19: Adiós, goodbye, adéu, au revoir, ciao, tschüs

Esta semana hemos tenido que decir adiós para siempre a Nicky Hayden. Hace un año tuvimos que hacer lo mismo con Luis Salom. Muy a mi pesar esta semana no puedo hablar de otra cosa y es que decir adiós a alguien para siempre es muy doloroso. En ocasiones te preparas para ello cuando sabes que va a ocurrir, pero ni por esas sientes alivio. Está claro que nunca es buen momento para decir adiós de manera definitiva. Por lo que llevo vivido en 2017, cuando tienes que despedirte por obligación, cuando la vida te cambia por completo y a la fuerza te despides de alguien sabiendo que no volverá, da igual lo que hagas, sientas o pienses. Esa sensación no te la quita nada, ni nadie. Da igual cómo te enfrentes a ello, da igual que llores o patalees, da igual que te conviertas en la más dura de las rocas, da igual que evites el tema. El dolor está ahí cada día; te asalta en cuanto te levantas y te advierte de su presencia cuando te vas a dormir. “El tiempo” lo cura todo (dicen). Pues nada, que siga pasando el tiempo.

Dejando a un lado lo personal, en lo laboral me sigue sobrecogiendo más de lo que jamás hubiera creído. La suma de varias experiencias me ha llevado a pensar que realmente sí, que cuando nos toca, nos toca. Y no hay más. Puedes cuidarte todo lo que quieras, puedes evitar todos los peligros del mundo y quizás incluso dejes de hacer cosas “por si pasa algo”. Genial, hagámoslo, pero aun así, el día que llegue el momento, no habrá nada que lo esquive. ¿Y qué podemos hacer mientras? Bajo mi punto de vista, vivir por y para nosotros (sin hacer daño a nadie). Si alguien me ha leído más de una vez, ya tendrá alguna idea de lo que pienso o de cómo intento vivir mi vida y por eso vamos a profundizar un poquito más en decir adiós. Concretamente, en saber decir adiós cuando no es por obligación, ni cuando tiene que ser para siempre (eso ya… depende de cada uno).

Ocurre. Saltan las alarmas. Quizás no te das cuenta de lo que está pasando, pero sabes que algo va mal. Es posible que alguien mayor te esté dando alguna pista y sigamos sin querer darle realidad, pero eso está ahí: un día tu cuerpo te dice que “ha llegado la hora de decir hasta la vista”. En determinadas situaciones tenemos tendencia a tropezar 489023840923 millones de veces con la misma piedra, a no saber transformar en palabras y argumentos claros lo que nuestra cabeza nos lleva susurrando durante días, semanas e incluso meses. A mí me gusta compararlo con un tsunami lento de cojones (ante todo hay que ser correcta y por eso lo tacho). Nuestra mente nos informa de que el tsunami está llegando, de que esa ola en cualquier momento nos va a alcanzar y de que por mucho que lo intentemos, por mucho que queramos escapar, nos va a arrasar igualmente. Ese tsunami puede tardar meses en pillarte. Si tienes suerte, mejor que te pille rapidito, que salgas a la superficie pronto y no agonices demasiado en el momento álgido. A buen entendedor, pocas palabras bastan. 

Nuestro cuerpo es más sabio que nuestra mente porque no nos engaña. Si lo escuchamos con profundidad, sabemos lo que necesitamos/queremos/deseamos/nos conviene mucho antes de que la mente se de por aludida de manera real. Y es que aunque la capacidad de razonar sea una auténtica pasada, esa misma capacidad es experta en jugar al despiste. En este caso, juega al despiste cuando el corazón interviene. Qué bonito es pensar con el corazón cuando las cosas van bien y qué angustia seguir haciéndolo cuando todo se empieza a torcer. Por eso, aunque cueste horrores y no queramos aceptarlo, es mejor decir adiós en cuanto vemos que algún día “llegará el tsunami”. Mejor coger el toro por los cuernos y plantarle cara a la verdad lo antes posible… Mejor rematar la faena sin dar lugar a mareos innecesarios. Solo de esta manera (bajo mi criterio) alargaremos lo bueno y reduciremos lo malo. Diciendo adiós a tiempo cerramos capítulos que hubieran acabado peor, desgastados, con las páginas rotas y rasgadas. Aprender a aceptar que hay que despedirse forma parte de seguir caminando, de mirar  hacia el futuro sin dar un paso atrás. Pase lo que pase, la vista puesta en lo que viene después, en lo que está por llegar. Porque al final llegará un día en el que alguien tendrá que decirnos adiós a nosotros para siempre. Y como no tenemos ni idea de cuándo sucederá porque no depende de nosotros, no estaría de más decir adiós cuando toca y seguir con lo que sí que depende de nosotros: vivir nuestra vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: