34: “Con una mirada nos entendemos”. Vicki Navarro Valiente.

Vicki y yoPoned su nombre en Google. Lo más probable es que no deis con ella. Punto importante por el cuál quise saber más. Y es que Vicki es una gran mujer que suele pasar desapercibida, pero si la conoces, llama la atención tan solo al oírla hablar. Es pequeñita, rubia, tiene los ojos saltones, una voz súper bonita y llena de fuerza (desde que trabajo con mi voz me fijo muchísimo en las voces) y emana bondad y ternura. Precisamente por eso que transmite y por haberme sorprendido tanto su discreción, supe que quería entrevistarla para el blog. Ella es fuerte, positiva, urbanita, vive cada día como si fuera el último y no le tiene miedo a nada; ya lo dice su segundo apellido, “Valiente”. Coincidimos por primera vez el 4 de marzo de este año en Andorra, durante el fin de semana de la presentación del Reale Avintia Racing. Cuando nos presentaron y supo que yo era la traductora de Movistar MotoGP, me dijo con una sonrisa: “ay, ya decía yo que tu voz me sonaba”. Me hizo muchísima ilusión aquel detalle (lo de siempre: yo sigo creyendo que casi nadie me escucha). A todo esto: Vicki es, nada más y nada menos, la mujer que le dio la vida a Alex Rins (y más tarde, a Alba, la pequeña de los hermanos).

El sábado del GP de Japón, tras las casi 11 horas de directo nocturnas, puse rumbo a Valdealgorfa para tomar un café con Vicki. Llegué donde nos habíamos citado y lo primero que me dijo fue: “¡Irene, que ya ha pasado casi un año desde la última vez!”. Me fascina lo rapidísimo que pasa el tiempo si cuentas por Grandes Premios, en lugar de por meses. Nos sentamos en el pórtico de El Claustro, un bar que conserva el patio interior de un antiguo convento que da nombre al lugar. Estuvimos algo más de una hora charlando y debo decir que fue muy emotivo.

Vicki nació en Barcelona en 1966 y de niña quería ser piloto de avión para viajar y ver mundo. En el colegio le sugirieron que se dedicara a algo relacionado con el turismo, pero ella seguía con la idea de ser piloto de avión. Lo tenía muy claro; hasta tal punto que se informó de dónde tenía que estudiar para llevarlo a cabo y se lo planteó a sus padres de verdad. Pero llegado el momento, tenía que mudarse a Madrid, debía tener un tutor, valía mucho dinero… Y al final, fueron sus progenitores los que la hicieron pensar un poco. Puesto que ella misma cuenta que siempre fue “una empollona” acabó estudiando Derecho. Y se dedicó a ello hasta hace un par de años. En su primera etapa como abogada, ejercía en el departamento de Oficio e iba para arriba y para abajo haciendo guardias. Paréntesis: por si no lo he dicho, me encanta la gente. Me encanta escuchar historias así de las que no tenía ni la más remota idea. Es muy enriquecedor. En este caso, lo bonito es que si bien al principio Vicki es algo más reservada, en cuanto se siente algo más cómoda la conversación fluye sin tiempo, ni limitación. Le van viniendo cosas a la mente y como todas son nuevas para mí, me fascina aún más. Cierro paréntesis.

Quizás por aquello de que los polos opuestos se atraen, Vicki se casó con Rafa Rins, un hombre extrovertido y llamativo al que sí estamos más acostumbrados a ver por la tele. Se conocían de toda la vida, desde niños; él era amigo de sus primos (Vicki solo tenía primos) y jugaban juntos. Sus caminos se volvieron a cruzar siendo adolescentes en un curso de esquí y hasta día de hoy. En 1993 se casaron y al cabo de dos años llegó Alex. Es gracioso porque a medida que vamos hablando, van saliendo anécdotas y me cuenta que cuando estaba embarazada de él, en aquel momento hacía guardias en el trabajo y a veces se encontraba en una comisaría con el detenido, tal vez tenía que ir al juzgado y casi siempre la dejaban pasar antes por ir con el bombo. Y ella no decía que no. Lo cuenta de manera muy expresiva y me resulta divertido. Tiene mucha vitalidad y energía. Vicki se define a sí misma como una persona sencilla y sensible, de casa. Es cercana. Alex se parece mucho a ella, tanto físicamente, como por lo que cuenta. Y Alba, al padre. Una chica con las cosas claras y muy determinada.

Vicki y Rafa solían salir en quad y cuando Alex tenía 3 años, le regalaron uno pequeñito para él, porque a Rafa le hizo ilusión. A Alex también, pero pronto descubrieron que había algo que le gustaría más. La hija de unos amigos suyos tenía una moto: aquello convenció más a Alex y el quad quedó en segundo término. Entre una cosa y la otra, el mayor de los Rins-Navarro estuvo dos años (de los 3 a los 5) pidiendo una hermanita. Tenía que ser “hermanita” y tenía que llamarse Alba. Dicho y hecho. Durante el embarazo, Vicki me cuenta con los ojos llenos de amor que Alex le hablaba mucho a su hermanita incluso antes de que naciera, que tenía muchísimas ganas de que llegara. Y Alba, de pequeña, fue todo lo contrario a Alex: él era “travieso” para comer, un niño muy inquieto y activo… Ella iba sola, prácticamente. Una niña buena, tranquila, que sacaba y saca muy buenas notas. Por detalles y anécdotas, desde siempre han ido los 4 a una: cuando Alex tenía una carrera, padre e hijo estaban en pista y madre e hija donde hiciera falta, ya fuera en el coche esperando y jugando, como ocurrió una vez en Navarra (las condiciones no eran las más favorables) o en algún otro sitio. Y en verano, cuando las amigas de Alba quizás habían estado de viaje o en la playa, ella había visto “el circuito de Portugal”. De hecho a Alba, le encanta la velocidad y de vez en cuando sale con su hermano. Una vez, un mecánico de Alex le preparó una moto a ella, para que también empezara a correr de forma profesional, pero era muy grande para ella en aquel momento y acabó usando la de su hermano cuando empezó. Mientras Alex entrenaba, Alba pasaba ese tiempo en el parking corriendo en moto acompañada por Vicki. Lo que decía, 4 que han ido siempre a una.

Desde el nacimiento de su segunda hija, Vicki trabajó en la Generalitat de Catalunya, en el departamento de Justicia como abogada de oficio, ayudando a aquellas personas que no pudieran permitirse ese tipo de servicios. A ella le encantan las personas, le gusta mucho comunicarse y el contacto con la gente.

Ahora viene la parte más bonita (o al menos, para mí). Vicki y Alex tienen una relación muy especial. Ella necesita estar cerca de él en las carreras, pero no necesariamente a su lado o en el box. Simplemente el uno sabe que cuenta con la presencia del otro y que así, todo irá bien. E incluso ella evita cruzarse con su hijo antes o después de según qué momentos, porque sabe que con tan solo una mirada, saben lo que piensan y no quiere que eso interceda jamás en el trabajo de su hijo. Evita que las emociones puedan afluir y así se asegura de que cada cosa, a su momento. Primero el trabajo y luego, lo demás. También discuten, como cualquier madre e hijo porque Alex tiene carácter, pero ella siempre ejerce su papel de mediadora en la familia. Pone paz y me lo creo, transmite mucha. No se considera una madre protectora, de hecho, nunca ha impedido o prohibido a sus hijos que hicieran algo, sino todo lo contrario: que elijan, pero que cumplan con sus obligaciones también. Ella misma me cuenta que hay veces que la paran por la calle y la gente le dice que tiene dos hijos fantásticos. “Pues no lo habremos hecho tan mal”. ¡Pues no! Esa es una de sus mayores satisfacciones como madre.

Lo pasa mal cuando Alex está en pista, pero es positiva y se dice a sí misma que todo saldrá rodado. Y si no está en el circuito, necesita saberlo todo: qué neumáticos lleva, qué tiempo ha marcado, en qué curva está en cada momento, etc. Todo, todito, todo. Como ya he comentado antes, ella no le tiene miedo a nada, vive el día a día al máximo y hablando de esto, se emociona. Ese momento fue impagable para mí. Sigue contándome y dice que al final, de todo se sale, excepto de una enfermedad o cosas muy graves, que por eso no pierde el tiempo en lamentaciones. Alex también parece ser como ella, cuando ha tenido alguna lesión, más allá del infortunio, se ha limitado a hacer lo que le dicen los médicos paso a paso, sin hundirse ni pasarlo excesivamente mal. Una cosa tras otra, y finiquitando asuntos.

Y la pasión de Alex por las motos… Es muy probable que venga de su abuelo materno, al que no conoció porque falleció a los 54 años siendo Vicki joven, pero al que le encantaban las motos. Ella lo lleva en los genes y a Alex lo llevó 9 meses dentro… Así que algo le habrá traspasado.

Esta entrada es solo un ¡hasta pronto, Vicki! Aún queda la abuela Pura, que al parecer domina todos los datos habidos y por haber en lo que a las motos se refiere. Habrá que ir a verla, ¿no?

2 comentarios sobre “34: “Con una mirada nos entendemos”. Vicki Navarro Valiente.

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  1. Me encantan estas entrevistas a las madres de los pilotos y las historias que cuentan. Genial trabajo una vez más. ¿Quién será la siguiente? Como idea, sería muy interesante una entrevista a la madre de la traductora de MotoGP. Ahí lo dejo.

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  2. Deseando conocer a través de tu inteligente, bonitas y amenas entrevistas, la base fundamental en la personalidad de los pilotos que son su familia.
    No tardes mucho en hablar con Puri…. La abuela de talento Rins42… Estoy deseando leerla. Gracias Irene
    👏👌👍

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