24: Gracias, Sachsenring

Esta mañana Facebook me recordaba que en 2013 estaba vendiendo merchandising de MotoGP en Sachsenring. Siempre lo he dicho, Sachsenring para mí significa mucho. Más allá de lo deportivo y lo estrictamente profesional, es mi Gran Premio talismán. Ahora, en julio de 2017 y estando de vacaciones y algo “desconectada” (remarco el algo, -solo-), he intentado ver desde fuera todo lo que me ha ocurrido desde 2013, hasta ahora. Acojonante. Además, el número de esta entrada coincide con mi edad y por eso, igual que los pilotos y los fabricantes, ha llegado el momento de hacer balance.

El trazado alemán fue el primero de los europeos que pisé, tras Montmeló. En aquel momento la gran familia jerezana me ofreció empezar a trabajar con ellos de circuito en circuito porque hablaba varios idiomas y tenía mucho morro vendiendo cuando hacía falta. Si Sachsenring 2013 fue el punto de inicio de mis andaduras con el merch,  Sachsenring 2014 fue la última vez que me dediqué a ello. En esa época compaginé tercero y cuarto de carrera con los Grandes Premios e iba de aquí para allá más feliz que una perdiz por los circuitos. Ahí me di cuenta de que mi vocación era la que había sido siempre: el periodismo de motor. Era eso a lo que quería dedicarme, sí o sí, aunque debo decir que antes de empezar a viajar, no tenía muy claro qué quería hacer con mi vida. Sabía que quería ser periodista, pero lo veía todo más complicado. Supongo que de alguna manera el “universo me fue enviando señales” y siempre he dicho que me gusta pensar que “todo pasa por algo”. Pequeños detalles fueron encajando cual puzzle de 1000 piezas y ahí empezó todo. Gracias a ese trabajo pude pagarme el Máster de Periodismo Deportivo. Después de atracar a Ernest Riveras en Jerez 2014 tras un largo día al solecito vendiendo, en Sachsenring 2015 tuvo lugar mi debut como intérprete. Qué miedito pasé, qué subidón, qué adrenalina, qué nervios, qué tensión, qué pasada. De nuevo, Sachsenring jugaba un papel importante y esta vez, súper decisivo.

No recuerdo si Sachsenring 2016 fue especial, pero seguro que hubo alguna traducción bonita o tal vez alguna entrevista que me hiciera especial ilusión solo por estar en ese Gran Premio, por el mero hecho de ser mi punto de inflexión año tras año. En la edición de 2017 no ha pasado nada fuera de lo común, pero sí que me ha servido para analizar a conciencia el paso del tiempo. Desde que estoy en Movistar, los días pasan volando y yo voy a rebufo de todo lo que ocurre. No lo cambiaría por nada del mundo, absolutamente por nada y por eso solo puedo decir GRACIAS. Tener actitud de agradecimiento con todo lo que va viniendo me parece uno de los básicos para tener empuje y ganas cada mañana para seguir adelante. En lugar de lamentarnos y quejarnos por lo que no tenemos, a veces no está de más detenerse un momento y pensar en todo lo bueno y positivo que nos rodea. Y es que al final, aunque mal de muchos, consuelo de tontos, siempre podríamos estar peor (creo). Cambiar el enfoque hacia un planteamiento más receptivo puede transformar el encabronamiento diario (sí, sí, todos nos encabronamos por culpa de lo que sea en algún momento) en tranquilidad o serenidad. Mejor agradecer que maldecir y menospreciar. Mejor aceptar que pedir y mejor aprender a vivir con lo que tenemos, en lugar de entrar en bucle y caer en la infelicidad eterna. Y ojo, lo dice una que siempre quiere más y más y más y más (de mí misma), una que ahora confiesa que se aburre rápido de casi todo y que casi nunca tiene suficiente (de esto ya hablamos otro día).

Así que a mis 24 años, practicando la interpretación desde hace 2 y viviendo en paz  desde hace 8 meses, doy las gracias por todo lo que he vivido hasta ahora, por los que me han apoyado desde el principio y por los que no, venga, también os doy las gracias a vosotros, amiguis, que seguramente me habréis hecho más fuerte con vuestras negativas. Gracias a los que han estado ahí desde siempre y los que han empezado a estarlo hace un tiempo, a los que me aportan cosas buenas a diario, a los que me hacen reír y llorar y a los que me hacen reflexionar. A los que me han visto crecer, caerme y levantarme. Y a los que me leéis y me escucháis y de vez en cuando me comentáis, a los que me enviáis e-mails bonitos con palabras más bonitas todavía. No sabéis lo afortunada que me siento. Sin más y sin menos. G-r-a-c-i-a-s.

 

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