31: La huella

Me gusta pensar que la misión de algunas personas es dejar huella en el camino. Da igual el nivel de impacto o la repercusión, lo importante es que en un momento determinado dejan su marca personal en el transcurrir de su vida y por ende, en la de aquellos que la rodean. Se trata de personas con algo especial, que brillan un pelín más que el resto y que simplemente, “tienen algo más”. A unos les parecerán mejor y a otros peor, pero nadie (o casi nadie) dudará de sus peculiaridades.

El sábado pasado fui testigo del homenaje a Ángel Nieto en Madrid. Intento recordarlo y fue totalmente abrumador (en sentido positivo). Me metí entre la multitud, caminé entre las motos, hablé con moteros y con pilotos, corrí por llegar a unos y otros, fui hasta el Jarama en moto y lloré entre una cosa y la otra. Ángel dejó huella; eso es indudable. Él y su trayectoria fueron capaces de reunir a miles y miles de personas en un mismo lugar. Respeto y admiración, cariño y tristeza, alegría y unión. Eso era lo que yo respiraba (e incluso me cuesta describirlo en esta entrada). A eso le llamo yo dejar una gran huella: hacer que tu vida tenga sentido para ti y para tantísimos más, enseñar hasta dónde se puede llegar y demostrar que cuando algo se vive de manera tan intensa, es capaz de superar cualquier obstáculo. Que los principios nunca son fáciles, pero que lo bueno acaba llegando con la paciencia adecuada y las ganas oportunas. ¡Vaya si le puso ganas a la vida el maestro! Así es como debería ser siempre.

Dejando a un lado ese día, en general creo que no hace falta hacer mucho para dejar un pedacito de ti en los demás. Basta con una muestra de afecto, con un consejo que llega en el momento preciso o con un gesto que aparece cuando quien lo recibe no se lo espera. Una vez me dijeron que “hay personas que están de paso en tu vida”, personas que conoces una vez, que te acompañan durante un tiempo y que luego prosiguen su camino, pero separándose del tuyo. Esas personas también dejan huella. Te enseñan algo, te aportan mucho y quizás emerjan revoloteando entre tus pensamientos al menos una vez al día. Con esas personas “de paso” tal vez la historia no acabe como a ti te hubiera gustado, pero al finalizar ese periodo es muy probable que tu manera de ser o de enfocar la vida haya cambiado gracias a su huella. Habrás aprendido y habrás vivido cosas imborrables (tanto en lo bueno, como en lo malo) que te permitirán ser mejor, seguramente, ya que se trata de huellas que en su momento han pisado fuerte, que han calado en lo más profundo de tu tierra. Pero, eh, nada de lamentarse por dejar de pisar junto a esa huella conocida: lo que viene después, suele ser mejor a lo anterior. Mientras, que te quiten lo bailao.

 

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