36: Los muros y el saco

Hay muros invisibles que podrían ser de una envergadura superior al más fuerte y alto de los jamás construidos. Muros que crecen a diario y que la mente no permite que sean derribados a golpes. Ojalá. Se trata de muros resistentes, con cimientos quizás débiles, pero que aguantan lo que no está escrito. Esos muros se arraigan con fuerza en lo más profundo de lo intangible. Y cuesta muchísimo hacerlos desaparecer y empezar a ver lo que hay detrás de ellos. Hace dos años me pasaba los días enfrentándome a uno de esos. Creía que me tocaría vivir con esa barrera durante mucho tiempo. Error.

El domingo, después de responder reiteradas veces sobre las órdenes de equipo, Dovi se coronó sin haber conseguido el título. Y no hablo de nada referido a lo estrictamente deportivo. Contó que cuando Marc llegó al Mundial, él estaba atravesando un momento muy difícil y siempre lo veía “a lo lejos”, desde la distancia, pensando que sería muy difícil jugársela con él algún día. Ya sabemos cómo le está yendo el año. El italiano añadió que ese pensamiento limitante simplemente le había demostrado lo cerradas que pueden llegar a ser nuestras mentes, nuestras cabezas. Con asiduidad pensamos que algo permanecerá igual de por vida, nos lamentamos y de ahí no salimos. El bucle engancha, ¿eh? Eso es lo peligroso. Es muy fácil caer y bastante duro empezar a trepar. Dovi también reconocía que durante la última vuelta, se le pasó por la cabeza qué es lo que pensaba en ese mismo instante, en 2016, cuando volvió a ganar después de años sin hacerlo. Le alucinaba lo que pueden cambiar las cosas en un año, con tan solo darle un giro al enfoque. Que en ocasiones se trata de eso, de tener la capacidad o saber revertir primero nuestra mentalidad, y luegos nuestras acciones. A mí eso me parece muy inteligente. No es nada sencillo ni rápido, pero se puede. Yo recuerdo que hace dos años me dijeron: “Irene, esto no va a ser fácil, va a costar un poco, pero todo acabará pasando e irá a mejor” (y no me refiero a nada profesional-laboral). Así fue. En aquel momento no me imaginaba ni la mitad de lo que me ha ocurrido hasta ahora. Los muros invisibles son muy resistentes, pero ser fiel a uno mismo y echarle narices son decisiones que, sin ninguna duda, superan el tamaño de cualquier muro que se interponga en nuestro camino. Muro que se te ponga, muro al que le pegas una patada. Y a correr.

Luego está el saco. El maldito saco y la maldita manía de meterlo todo y a todos, por sistema, en el mismo saco. Al saco van todas las personas que cumplen con una mínima característica que nos recuerda a otra persona que un día hizo no sé qué… A ese saco también van todas las experiencias que nos marcaron de por vida y que creemos que nos volverán a ocurrir. Como si tuviéramos el poder de anticiparnos a todo, así porque sí, porque nuestra cabeza es la más lista del mundo y lo sabe todo. No, no y no. Dentro de ese mismo saco también almacenamos nuestras cargas, las que no nos atrevemos a tocar por miedo a sufrir, pero que tampoco acabamos de solucionar y solo hacen que aumentar. Ahí siguen todas esas joyitas. Una mezcla de lo peor de cada casa, con la diferencia de que la casa somos nosotros. Categorizar y comparar no suele ser lo más adecuado. No digo que no debamos tener en cuenta el pasado, tampoco digo que debamos hacer como si nada, pero creo que a veces, nos cebamos etiquetando lo que aún no ha llegado, en base a todo lo que llevamos en nuestro saco, como si fuera una gran referencia. Tal vez podríamos mantener el saco, pero rasgándolo tímidamente (o a lo bestia, según te apetezca), para que así todo eso vaya desapareciendo al ritmo que queramos. Cuestionándonos que quizás no todo sea igual y no todas las personas vayan a hacer lo mismo, es probable que abramos la puerta a algo infinitamente bueno.

Y para muestra, la temporada que estamos viviendo. Ya se ha convertido en un clásico de las ruedas de prensa: “En este mundial, todo puede ocurrir”. ¿Hace falta que diga que en la vida es exactamente lo mismo?

Un comentario sobre “36: Los muros y el saco

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  1. Penúltima recomendación tuya leida, muy de acuerdo, sobretodo con el saco, metemos muchas cosas en él, y la verdad es que sacamos muy pocas, siempre se quedan ahí, siempre justificándonos. Gaaas al micro Irene.

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