39: “Lo que nos permite vivir tranquilos es saber que siempre hicimos lo correcto”. Paolo Simoncelli.

Hay alguien que de vez en cuando hace magia sin darse cuenta. Ese alguien me dio la idea hace poco más de un mes de entrevistar al padre de Marco Simoncelli para el blog. Me encantó e incluso pensé: “¿cómo no se me ha ocurrido a mí antes?”. Ese mismo día contacté con Paolo para escribir lo que viene a continuación y me dijo que sin problema, que adelante. Esto ocurrió a principios de octubre. Su respuesta fue: “Estoy en Japón, llámame en noviembre”. El día 2 ya estaba escribiéndole de nuevo. Me dijo que estaría en el CEV en Valencia, que si quería nos veíamos allí. Yo hubiera ido hasta Italia si hubiera sido necesario, lo tenía clarísimo. 800km entre ir y volver no han sido nada en comparación a lo que sentí entrevistando o charlando con Paolo Simoncelli.

No sabía cómo sería y me daba muchísimo respeto porque soy prácticamente incapaz de separar mis sentimientos y en cierto modo me preocupaba poder preguntar algo que incomodara a Paolo. Las dudas se desvanecieron el momento en el que el sábado, a media mañana, me crucé con él por el circuito Ricardo Tormo y le dije: “¡Ciao Paolo, sono Irene!”. Él se acercó sonriendo: “¡Oh, la mia bambina!”. Me dio un abrazo, le conté un poco más sobre mí, por qué quería hablar con él y fuimos hasta el camión de su equipo del CEV. Le dije que me había desplazado hasta Valencia solo para hablar con él y bromeó al respecto: “¡Ah, pues entonces debo ser alguien interesante!”. Ahí supe que todo iría bien, me quité un peso de encima. Cálido y cercano, tranquilo y sin prisas, me dirigió hasta la pequeña sala del final del camión. Y yo me sentí algo más relajada, pero con tal profundo respeto que era imposible disimular las emociones al 100% (aunque tampoco tenía intención de disimularlas, la verdad; le dije que siempre escribo desde el corazón).

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Paolo es un hombre “grande” en todos los sentidos. Su modo de caminar, su mirada, su voz, sus palabras y su manera de expresarse tanto verbal, como físicamente, son el vivo reflejo de la cruz con la que le ha tocado vivir. Transmite tranquilidad y bondad, despierta muchísima ternura y cuando piensas “en lo que le pasó” se te rompe el alma. Sus gafas oscuras no consiguen esconder el destello de tristeza de sus ojos y me atrevería a decir que eso le acompañará el resto de su vida. Aun así, me recibe contento y desde el primer momento yo dejo claro que quiero que sea un rato agradable. No me apetecía en absoluto remover demasiado lo evidente (esto me hizo efecto rebote y fui yo la que en algún momento no controló las emociones).

Decidí que para coger confianza, lo primero era hablar del presente. Y en este caso, de su primer año en el Mundial. Paolo me cuenta que ha sido un año positivo en todos los aspectos, salvo en uno: a mitad de temporada se enteró de la marcha de Tony Arbolino a través de la prensa y eso le decepcionó. Pero en cambio, con Tatsuki Suzuki las cosas han ido muy bien. Él vio en el japonés un par de detalles que le gustaron mucho y apostó por él. Además, el chico quería una Honda y en la estructura del Sic58 la encontró. Define a “Tatsu” como un chico respetuoso e inteligente que valora lo que tiene. Esa respuesta me viene como anillo al dedo porque lo siguiente que quería saber era cuáles son los valores que busca en un piloto. Para él, lo más importante es que sean “chicos normales”, porque a día de hoy tras un éxito (podios, o incluso títulos) enseguida puede golpearte una realidad dura y feroz, según él. La moto no basta y hace énfasis en que las relaciones humanas y estar rodeado de las personas adecuadas es, en general, más importante que una moto… En global lo define como un “engranaje”. Ese tipo de símiles me encanta. Para saber un poco más, le pido qué consejo le daría a los padres de los pilotos jóvenes. Ahí se ríe y me cuenta que a veces eso puede ser un problema. Una de las cosas fundamentales para él es que un padre sepa cuándo no darle la razón a su hijo, en el caso de que no la tenga. Una buena dosis de realidad, antes que ir a ciegas solo por intentar ayudar a un hijo.

Mientras Paolo habla va moviendo las manos sobre la mesa y a mí me llaman la atención una barbaridad. Literalmente, tiene las manos más grandes que jamás he visto en mi vida y es algo en lo que me fijo a diario en la gente. No sé por qué, para mí dicen mucho. Las suyas hablan de fortaleza, de consistencia.IMG_5299 Yo no conocí a Marco en persona y en ese momento me pregunto si él las tenía igual que su padre. Entre tanto pensamiento, llega la hora de la verdad. Le pregunto cómo fue volver a Sepang después de 6 años. Él respira, hace una pausa y después de mirar hacia arriba y hacia abajo, con cariño sonríe y me comenta que cuando empezó a valorar la idea de montar un equipo en el Mundial, sabía que ese día tenía que llegar. Paolo tuvo que convencer a su mujer, Rosella, para que lo acompañara. Ambos se armaron de valor y fueron hasta allí. “Vaffanculo”, dice. Pero como yo no quería extenderme con lo más doloroso, le pido el mejor recuerdo no- deportivo que tiene con su hijo. Era inevitable hablar de Marco, pero sí era una opción darle un enfoque “alegre” (dentro de las posibilidades) al preguntarle por él. “El día que nació, pero ¿sabes qué? Mi mujer y yo tenemos la suerte de haber vivido 25 años preciosos con él y eso no nos lo quita nadie”. Responde con entereza y serenidad. Sigue hablando y descubre mi siguiente pregunta, sin que tenga tiempo de formularla. “Cuando estamos con los chicos de la fundación, nos damos cuenta de que a nosotros nos ocurrió una gran desgracia, pero nos sentimos afortunados porque nuestro hijo vivió feliz y nosotros lo fuimos con él. Hay padres a los que de la noche a la mañana les cambia la vida con un hijo discapacitado. Ellos (los padres) sí que son especiales por luchar a diario”. Para quitarse el sombrero. Precisamente de Marco, Paolo aprendió a “tratar” con chicos con algún tipo de discapacidad. Con una sonrisa enorme me cuenta que sobre todo cuando empezaron con la fundación, le costaba saber cómo acercarse a ellos o cómo actuar, por miedo a no hacerlo bien. Acabó siendo fácil: una de las cosas que caracterizaba a Marco era que cuando uno de estos chicos, en algún lugar, le pedía un autógrafo o una foto, él actuaba con total normalidad, se acercaba y les daba un abrazo. Así lo hace Paolo. La novia de Marco, Kate, sigue viviendo con la familia Simoncelli y se encarga de la fundación.

Con un trasfondo personal, le pido a Paolo cómo es “la vida después”, cómo consigues salir adelante cuando el destino te da un golpe de tal calibre. Cuatro o cinco segundos de silencio, ojos húmedos, sonrisa tierna y con dulzura: “Lo que nos permite estar tranquilos es saber que hicimos siempre lo correcto. Nos sacrificamos, le ayudamos y le acompañamos en su trayectoria hasta que consiguió su sueño. Conozco casos de padres que han perdido a un hijo o hija con el que no tenían buena relación y eso les impide salir adelante. Marco siempre está en el trasfondo de todo lo que me ocurre durante el día: desde que me levanto, hasta que me acuesto, él está ahí (y señala una línea recta bajo sus ojos, haciendo referencia al interior de su mente). En todo lo que dices, lo que haces, por dónde pasas… Llevas a cabo tu vida, pero él te acompaña en ese trasfondo”. Reconoce que ahora que está más ocupado con su trabajo en el Mundial hay momentos en los que está mejor; agradece tener la cabeza pensando en otras cosas para no darle tantas vueltas. Y por ende, eso ayuda en su entorno familiar. Si Paolo está contento, Rosella y Martina (la hija menor) también lo están. Una cadena, dice él. Me sorprende la capacidad de reflexión y la paz interior que tienen tanto él, como su mujer. “Con mi mujer más de una vez hemos hablado de que tal vez si Marco hubiera sido albañil, aquel día se hubiera caído de un tejado. Era su día y su hora. Nada más”. Qué duro. Supongo que me vería la cara y la mirada porque tras esa respuesta, me coge la mano y me la aprieta con fuerza. Apenas son cinco segundos de complicidad, pero me ponen la piel de gallina como hacía tiempo no me ocurría. No podía faltar tampoco esa pregunta. ¿Qué le pone la piel de gallina a Paolo? Dejando a un lado todo lo vivido con su hijo, le eriza la piel ver a un piloto joven conseguir un podio o alguna otra meta marcada como objetivo.

Paolo siempre le decía a Marco todo lo que pensaba al final del día, en cada Gran Premio. El padre siempre dejaba que el hijo cumpliera con sus quehaceres y al terminar la jornada, cuando este se acercaba y le decía: “allora, ¿ba?” (¿y bien, papá?), Paolo siempre le decía todo lo que pensaba. Dice que Marco hacía ver que no lo escuchaba mucho, pero en realidad interiorizaba todo lo que le decía. Y se ríe. Prosigue contándome que su hijo a ratos era un poco “somaro” (burro, en el sentido bueno) porque antes de culpar al resto, cargaba con la responsabilidad de todo cuando las cosas no salían del todo bien, pero que eso también era parte de su manera de ser, que fue alguien muy especial. Mientras recuerda esa anécdota, aparece Rosella, su mujer, en busca de una botella de agua. También tiene el pelo rizado, es muy guapa y al contrario que su marido, es “poquita cosa”. Le cuento quién soy y a qué me dedico y con mucha amibilidad me pregunta cuatro cosas más. Amable y cariñosa, protectora. Yo no conocí a Marco en persona, pero tras haber compartido casi una hora con el testimonio de su padre y haber coincidido fugazmente con su madre, solo puedo decir que si dejó huella también fue porque tuvo a su lado a dos personas que lo hicieron muy bien con él.

No soy madre y no sé lo que es perder a un hijo, pero si algo he aprendido de los Simoncelli es que evidentemente, mantener vivo el recuerdo es importante, pero lograr transmitir los valores y el espíritu de quien ya no está es inigualable. Grazie mille.

 

 

 

12 comentarios sobre “39: “Lo que nos permite vivir tranquilos es saber que siempre hicimos lo correcto”. Paolo Simoncelli.

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  1. Muy bonita entrada. Cuanto transmite. Lo que saco yo de esto es que como padres (los que lo sean) y todos en general debemos vivir el momento y aprovechar todo el tiempo que tengamos con las personas a las que queremos.

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  2. Nunca fui Fan de Marco, porque pensé que algunas veces era demasiado explícito en sus acciones hacia otros pilotos, pero me has hecho soltar unas lágrimas con esta entrevista. Y lo empiezo a echar de menos en pista .
    Tengo una foto con Marco y con Paolo también, fruto de mis visitas por el paddock del circuito R.Tormo. aunque no llegué nunca a conversar con ellos

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