Escuchar-traducir-hablar y no dejar de hacerlo durante X minutos es algo complejo e inmediato, el momento en el que empiezas te impide volver atrás y requiere de una concentración inhumana. Debo reconocer que mi cabeza suele estar siempre pensando 839419231092 cosas y ser capaz de poder centrarme en una sola en cabina me sorprende incluso a mí. O quizás por eso, por tener la facilidad de pensar muchísimo, logro interpretar sin parar, puesto que es una acción en la que intervienen otras 4 acciones a la vez. El margen de corrección prácticamente es inexistente y la capacidad de reacción debe ser enorme.

Ernest Riveras tenía razón, los deportes (o en este caso MotoGP) requieren de un traductor-intérprete que cuando ponga voz a los protagonistas, “sepa de qué va la cosa”. Teniendo en cuenta que jamás he querido ser intérprete simultánea (como ya he escrito muchas veces), en algunas peculiaridades me he guiado por mi instinto, sin más. Por ese motivo, afirmo que me salto la norma, que no sigo a rajatabla lo que aprendí en la facultad porque bajo mi criterio, no funcionaría igual y estoy viendo que “saltarme el decálogo” tiene mejores resultados. Vuelvo a incidir en el hecho de que nunca había hecho interpretación simultánea, ni en la carrera, solo alguna clase teórica, pero 0 clases prácticas y en el fondo eso me ha ido mejor (aunque suene paradójico). Me gradué en 2014 y en 2015 salté al vacío en Movistar MotoGP. Al final resulta que salió bien. Y ahora, en 2017, enumero mis normas de cabina, solo válidas, quizás, para MotoGP.

  1. Traducir vertiginosamente. Me encanta. La norma dice que no, que hay que interpretar el mensaje con mucha calma y que siempre se pierden matices, que un intérprete debe hacer llegar el global con frases más cortas. No estoy de acuerdo. Si se puede traducir todo, mejor que mejor. Si da tiempo y se vocaliza, al final acabas diciendo exactamente lo que en este caso el piloto ha dicho.
  2. Regla del 98%, en lugar del 70%. Unida a la norma anterior. Según las reglas, el intérprete debe parafrasear el mensaje original. No. Nada. Con velocidad y claridad da tiempo. Por eso, yo intento transmitir siempre el 98% de lo que escucho. Esa norma también dice que hay que dejar las pausas, que no hay que llenarlas. En mi caso, a veces me va bien para “respirar” y en otros, no. Según vea. El lenguaje me ofrece la posibilidad de decir un “la verdad es que sí” a un “I think yes” (al estilo Dovi, por ejemplo) y así ocupo más espacio sin dar lugar a silencios. El discurso acaba quedando completo.
  3. Estar informado sobre la vida de las voces. Recuerdo una clase teórica en la que una profesora dijo que no se podía tener contacto con la persona a la que debías interpretar, que eso podía afectar a tu trabajo. No estoy de acuerdo. En MotoGP creo que es súper importante estar informado de absolutamente todo para llegar allí donde la tecnología a veces no lo hace. Cuando hay motos en pista, por ejemplo, en muchas ocasiones no oigo nada. Si Meregalli está hablando de la posición en la que ha quedado Valentino Rossi en la FP1 y justo en el momento en el que lo dice, pasa una moto de fondo y no se oye, yo tengo la certeza de cómo lo ha hecho Vale en ese entrenamiento y puedo “arriesgarme” a decirlo. Esto no siempre es posible y suelen ser momentos puntuales en los que tengo muy claro que me la puedo jugar, pero el tener contacto con el mundo en el que interpretas es 100% positivo. Según la norma, tampoco podría conocer jamás en persona a ninguno de ellos. Esta norma me la seguiré saltando siempre.
  4. Buscar sinónimos y embellecer el mensaje. Esta es una de mis favoritas. Se supone que yo no debería buscar jamás ningún sinónimo y debería ser muy estricta… Pero no. Si un piloto dice en 20 segundos, dos o tres veces, “I’m very happy”, yo intentaré decir que está contento, feliz, satisfecho. Al fin y al cabo, mi trabajo también es llegar a los espectadores y conseguir que la gente se enganche a mi traducción. Si logro que las frases sean más “bonitas”, supongo que acaba gustando más. Y todo esto, lo pienso sobre la marcha.
  5. La mayoría de las veces, ignoro mi voz. Últimamente no lo hago tanto, pero en general, sobre todo cuando hay motos en pista y las entrevistas no se oyen, reviento el volumen de los auriculares para poder oír bien. Eso me permite sacar traducciones de momentos imposibles y por ende, implica que no pueda oír mi voz. Tengo cierta confianza en lo que digo y tiro millas. Sin más. La norma dice que no debería tener los dos auriculares puestos, sino uno solo para oír mi voz e ir comparando.
  6. También interpreto lo que oigo a medias. No solo ocurre con las motos en pista, sino en rueda de prensa por el audio del micro o cuando un piloto habla de determinada forma. Si hay algo que quizás me crea duda, o bien generalizo (importantísimo para no cometer errores gigantes), o bien me limito a “expulsar la frase”. Los errores de interpretación se crucifican rapidísimo y no quiero llegar a ese punto (aunque sé que algún día pasará). Las reglas dicen que de eso, nanai, que nunca hay que mojarse.
  7. Ponerse en la piel. Mi favorita, ya lo dije una vez. Si el piloto o el técnico está contento, yo también y así lo interpreto. Si están tristes, pues tono más suave y tranquilo. Si están indecisos, fruto de la emoción tras una victoria y no saben qué decir… Pues titubeo, como ellos. Siempre, siempre, me meto en la piel de todos esos hombres a los que pongo voz. La norma dice que no, que eso sería subjetividad. A mí me funciona y es una de “mis normas” más potentes. Este deporte se sigue semana tras semana y mi intención es que los espectadores acaben “queriendo” la traducción. Soy consciente de que la simultánea a veces es muy criticada y el hecho de que alguien intente transmitir los mismos sentimientos que los pilotos… Es súper importante. Por eso lo hago así. Además, creo que me sale de dentro porque me encanta (y según la norma, tampoco debería encantarme tanto esto…)

Y hasta aquí. Creo que no me dejo ninguna. Suelo escuchar música motivadora antes del inicio de cada directo, siempre estoy en constante búsqueda de terminología específica y me preparo todos los datos que pueda para que mi capacidad de reacción sea mayor cuando mis oídos o mi cerebro no lleguen a escuchar/entender bien algo. No me gusta que la puerta externa del locutorio esté abierta y pido que nadie se asome a la cabina cuando estoy en directo. Acostumbro a usar siempre la misma posición del micro, mantengo la misma postura y la misma perspectiva al mirar a pantalla y cada vez más, traduzco con los ojos cerrados; eso ayuda a que me concentre más en según qué preguntas, especialmente cuando hablan de cosas muy técnicas. Si no, no. Porque recordad que si ellos se ríen… Yo también y tengo que verles la cara y las expresiones.

Un día hablaré de la interpretación de japoneses hablando en inglés; “una maravilla”.

Seguimos rodando…