22: Pilares fundamentales

Cuando algo nace de la voluntad de hacer las cosas bien, hay que contar con una buena base, con unos cimientos que sostengan aquello que se desea conseguir. Lo de siempre: que la casa no se empieza por el tejado y que a partir de la superficie se forja lo demás. Dicha base debe ser sólida, no debe dar lugar a ningún tipo de tambaleo porque si se derrumba hay que volver a empezar y eso provoca que el proceso de construcción sea más lento. Un gran piloto necesita una moto a la altura para brillar y no solo eso: un equipo humano a sus espaldas que responda del mismo modo. Solo cuando todo está en sintonía, el resultado es brillante.

El factor humano es clave en cualquier intervención. Rodearte de las personas adecuadas suele depender de ti si tienes la habilidad para saber detectar quiénes son y descartar (o apartar) a las que no. Muchas veces, ocurre que alguien aparece en nuestra vida con una función específica: se trata personas que están de paso en nuestro camino, su periodicidad suele caducar, pero aun así aprenderás algo de ellas. Da igual si es bueno o malo, el aprendizaje no te lo quitará nadie. En el momento en el que hayan cumplido con su misión, el vínculo se irá apagando. Pero también están las personas que llevan toda la vida ahí, las que te acompañan sin soltarte de la mano, cueste lo que cueste. Te tocan o las eliges tú, pero no se marchan de tu lado (a priori) y me atrevo a decir que se convierten en tu punto de apoyo. Yo tengo la suerte de contar con tres pilares fundamentales.

A1 es el eterno soñador o así me gusta definirlo a mí. Transmite tranquilidad y paz, no suele alzar la voz y tiene carácter, pero es tierno, romántico y sabio, tiene paciencia y jamás se le apaga el brillo de los ojos. Rendirse nunca entró en su esquema mental y luchar hasta el final podría ser su tercer apellido. A él le debo ser tan terca y obstinada en lo que realmente quiero. es fuerte, guerrera como ninguna y altruista como ella sola, tiene más cojones que un ejército de 13890182391092 soldados y mataría por sus cachorros. Su carisma y su personalidad siempre dejan huella. Es la capitana de nuestro barco, aunque con ella, ni el Titanic se hubiera hundido. A ella le debo ser una mujer fuerte y valiente. A2 es alegría y energía, corazón y razón. Paciente y tranquilo, se altera lo justo y emana dulzura. A mí me devuelve a la tierra cuando me desespero, me hace ver la luz cuando me encierro en algo sin sentido. Ellos son mi padre, mi madre y mi hermano, mis tres súper pilares.

Volvemos al principio: nada se construye así, sin más. En mi caso, desde niña conté con unos padres que me impulsaron a hacer siempre lo que sintiera, a ser consecuente y coherente con mis acciones y a perseguir mis objetivos. Me enseñaron que las cosas te las tienes que currar, que esto o aquello no te caerá del cielo como por arte de magia y que todo esfuerzo tiene su recompensa. Llegado el momento, jamás me dijeron “no estudies esto porque no tiene salida”, “estudia no se qué, que te irá mejor”. Nunca. Tanto el mercado de la interpretación, como el del periodismo no atraviesan su mejor momento y aun así yo no lo dudé. Ellos me decían “si quieres algo, ve hasta el final, no hay nada que no puedas conseguir, cree en ello y no te rindas”. Recuerdo tener 13 años y querer ser periodista de la Fórmula 1. Mi madre corría (literal, haciendo sprint) conmigo por el pit lane del circuito de Barcelona para estar en primera fila y hacerme una foto con Fernando Alonso. Sin importar las horas al sol esperando. Mi padre se levantaba a las 5 de la mañana y juntos abríamos el circuito para no perdernos nada del domingo de carreras. Ahora tengo 24 y no me puedo quejar de cómo han ido las cosas hasta ahora (no cambio las motos por NADA en este momento). Por circunstancias de la vida, incluso cuando más difícil parecía, cuando todo se nos escapaban de las manos y no sabíamos por dónde resurgiríamos, confiaron en mí. Siempre sacando lo positivo y nunca dejando que lo negativo se apoderara de nada. Dando valor a lo que verdaderamente importaba y siguiendo hacia adelante, sin mirar atrás. Y A2… A2 es un regalo caído del cielo, el regalo “que yo pedí” (él sabe por qué digo esto). A2, siendo 6 años más joven que yo me ha hecho ver la realidad de muchas cosas, sobre todo en los últimos años. La edad es un número, él sabe ver lo que de verdad importa cuando todo se complica y eso ha sido de gran ayuda. Muchas veces me he sentido yo la hermana pequeña. Creo que es el único que aguanta mis tambaleos hasta eliminarlos, hasta hacer que la estructura vuelva a ser sólida.

Y ahora os preguntaréis: ¿por qué Irene se pone tan sentimental? Porque me entristece mucho cuando un padre, un tutor o quien sea le corta las alas a un niño. No soy madre y no puedo hablar de lo que no sé, pero si algún día lo soy, tengo muy claro que no limitaré sus ganas, ni su pasión y que haré lo mismo que hicieron conmigo: apoyarme y ayudarme. Ellos lo dieron todo y renunciaron a muchas cosas para que A2 y yo pudiéramos tener las oportunidades que ellos no tuvieron. Y no hay día que no lo piense. Sin ellos, nada.

Al final, cuando uno descubre algo que le nace de dentro, el mero hecho de no dar ni la oportunidad a que lo intente, es arrebatarle una parte de él mismo. Me gusta pensar que todos venimos a este mundo con una misión, que tenemos un rinconcito que nos pertenece y eso hay que descubrirlo. Los pilares son imprescindibles para que se construya algo con firmeza y juegan un papel fundamental hasta que llega ese descubrimiento. Yo solo puedo decir GRACIAS a A1, M y A2 por haberme dado la base más fuerte del mundo mundial.

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