20: Acabar la carrera

Lo oímos mucho durante los fines de semana de carreras: “hay que acabar la carrera…”, “sobre todo, acabar la carrera…”, “muy importante que acabe la carrera…” y es que todos los pilotos saben que más allá de luchar por el podio o la victoria, hay que acabar las carreras. Cada uno con sus opciones y con su moto, cada uno con su estrategia y sus neumáticos, pero todos saben que es vital no caerse y acabar.

Suelo reflexionar mucho en el coche. Pese a vivir sola y pasar muchas horas “conmigo misma”, cuando conduzco es cuando más pienso y reflexiono. Hace un rato, mientras llegaba a casa pensaba en los paralelismos entre una carrera de MotoGP y la importancia de lograr un objetivo o acabar algo que un día te propusiste empezar, el tema sobre el que me apetece escribir hoy. Tanto en el plano personal como en el laboral, soy muy estricta/exigente y suelo seguir ciertos pasos (que los repito hasta el hastío) para conseguir el resultado que quiero obtener. Cada uno hace las cosas a su manera y todos tenemos la libertad para hacer lo que nos dé la real gana, pero a veces, cuando algo no nos acaba de salir bien es importante averiguar si no nos estamos desviando, si realmente nos estamos dirigiendo hacia la dirección adecuada.

Cuando nos marcamos un objetivo, ponerse manos a la obra suele costar. Es como salir a pista con el depósito lleno: la moto pesa más y en la salida todo el mundo quiere hacerse un hueco para adelantar. No es fácil, corres el riesgo de caerte y quizás alguien te impida seguir hacia adelante. En la vida pasa igual. Cuando algo te importa de verdad, empezar a caminar puede ser algo tedioso, aparecen las trabas y sortearlas no es coser y cantar. Para que esto no me pase, yo acostumbro a usar un millón de listas, aunque tarde mucho en cumplirlas. En ellas me apunto absolutamente todo lo que quiero o tengo que hacer y voy tachando. Y eh, la satisfacción de ir eliminando cosas pendientes es brutal. A partir de aquí, digamos que mi objetivo tiene ciertas etapas, o determinadas vueltas.

Una vez nos hemos puesto en marcha y empezamos a tachar cosas y a dar vueltas, llegamos a mitad de carrera. En esta fase se pierde un poco el ímpetu del principio, queda lo mismo que hemos recorrido, pero estamos más cansados, tal vez no estamos exactamente en la posición que quisiéramos y encima nos lamentamos: “tendría que haber hecho esto antes”, “aquí me he dejado llevar muy rápido”, “aquí me he precipitado…”. Hoy lo decía Valentino Rossi, comentar o decir algo a toro pasado es muy sencillo, pero en el momento, todos actuamos tal y como nos nace, de la mejor manera que sabemos y podemos. Llegados a este punto es cuando no hay que abandonar. Aquí es obligatorio seguir hacia adelante con las mismas ganas, con más paciencia y con otro tipo de motivación: la de acabar, cueste lo que cueste. Importantísimo tener la mente clara y alejar los pensamientos negativos. Nada de dudar de uno mismo y nada de flaquear que si no, nos adelantan y habrá que volver a empezar.

2 vueltas para el final. Lo peor ya ha pasado, esto es un abrir y cerrar de ojos y hay que vigilar con el desgaste de nuestros neumáticos. En este caso serían la ansiedad, la desesperación, la emoción por conseguir algo o la alegría de saber que nuestro propósito está a punto de cumplirse. Esta mezcla de sensaciones y sentimientos nos pueden jugar una mala pasada y por eso hay que mantener los pies en la tierra, porque todo puede pasar. Sea cual sea nuestro objetivo, hay que dar un pasito más, hay que sacar fuerzas de donde no las haya; aunque haga mucho calor en pista o esté cayendo un buen chaparrón. Paciencia, que sí, que todo llega. Si depende solo de nosotros, si no hay piloto alguno que nos impida hacerlo, si las condiciones son favorables y el exterior nos acompaña, llegaremos a meta.

Last lap, last corner. Y meta. Llegamos. Lo hemos conseguido. Da igual cómo y en qué posición. No todos tenemos las mismas opciones, ni las mismas oportunidades. Pero si ha dependido solo de nosotros, objetivo cumplido. Habrás tardado más o menos tiempo, te habrá costado lo tuyo o quizás haya sido un paseo, pero ahí lo tienes. Me da igual el qué. Algo que te importaba, cualquier cosa que tenías muchas ganas de hacer o ese amor que con tanta paciencia esperabas. Lo tienes. Para ti. Sensación orgásmica. Has acabado tu carrera. No te has caído, no has abandonado, dependía solo de ti y por eso lo has logrado.

No me sirven las cosas a medias. Hasta donde sé y por lo que he vivido en estos 24 años, las cosas o se hacen bien, o no se hacen. Te podrán salir mal, sí, pero lo habrás hecho bien, sin hacer daño a nadie y sin hacer trampas. Alguien muy importante para mí suele recordarme que en determinados momentos “cuesta más hacerlo bien, que ir a lo fácil y no hacerlo como toca, pero la sensación entre hacerlo de una manera o la otra, no tiene punto de comparación”. Yo de momento, creo que tiene razón y no concibo “pasarme al lado oscuro”. Llegar a tu meta es como tocar el cielo y ojalá yo esté mucho tiempo entre las nubes.

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