Hay muros invisibles que podrían ser de una envergadura superior al más fuerte y alto de los jamás construidos. Muros que crecen a diario y que la mente no permite que sean derribados a golpes. Ojalá. Se trata de muros resistentes, con cimientos quizás débiles, pero que aguantan lo que no está escrito. Esos muros se arraigan con fuerza en lo más profundo de lo intangible. Y cuesta muchísimo hacerlos desaparecer y empezar a ver lo que hay detrás de ellos. Hace dos años me pasaba los días enfrentándome a uno de esos. Creía que me tocaría vivir con esa barrera durante mucho tiempo. Error. El domingo, después de responder reiteradas veces sobre las órdenes de equipo, Dovi se coronó sin haber conseguido el…