40: El cambio imposible

El juego consiste en lo siguiente: antes de empezar, hay que eliminar de la mente aquello de “nunca cambiará/las personas no cambian/jamás será diferente/las cosas serán siempre así/esto no pasará/esto sí pasará”. Una vez nos hemos quitado esas frasecitas de la cabeza, lo único que hay que hacer es dejar volar la imaginación y ver hacia dónde te conduce.  Si ese pensamiento te ha llevado a algo o alguien cercano a ti, vas por buen camino, es lo que te sale de dentro sin pensar demasiado. Con el paso del tiempo y a medida que acumulamos aprendizajes y cosechamos esa tan preciada “experiencia” que parece que solo se consigue con el transcurrir de los años, los humanos cambiamos. O mejor dicho: observamos, modificamos, corregimos, evolucionamos y continuamos (también se pueden meter otros verbos, cada uno es libre). Hasta aquí, bien.

Es sencillo tomar ejemplo de situaciones que queremos repetir y a veces no lo es tanto cuando se trata de algo que nos gustaría evitar. Decisiones, decisiones y más decisiones. Saber sortear los baches y flotar entre las dificultades sin dejar que nos hundan no se consigue de hoy para mañana, pero si algo nos permite la vida, a veces, es cambiar. Aunque ahora, no toca hablar de eso. Sobre todo por lo vivido en 2017, casi a modo de balance, me quedo con algo que va más allá de un simple cambio, algo que es más fuerte que la  propia voluntad y que por mucho que se escape de lo tangible tiene un poder inmenso. Se trata de una característica inherente a nuestro ser.  Es lo que nos hace “únicos”. Es eso. Y es un cambio imposible. Si encuentras eso, si eres capaz de averiguar qué es lo que más te caracteriza, qué es lo que te define, tal vez te sea más fácil vivir en paz y en sintonía. Eso te da la opción de serte muy fiel, de saber tomar una dirección u otra porque es lo que te mueve en realidad.

Y es que eso te guía, te ilumina y no te falla, porque básicamente no depende de ti, ni de nadie más. Puedes hacerte el loco o la loca e intentar hacer ver que “no está ahí”, puedes ignorarlo y puedes restarle importancia, pero seguirá estando ahí, en tu interior. Eso hace que sepas qué es lo que quieres, a dónde debes dirigirte, hace que te conozcas mejor; que sepas dónde están tus límites y hasta dónde puedes arriesgar, eso hace que te enamores, que te rías o te enfades sin poder tú elegir ninguna de las tres reacciones anteriores, eso no entiende de lugares o circunstancias, ni momentos, ni contextos (y mira que yo soy pesadita con el contexto). Eso te hace ser quien eres, con tus más y tus menos, con tus días buenos y tus días light. Con tus virtudes y tus rarezas, con tus manías y tus singularidades. Eso nunca te abandona, como tampoco desaparece. Puedes esforzarte lo que te de la gana e insistir en ir en contra de eso, pero vas a fracasar en el intento, aviso. Depende de tu capacidad y tus ganas para encontrarlo. Una vez lo ubiques, tú decides si vivir y actuar en consonancia o simplemente ignorarlo y regirte por lo establecido, lo que debería ser y lo que no según “lo que siempre ha sido”. Poder disfrutar de sentirte libre, simplemente haciendo caso a tu eso y no tener que cortarte las alas con los demás debería ser asignatura obligatoria ¡y a veces es tan difícil!

Eso es ser uno mismo. Y eso no debería cambiarlo nada, ni nadie. El cambio imposible.

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