29: Interpretación al desnudo

Cualquier cosa a la que dediquemos nuestro tiempo, a priori, debería estar hecha con amor (o al menos con un poco de cariño, va). Obviamente la gama de grises es infinita y cada uno decide cómo actuar, pensar, soñar, hablar, observar, etc. ¡Faltaría más! A mí me gusta mimar mis traducciones, darles color cuando el discurso original quizás es algo sobrio y rematarlas cuando algo queda en el aire (ojo, esto no significa que “cruce la línea”; eso jamás). Y puesto que hasta ahora he ido compartiendo todo lo bueno que me aporta mi trabajo, todo lo que me hace sentir y lo mucho que me llena, he decidido que esta vez voy a desvelar (espero que esto jamás se use en mi contra) algunos de mis “secretos” desde el punto de vista de la dificultad, lo opuesto a lo precioso y magnífico, es decir, me apetece contar algunos de los obstáculos que tengo que sortear en los momentos en los que no todo depende de mi cerebro y cómo lo resuelvo.

Vamos por partes: en primer lugar, remarco que me encanta lo que hago (por si nadie lo sabía), que me parece divertido y entretenido, que me satisface mucho, que me da vidilla cuando hay algún cruce de declaraciones y que como ya conté en la entrada número 13, me salto la norma a la torera. Y lo seguiré haciendo. Eso tiene que quedar muy claro: seguiré haciéndolo así. Voy a seguir siendo fiel a mi manera de traducir, aunque se salga del molde. Dicho esto, he aquí algunas las cosas que me dan miedo:

  1. Los números. Mis enemigos. Puedo tenerlos clarísimos, haberlos entendido a la perfección y haberlos traducido mentalmente, da igual, siempre me crean inseguridad y no sé bien por qué. Supongo que porque se trata de datos muy precisos y ahí el error se paga más caro. No siempre, pero más de una vez y de dos y de cuarenta, cuando he tenido que traducir algún “thirty-four victories, twenty-five pole positions…“. Al tener que ir tan rápido, para no atascarme demasiado, mi mente y mi voz se ponen en sintonía y sale lo siguiente: “más de treinta victorias y muchas pole positions…”. Ojo, no estoy diciendo que lo haga siempre y que no lo entienda, se trata de una estrategia para salvar la situación sin inventarme nada, ni mentir a nadie y así ser fiel a la interpretación y al que está hablando.
  2. El pit lane.  Me gustan las entrevistas de pit lane, pero suelen ser muy complicadas porque no se oye nada, o casi nada. Implican que reviente el volumen de los auriculares, que no escuche en absoluto mi voz y que algunas cosas se queden en el tintero. Si no oigo, no traduzco. Si oigo a medias, intento hilarlo bonito y formar una estructura con sentido. Con todas mis fuerzas trato de no dejar frases inacabadas. Sé hasta dónde puedo llegar y hasta dónde puedo tirar de mí. Sin embargo, muy, muy chungo cuando hay motos en pista, se cuelan por todos los canales de audio posibles.
  3. Las palabrotas. Supongo que por miedo a patinar, en cuanto oigo una palabrota, lo primero que piensa mi cabeza es que soy yo la que se ha fumado algo y ha oído una palabra malsonante. No, en el fondo, no. En realidad el piloto ha dicho esa palabra y se ha quedado tan ancho, y me toca a mí decidir en menos de un segundo cómo salir de esa. Pues como estamos en horario infantil y no solo por eso, sino que en general hay que mantener cierto nivel, yo no sangro demasiado y tiro de equivalentes, algo más “ligeritos”. Aquí puede haber miles de opiniones (tampoco las pido), pero ante todo corrección, que luego salen titulares y no me apetece poner nada demasiado fuerte en boca de nadie. Podría poner varios ejemplos en este apartado y en la mayoría me daríais la razón (no los enumero y así los comento en otra entrada)
  4. Las bromas o las ironías. Este apartado lo podríamos llamar interpretación exigente. Aquí más allá de conocer el idioma, necesito saber el carácter, los antecedentes y el humor del piloto. Y no solo eso: dependiendo de su origen, soltará alguna que quizás no tenga nada que ver con lo que se diría en español. De ahí salgo como puedo. En general no suele dar mayor problema y siempre se me ocurre algún ejemplo socorrido y rápido, pero acertar es arriesgado. Yo me lanzo a la piscina y que sea lo que Dios quiera. El directo tiene eso; quizás algún día meta la pata hasta el fondo, pero ya pediré perdón. Son muchas decisiones en muy poco tiempo.
  5. Los verbos mal expresados o mal conjugados. Aunque parezca una tontería, los verbos son un quebradero de cabeza. Valentino Rossi, por ejemplo, casi siempre habla en presente e igual te está contando una victoria de 1999. Y Rossi es de los italianos que mejor habla inglés. ¿Cómo lo resuelvo? Más allá de prepararme 84283948093240 datos antes de cada rueda de prensa para ir sobre seguro y tener clara toda la información que pueda, cuando sé que habla del pasado, traduzco en pasado aunque pronuncie en presente y cuando no, rectifico con algún matiz mío a modo de “recapitulación” para que quede más natural.
  6. Voces pisadas. En alguna rueda de prensa los pilotos se vienen arriba y hablan a la vez. Ahí yo me vuelvo loca. Suele ser divertido, pero también corro el riesgo de no llegar a todo. Hago hasta donde puedo, decido qué elementos son más importantes de todas esas voces y traduzco los más destacados, porque solo tengo una voz y no puedo hacer la de dos, tres o cuatro hombres a la vez.

 

Y hasta aquí, que si no, no tiene gracia. No todo es fácil, esto no es un paseo y las dificultades también forman parte del trabajo. Contarlas tiene su riesgo, pero es lo que es y me apetecía mostrar un pelín la otra cara de la moneda. Para mí esto es como cocinar algo a fuego lento con un millón de ingredientes. Suele ocurrir que quizás algún día me pase con alguno de ellos, o me quede corta y tenga que salir a por más provisiones antes de seguir. No pasa nada, la clave también está en salir airosa. Al menos le pongo mucho amor y mucha dedicación para que esté bueno. Unos días quedará mejor y otros no tanto, eso nunca puedo saberlo con anticipo porque cada día es diferente y la improvisación es mi gran amiga, pero me atrevo a decir que de momento, esta cocina la estoy haciendo mía y me siento bien en ella.

 

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