que trabajo con Marc, pero ya he perdido tres de vida, es un piloto que siempre va al límite y siempre la lía. El mejor ejemplo es la última salvada en Valencia. Ahí sentí que mi corazón se paraba literalmente durante un segundo porque Marc no necesitaba hacer eso. El 99% de los pilotos se hubieran quedado detrás de Zarco, hubieran acabado segundo o tercero. Eso lo haces si eres un tío normal, pero él no lo es. Lo que hay dentro de su cabeza no es normal, pero por eso es Marc Márquez, por eso es el más fuerte y el más rápido”. Al responder esto gesticula con las manos, con determinación, ríe y sonríe y hace algún gesto en plan “¡qué le vamos a hacer!”. Esta temporada no ha sido fácil para él, aunque destaca que el peor momento que ha vivido con Marc fue a principios de 2016 y durante ese invierno: “en aquel momento yo estaba destrozado, luego la cosa empezó a ir bien, algunos se cayeron, otros tuvieron algún problema y a Marc empezó a irle mejor. Cada vez fuimos ganando en algo, a partir de la segunda mitad de temporada, sobre todo”. Y del último Campeonato: “empecé 2017 con menos nervios, pero hubo muchas cosas que fueron en nuestra contra. La caída de Argentina, el motor en Silverstone… Además, nuestros rivales han sido muy competitivos, sobre todo Ducati, y no hemos tenido nada asegurado. Ha sido complicado”.

Respecto a su trabajo con otros pilotos Honda, yo le pregunto con quién son más fáciles las cosas. Duda por unos segundos. Entonces le pregunto que al revés; que con quién es más difícil tratar. “Cal es el que más habla… Hace mucho ruido siempre, le gusta hablar, quejarse, decir muchas cosas siempre…”. Responde haciendo gestos con la cabeza en plan “acabas exhausto”. “Pero es importante trabajar con Marc, Dani y Cal porque eso nos permite desarrollar la moto basándonos en tres opiniones distintas. Y con Marc es más fácil porque siempre va al límite y eso nos facilita el trabajo, nos hace un gran favor. ¿Qué significa eso? Por ejemplo, le damos a probar dos chasis distintos. Hace una tanda de 10 vueltas con el viejo, entra y vuelve a salir para hacer otra tanda de 10 vueltas, pero esta vez, con el nuevo. Al acabar la segunda tanda, puede decirnos que tal vez no ha habido mucha diferencia, o que se ha encontrado algo mejor con uno, que con otro. En los datos se ve claramente dónde está esa mínima diferencia, en qué punto exacto porque siempre va al límite. Es muy difícil que un piloto consiga eso y él sabe hacerlo. Dani, por ejemplo, cuando no se siente bien con algo, corta gas. Ahí se producen diferencias de tiempos. Marc, no. Aunque Marc se encuentre ‘fatal’ con algo, sale del box y va al límite. Para los ingenieros eso es muy preciado porque nos permite saber exactamente dónde está la diferencia entre varios elementos”. Esto último me hace pensar en la habilidad de Marc y en su capacidad para hacer lo que hace. Desde hace tiempo considero que hay gente que nace con un don, con algo especial  y siempre he creído que lo que él tiene dentro es incalculable.

Y como toda historia llega a su fin… Takeo está casado y tiene dos hijas, Aska de 12 años y Haruka, de 7. Dentro de cinco, se ve igual de feliz que ahora, con su familia, porque para él, la familia es lo más importante. No quiere que cambie nada, quiere seguir ganando, luchando por títulos mundiales en MotoGP y trabajando con los pilotos con los que está en la actualidad. No quiere que cambie prácticamente nada y lo reitera varias veces. Es de las pocas personas que he conocido (no hablo solo a nivel entrevista) que me ha contado que no quiere que cambie nada de su vida, que es feliz tal y como está. El momento personal que le puso la piel de gallina de verdad fue el nacimiento de su primera hija. “De un día para otro, mi vida cambió, empecé a ser el papa de alguien (y dice papa en español, en lugar de dad daddy). Eso te cambia la vida para siempre”. Takeo conoce lo que es la felicidad y se le nota porque desprende un montón. Y yo que me alegro por él. Me preguntó que cómo me veía yo dentro de cinco años. Estuvo bromeando con mi respuesta hasta el momento de despedirnos. Espero verle igual dentro de cinco años y que sea yo la que esté…

 

 

 

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