16: Fretta

Fretta significa ‘prisa’ en italiano y para mí es un término bonito. Sin embargo, tendréis que leer un poco más para saber por qué se llama así la entrada de hoy. Esta tarde, tras la rueda de prensa, Jorge Lorenzo ha estado en nuestro plató. Con motivo de su 30 cumpleaños, en Movistar le hemos querido enseñar el video que su equipo había preparado para este día. Para los que no hayáis tenido la oportunidad de verlo, en dicho video aparecían tanto miembros de Ducati, como personas del paddock deseándole feliz cumpleaños y Jorge ha llorado de alegría. Me ha parecido un momentazo; se me ha puesto la piel de gallina al observar su rostro tranquilo, con los ojos brillantes y una gran sonrisa que no se apagaba en ningún momento. (También puede ser que yo esté muy sensible y me haya “llegado más”). Esta vez Jorge no lloraba por ser Campeón del Mundo, esta vez las lágrimas de alegría tenían origen en los mensajes de todas las personas que aparecían en el video.

Poco antes de eso, Izaskun Ruiz ha entrevistado a Gigi Dall’Igna en italiano y yo iba interpretando sus palabras. En esta ocasión mi trabajo me ha hecho un regalo (y de ahí la reflexión de hoy) porque mientras escuchaba a Dall’Igna, lo interpretaba al español y seguía con el proceso una y otra vez, mi cerebro se ha desviado un pelín hacia lo que oía de fondo: el retorno de mi voz en el plató de Movistar. A través de los auriculares de mi micro, oía cómo “se me escuchaba” en Jerez, en el audio del programa de allí, en voz alta. ¡Qué sensación! Lorenzo estaba atento a las palabras de Dall’Igna y a pesar de que está claro que el piloto no necesita traducción del italiano, he sentido una gran satisfacción solo de pensar que me estaba escuchando. A Jorge le he entrevistado un par de veces y aún así, analizaba la situación y pensaba: “wow, un Campeón del Mundo, desde plató, escucha una voz femenina y esa voz es la mía”. A algunos os parecerá una tontería, pero estas pildoritas atípicas, como las traducciones bonitas, son las que hacen que todo valga la pena.

No nos damos cuenta. Muchos vivimos con la prisa como protagonista del día a día. Prisa por llegar al trabajo, por salir de él, por ir a hacer X cosas, por ver a X personas, prisa por tenerlo todo YA. Y cómo fastidia el tiempo de descuento, el “aaaaaay que no llego!!!!!!!”. (Aunque también “pone”, ¿eh?) Pensamos, planificamos, actuamos y vuelta a empezar.  Eso está muy bien y yo me rijo bajo esas normas, pero a veces hay que detenerse y observar a nuestro alrededor. ¿Cuántas cosas buenas nos pasan a lo largo del día? ¿Cuántas personas nos dedican su tiempo y se preocupan por nosotros? ¿Cuántas cosas nos aportan energía para seguir adelante? Pues un montón como respuesta universal a esas tres preguntas. En mi caso, detalles como el de hoy pasan inadvertidos algunas veces y es una auténtica lástima. ¡Y eso que a mí no se me escapa una!

Pero hay algo que también es muy importante: el sentirse agradecido. Es fácil: te sientas, respiras hondo y piensas en todo lo bueno que tienes, en las cosas que te hacen reír y sonreír y en lo triste que sería si todo eso tan estupendo que nos viene a la mente, no ocurriera. Lo que pasa es que la prisa y las quejas van de la mano y a lo largo de un día, o se tiene la gran capacidad de tener siempre clar que es mejor agradecer que desmerecer, o la cabeza se te va a las quejas. Básicamente, es más fácil y más cómodo. Ahí es cuando empezamos a entrar en bucle hasta perder el norte de lo que realmente importa.

Qué bonito cuando algo te llena, te hace sonreír o hace que te brillen los ojos (no me refiero solo al trabajo, hay mil cosas que te pueden hacer sentir así). Es indescriptible. Puesto que yo también voy con prisas, hay algo que también había pasado por alto y que nuevamente me hace sentir súper satisfecha. En algunas publicaciones online reconozco titulares o declaraciones en referencia a pilotos y son palabras mías exactas, fragmentos de ruedas de prensa. De ahí deduzco que quienes lo hacen confían en mi traducción y ahí ya sí que exploto de alegría. Yo suelo pensar que “no me escucha nadie y nadie sabe quién soy” porque supongo que me da más tranquilidad, me pone menos presión. Gracias, gracias y un millón de gracias. A los que me leéis y escucháis, gracias. Hoy  me estoy quitando el escudo protector y lo único que puedo decir es que me siento la más afortunada del mundo. Grazie a tutti. Estos últimos meses están siendo la caña a nivel laboral.

Turno para las FP’s…..

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