23: El poder de la comunicación

Existen mil formas de comunicarnos con los demás: a través de una mirada, de un gesto, mediante la palabra, con algún movimiento… Y pese a disponer de una infinidad de recursos para establecer ese vínculo que se encarga de transmitir un mensaje entre emisor y receptor, en muchas ocasiones patinamos y el mensaje se trunca por el camino. Falta de expresión quizás, abuso de comprensión tal vez. O al revés.

No sé si fue a finales de 2016 o a principios de esta temporada, en un reportaje sobre Jorge Lorenzo, Juanito Llansà explicaba que cuando Jorge llegó al Mundial, no sabía explicar del todo cómo se sentía al bajarse de la moto. Que le costaba expresar con exactitud en qué punto fallaba o en cuál le salían bien las cosas. Todo proceso tiene su aprendizaje y aprender a comunicarse también lleva su tiempo. Cualquier piloto del Mundial necesita tener muy buena comunicación con su equipo para mejorar y cambiar lo que haga falta en este, o aquel circuito. En el momento en el que ese traspaso de información falla, ya sea en el envío o en la recepción, todo se puede ir a pique.

Creo que el ser humano está mal acostumbrado y peor condicionado. Sin saber cómo o por qué, es súper fácil echar la vista atrás a nuestra propia vida y ver que 1,2, y 500 veces nos hemos dejado llevar por los demás, por el miedo o la vergüenza y no hemos dicho lo que pensamos, no hemos transmitido lo que realmente nuestra mente deseaba en X situación. Y eso, como todo, pasa factura. El maldito “qué dirán”. ¿Cuántas veces hemos querido gritar a los cuatro vientos algo y no hemos llegado ni a susurrarlo? Como decía, si la respuesta a esa pregunta es “mogollón”, “unas cuantas veces” o simplemente “alguna vez”, tenemos un problema que curiosamente desencadena en más problemas si no le ponemos solución.

Por lo que yo he vivido hasta ahora (24 años y medio, justo hoy), se llega mucho más lejos siendo honesto. Primero, con uno mismo y luego con los demás. La asertividad: la expresión de una opinión de manera firme. Vale ya de hacerle la cama al resto, vale ya de sonreír como si quisiéramos enseñarle al mundo que nuestra dentadura es la más blanca del universo y vale ya de bailar el agua en pantanos secos. Eso ya está pasado de moda. Comunicarse no solo se trata de dar una información, una opinión o expresar un desacuerdo; no, también consiste en asegurarse de que el que reciba ese dato, lo reciba tal y como tú tienes intención de hacerlo porque si no, el bucle que se genera es un tormento. ¿Y cómo hacerlo? No hace falta romperse la cabeza, tan solo basta con medir un poco las palabras y las formas para no hacer daño a nadie y explicar tal y como nos sentimos en ese momento. Es como “expulsar” los pensamientos, pero de manera elegante y clara, sin dar lugar a las ambigüedades. ¡Ay las ambigüedades! Odio los dobles sentidos y me duele en el alma tener que jugar a las adivinanzas. Creo que por eso cuando escribo uso bastantes paréntesis, para dejar siempre claro cualquier cosa que yo crea que puede dar lugar a confusión. Eso me lleva loca. No me gusta que nadie me malinterprete.

La mente respira mucho más tranquila cuando se tiene la certeza de haber cumplido con la función de la comunicación. Es mucho más satisfactorio y enriquecedor decir A cuando es A, y B cuando es B. Y si no, no digas nada, que igual no es necesario. Los silencios también comunican. En las relaciones humanas, en cualquier ámbito, dejar claras las cosas debería ser asignatura obligatoria. Luego ya cada uno elige si miente, si dice la verdad o si juega al despiste. Cada uno es libre de hacer lo que le dé la gana, pero me parece tan bonito y tan placentero hablar y que la comprensión sea mutua, que creo que nos estamos complicando la vida. Gracias a una comunicación sana y sincera es mucho más sencillo llevar a cabo cualquier tarea, es más agradable fortalecer el vínculo de personas a tu alrededor y se vive mejor con uno mismo. No hay tiempo que perder en realidad, así que mejor invertirlo en algo que nos dé beneficios, en vez de disgustos a corto, o largo plazo.

¡Por cierto, un día como hoy, en 2015, debuté como intérprete! Romano Albesiano, contigo empezó todo.

Un comentario sobre “23: El poder de la comunicación

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  1. Que bien explicado, un poder que mucha gente ni se imagina lo que puede llegar a hacer o por degracia deshacer…. Esta es una de las que me recomensdaste!! gracias!! es muy buena.

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