A veces desearía que mi cabeza no fuera tan rápido y que en ella cupieran menos pensamientos. O quizás los mismos pensamientos, pero más escalonados, que tampoco hay prisa, que el mundo no se acaba mañana (o eso parece). No sé lo que es tenerla en blanco y en la rueda de prensa de hoy, mientras interpretaba a Danilo Petrucci, me he puesto a reflexionar (por si no tuviera bastante) y sus palabras me han servido de inspiración para hoy. Precisamente Danilo es uno de los que a ratos, “me gusta menos” tenerlo en rueda de prensa: puede pasar de ser el más divertido del mundo a uno de los más complejos debido a alguna dificultad que tenga en inglés (se esfuerza un montón siempre, ¿eh?) y eso ralentiza un pelín mi trabajo.

Hoy, un periodista le ha preguntado que si hubiera dejado pasar a Dovi para así cederle la segunda posicíon. Hasta aquí, la pregunta está bien; lógica, normal, de cajón incluso. Pero en mi caso, lo que “me ha sabido mal” por Danilo es que añadiera después: “porque a ti un segundo o un tercer puesto te da igual”. No voy a profundizar mucho porque no sé cuál era la intención de la persona que lo ha preguntado y no puedo juzgar, pero creo que no era la manera. A nivel de cálculo matemático y de posiciones en el Campeonato sabemos que sí, que Danilo no se juega nada “importante”.

Hay maneras y maneras de decir las cosas. Cada persona, sea como sea, tenga la edad que tenga y se dedique a lo que se dedique, está pasando por un momento X de su vida. Eso implica un rango amplio de emociones que van desde la felicidad máxima, a la tristeza profunda, pasando por altibajos o por épocas algo más “planas”, sin más. Por eso creo que la prudencia debería ser un mantra antes de dar nada por hecho y empezar a dar consejos u opiniones o a juzgar sin motivo. Quizás para Danilo sí que hay una gran diferencia entre un segundo y un tercer puesto (ahora me apoyo en el ejemplo de Petrux, pero véase que es solo a modo de referencia, pobrete), él tiene sus planes y sus objetivos. Si bien defiende los colores de una fábrica y cuando llegue el momento echará un cable a su compañero, eso no significa que tenga que abandonar sus marcas personales por otro.

Ese es el problema. En la vida fuera de las carreras y según todos los factores anteriores (contexto, momento personal, etc…), acabamos “tragando”. Fruto de la inseguridad o de la dificultad para alzar nuestra voz, en más de una ocasión no decimos lo que pensamos por miedo, rabia o simplemente por no saber cómo hacerlo. Al César, lo que es del César. Nadie está por encima de nadie (creo yo) y todo el mundo merece luchar por lo que es suyo. Cada uno es libre de marcarse sus objetivos y de perseguir lo que considere oportuno. Y si por aquellas casualidades de la vida Fulanito o Menganito no está de acuerdo, existen millones de formas de decir o sugerir las cosas con educación, sabiendo que el receptor no se va a sentir herido. Por desgracia y por lo que hasta ahora yo he visto, el “analfabetismo emocional” está a la orden del día y algunas voces emiten cada juicio que me dejan muerta, ¡aaaay si se oyeran! No está de más pensar antes de hablar e incluir tacto en las aportaciones. El mundo lo acaba agradeciendo.

 

(Ah, a todo esto, lo mejor es pasar olímpicamente de aquellos a los que les fallen las maneras, ¡eso acelera el proceso!)