25: Razón VS Corazón

A ver quién se atreve a poner un claro ejemplo que defina cuál de las dos opciones es mejor. Difícil. La una nos mantiene con los pies en la tierra y la otra nos dispara a un millón de escenarios distintos. No digo cuál corresponde a qué, porque para algunos quizás es el corazón el que mantiene a uno firme y es la razón la que te da algún que otro impulso. Cada uno, que lo clasifique según lo estime oportuno. Generalizar, ¡como que no me gusta! Por eso, en mi caso, necesitaría echar mano del tan valioso contexto (los traductores siempre necesitamos contexto para todo, nunca se puede traducir una palabra así, sin más; siempre debe ir acompañada de contexto y con esto, igual).

Vamos por partes: cuando se trata de tomar decisiones, la razón suele atañer a algún  argumento. Solemos llamarle “lo lógico”, “lo seguro”, “lo sensato”. “No hago esto porque si no….” y una larga lista de afirmaciones o negaciones del estilo. Hacer caso a la razón puede ser garantía de éxito, pero también puede privarte de él. Y la intuición, lo contrario: puedes tener todas las de la ley para hostiártela, pero oye, si sales airoso, tal vez triunfes por todo lo alto, tal vez consigas lo que siempre has querido. Evidentemente, la gracia está en el equilibrio, en saber discernir en qué ocasión hay que hacer un all in y cuando hay que frenar. Hasta aquí, todo bien.

Dovi lo contó hace unas semanas, él es un piloto que usa más el caballo blanco, que el caballo negro. Solo galopa con el negro cuando sabe que puede hacerlo. Es decir, que le echa más cojones cuando realmente tiene esas garantías de éxito. Y si no, salva los muebles “sí, o sí” actuando como el caballo blanco (y es algo admirable). Si lo extrapolamos a nuestra realidad, podríamos decir que la prudencia te puede dar cierta estabilidad, pero solo el atrevimiento te hace brillar. Ser prudente y pensar las cosas millones de veces es fantástico, vas sobre seguro, pero para marcar la diferencia hay que ir un paso más allá, hay que dejarse llevar y eso para mí, es la bomba. Sentir que no se sabe lo que ocurrirá, pero que tú has puesto toda la carne en el asador. Esperar con toda tu energía positiva a que las cosas fluyan, con o sin prisa. “Ahora o nunca” y que sea lo que Dios (o la divinidad que os apetezca) quiera. Pero, ¿cómo distinguimos entre ese momento, o una simple duda que nos pasa por la cabeza? ¿Cuándo hay que dejarse llevar? Cuando te lo diga la intuición. Y a esta, es fácil reconocerla, aunque hay que saber hacerlo. A mi modo de ver las cosas, es nada más y nada menos que nuestra voz interior. Te sale de dentro, literal. He dejado de hacer referencia a esta parte como el “corazón”, porque para mí, en este contexto en concreto, se trata más de “la intuición” y sale desde más abajo, como si estuviera justo debajo de las costillas (o así la interpreto yo), una especie de fuerza enorme que me empuja a actuar. Si hay algo que me ronda por la cabeza, pero ahí “siento” que tengo que hacerlo, es cuando me lanzo en plancha y no dudo. Suele ser una sensación muy fuerte, como si mi cuerpo me hablara y no me dejara avanzar hasta que hago o digo eso que siento. Y sí, que sea lo que Dios quiera, a lo hecho pecho y más se perdió en la guerra. No pasa nada por intentarlo. Normalmente, suele ocurrir que detrás de ese ímpetu final, hay cientos de argumentos sólidos. Es decir, todo está relacionado.

Que sí, que razonar está muy bien, que ser coherente y consecuente es básico para que algo salga según lo deseado, que hay que saber hacer caso de nuestro corazoncito sin que nos juegue una mala pasada y acabemos jodidos, pero ante todo, lo más importante es ser fiel a uno mismo. Siendo fieles a nosotros mismos, escuchando nuestra “voz interior” y evitando que de fuera vengan a hacernos titubear, el éxito está más que asegurado. Cuando ese cimiento es totalmente sólido y fuerte, la razón y el corazón actúan solos, sin necesidad de darle más bombo al asunto. Es una cadena: eres fiel a ti mismo>escuchas tu voz interior>actúas razonadamente. Los que me conocéis ya sabéis que a mí me va la marcha y debo confesar que yo me niego a seguir el patrón ese que dice que “las cosas se deben hacer de esta manera porque los demás si no….”. No. Prefiero ser fiel a mí misma con todo mi corazón, que seguir sieeeeeempre a la razón. De ser así, creo que me hubiera aburrido ya y me hubiera perdido muchas cosas.

Mi intuición me dice que hasta aquí. La semana que viene más.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: